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Nindirí: progreso los deja partidos

* La muerte acecha a diario a los habitantes del reparto “Roberto Lara” * Desde que rediseñaron la carretera Masaya-Managua están aislados

Masaya
La muerte de dos niños y dos adolescentes, y la cantidad incalculable de lesionados a causa de accidentes de tránsito en el pequeño tramo de carretera situado entre el cementerio de Nindirí y la gasolinera de este mismo municipio, está llevando a los habitantes del reparto “Roberto Lara” a tomar acciones más enérgicas: partir la carretera en dos para evitar el tránsito vehicular, y obligar a las autoridades municipales y de tránsito a construir cuatro reductores de velocidad que ayuden a evitar más desgracias.
Según don Agustín Cruz, líder del Comité de Desarrollo Municipal del reparto “Roberto Lara”, de Nindirí, la muerte de niños y jóvenes se ocasiona de forma más frecuente desde que el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI) rediseñó la carretera Masaya-Managua, “permitiendo de forma abusiva que los conductores desarrollen velocidades de hasta 80 kilómetros por hora en una de las zonas más transitadas de esta ciudad”.
Como alternativa para la población que circula por ese lugar, el MTI construyó un puente peatonal, el que según los vecinos de ese populoso reparto, sólo ha servido para la instalación de publicidad de grandes empresas comerciales.
400 familias aisladas
Los lugareños, con una pequeña demostración, justificaron sus preocupaciones. Resulta que la ciudad de Nindirí quedó partida en dos desde que rediseñaron la carretera internacional, dejando aisladas a 400 familias del reparto “Roberto Lara”, unas 1,500 personas, entre ellas 400 niños y niñas en edad escolar, los que tienen que cruzar la carretera de doble vía para ir a la escuela, situada del otro lado.
Cuando fallece una persona en este reparto, el sepelio es toda una odisea, explicó don Agustín, por cuanto el féretro hace su recorrido hasta la carretera en el carro fúnebre, luego detienen el tránsito vehicular, y cargan en hombros al difunto para pasar el bulevar.
Mientras tanto, el carro fúnebre se desplaza hasta la gasolinera, da la vuelta en “U” y lo cargan del otro lado de la pista, detienen el tráfico de la otra vía y lo vuelven a subir al carro fúnebre para hacer más rápido el trasladado al cementerio, el que está situado junto a la carretera.
Penurias de estudiantes
Esta misma situación padecen los niños que van a la escuela o al instituto de Nindirí, puesto que la misma les queda a dos cuadras del reparto “Roberto Lara”, pero como la carretera los divide y el tráfico vehicular de la mañana es denso, los padres tienen que salir a horas tempranas de la mañana “y jugar macho parado con sus hijos de la mano” para evitar un accidente de tránsito.
Al ser interrogado don Agustín, sobre el porqué no usan el puente peatonal para evitar tragedias, éste respondió que para escalarlo se necesita estar en buenas condiciones físicas. “Yo peso más de 300 libras, y con el tercer escalón que suba ya llevo taquicardia”, explicó.
La misma situación comentó doña Juanita, una anciana de 70 años, que acostumbra ir los jueves y domingos a misa a la Iglesia Santa Ana, pero que debido a esta misma situación ya no acude a sus encuentros religiosos.
Muertos a cada rato
El último muerto por accidente de tránsito fue el 24 de abril de este año, fue Berman Eliécer García Ñurinda de 19 años, originario de este reparto. El joven era estudiante del quinto año del Instituto Autónomo de Nindirí y pereció arrollado cuando regresaba a su casa después de finalizar sus estudios.
También señala don Agustín Cruz que los muertos no sólo son de Nindirí, sino que a diario se escucha que “hay un muerto”, y como no pertenecen a la comunidad, nadie lleva el recuento.
La muerte de Berman Eliécer obligó a los habitantes del reparto a reorganizarse y pensar en acciones inmediatas para evitar que ocurran más tragedias. Como primer paso enviaron una misiva al Concejo y al Alcalde de Nindirí, informándoles que “de una vez por todas se den cuenta de que la ciudad de Nindirí está partida en dos por la carretera Masaya-Managua”, y solicitan aclaración sobre si todavía pertenecen a ese municipio.
Los anhelados reductores
Como segundo aspecto, le plantean la necesidad urgente de construir reductores de velocidad, y le solicitan la modificación del presupuesto municipal para asignar la partida a esta importante obra que evitará la muerte de más personas. La carta está firmada por más de cien personas.
Esta protesta enérgica de los pobladores obligó al Concejo y al alcalde a sesionar de emergencia, y el resultado fue otra carta, esta vez dirigida por las autoridades municipales al subcomisionado Pedro Santeliz, jefe de Tránsito de Masaya.
En su parte medular, la carta dice: “No estamos en contra del progreso, pero las autoridades nacionales se han burlado de nosotros. En su momento prometieron, acordaron y asumieron compromisos, y hasta la fecha esperamos respuestas de esos irresponsables y mentirosos”.
En el párrafo seguido solicitan autorización para la construcción de los reductores de velocidad en el trecho desde Nika Pollo hasta el Motel 27 de esta carretera, y aclara que el gobierno municipal está dispuesto a asumir los costos económicos que sean necesarios.
Hablaron hasta con Cordero, y nada
Durante una sesión del Concejo con el jefe departamental de Tránsito y numerosos pobladores, se acordó elevar la petición hasta el jefe nacional de tránsito, comisionado mayor Ramón Avellán, quien les respondió que esa carretera es de tránsito internacional, y que existen acuerdos firmados por Nicaragua que no pueden violentar.
Otra razón, que los pobladores conocen de manera extraoficial, es que no hay voluntad de colocar los reductores porque por esa carretera transita de forma frecuente el presidente de la república, ingeniero Enrique Bolaños, quien acostumbra bajar a Masaya para asistir a misa y al gimnasio, por lo que los reductores pondrían en peligro su vida.
Como última acción, ante la falta de respuesta, los pobladores viajaron hasta Managua al despacho del primer comisionado Edwin Cordero, jefe nacional de la Policía, quien los recibió y asumió el compromiso verbal de ordenar al comisionado mayor Ramón Avellán la construcción de los reductores de velocidad, pero todo se quedó nuevamente en promesas.
Los cuatro reductores de velocidad tienen un valor de más o menos 54 mil córdobas. Con voluntad y esa cantidad de dinero, se evitarían más muertes, no obstante, don Agustín Cruz tiene la percepción de que las autoridades “piensan solamente en los carros y no en la gente”.
Para este viernes a las diez de la mañana está previsto un plantón en la parada de buses El Guanacaste, el que estará encabezado por el Concejo de la ciudad en pleno y por la comunidad del barrio aislado, en su mayoría padres de familia y estudiantes.