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Cincuenta años de labor sacerdotal


Ocotal, Nueva Segovia
La feligresía católica de las parroquias Nuestra Señora de La Asunción y San Agustín, que comprenden los municipios de Santa María, Macuelizo, Dipilto y esta ciudad, se ha vestido de gala y de colores dorados para celebrar, este sábado, las Bodas de Oro del sacerdocio en la Orden Agustiniana del padre Emilio Álvarez Álvarez.
Habrá misa concelebrada en los dos templos principales de la ciudad, así como celebración de la palabra en capillas barriales.
El agasajado dijo que le gustaría que la celebración fuera de la forma más sencilla. “A mí lo que me interesa es la Ecauristía, la misa de Acción de Gracias a Dios”.
Es originario de un pueblito pequeño de la provincia de León, España, y procede de una familia muy religiosa, pues dos de sus hermanos por enfermedad no continuaron su seminario y sus dos hermanas están consagradas también a misionar la palabra de Dios.
Recuerda que cuando se consagró junto a otros 13 seminaristas, hace medio siglo, las costumbres eran muy distintas de las de ahora. “Era un ambiente cristiano, de gran respeto por los sacerdotes (…) desde niño veía a mi mamá, que era una santa, que nos enseñaba a rezar, nos hablaba, era un ambiente socialmente cristiano”, rememoró.
Agregó que su sacerdocio lo ha ejercido mayoritariamente en España, y sus últimos años han sido en Costa Rica y en la parroquia de esta antigua ciudad neosegoviana, de la cual se ha encariñado porque la considera su familia.
Otros seis, de los sobrevivientes de su consagración, el 7 de julio de 1956, se reúnen en Madrid para celebrar el mismo acontecimiento para lo cual también lo han convocado. “He decidido pasarlo aquí con mi gente”, acotó.
El padre Álvarez es el coordinador de los Agustinianos de Centroamérica, los que tuvieron una presencia numerosa a finales del siglo XVII. Desde entonces, y a partir de 1987, en esta ciudad han constituido la primera comunidad de la región.
La mayor parte de su servicio sacerdotal ha estado dedicada a los claustros seminaristas para la formación de nuevos sacerdotes, guías espirituales que a su criterio son pocos en la Diócesis de Estelí.
De modales finos, el padre Álvarez dijo que había muchas cosas en su vida sacerdotal que no cumplió. “Cuando uno vuelve la vista atrás se encuentra tantas lagunas que son irreparables. Se dedica más en el activismo, en hacer, pero no tanto en el ser”.
Pero el énfasis de sus expresiones es lo que quizás desestima su entrega perseverante a la misión de la Iglesia Católica a las partes del mundo a donde lo han enviado.
Sus tres años y medio que lleva en esta ciudad, los ha considerado como una experiencia única en su vida sacerdotal.
“Tiene unas características muy especiales de pastoral, es misionera, eminentemente misionera. Por otra parte, también pastoral urbana, de barrios. Es una experiencia muy difícil de encontrar, y para mí ha sido muy gratificante”.
Además de él, están los padres Francisco Robles y Ródrigo González, con quienes forma un equipo para pastorear los fieles de las dos parroquias con sede en esta ciudad.
Distintos sectores también reconocen la labor social dedicada a los más necesitados. Sobresale un albergue para los parientes acompañantes de pacientes rurales hospitalizados y que no tienen dónde hospedarse ni dinero para la alimentación.
Una clínica en donde a precios módicos se obtiene una consulta médica y los medicamentos; asimismo, la rehabilitación de jovencitas con problemas de conducta social. Y la construcción de capillas en los barrios y comarcas rurales para profundizar en la fe cristiana.