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Pioneros indígenas de la paz en el Caribe

* ¿Por qué los rebeldes misuras se decidieron por el diálogo? * El valioso papel de las comisiones de Paz y Autonomía * “Los mismos que manejaron plata EU ahora saquean recursos”

PUERTO CABEZAS, RAAN -A juicio de los cabecillas de la contra mískita que todavía sobreviven, los verdaderos merecedores del Premio Nobel de la Paz son los miembros de las comisiones de Paz y Autonomía de la Costa Atlántica, que hace 21 años fueron los pioneros en buscar un arreglo negociado con los sandinistas, y no un Oscar Arias que nada tuvo que ver aquí, donde se firmaron los primeros acuerdos de paz, cuando aún ni se mencionaba a Sapoá, Esquipulas, Guanacaste o Managua. En 1985 nuestros líderes comunitarios ya estaban trabajando para lograr la paz, y gracias a ellos se terminó la guerra, agregan.
Este 17 de mayo se cumplieron 21 años de la firma del cese al fuego y los acuerdos de paz entre la guerrilla indígena y el Gobierno sandinista en el año 1985, donde unos 700 indígenas depusieron sus armas y optaron por un futuro mejor para sus hijos.
Así lo describe Uriel Vanegas, comandante Plaisni, miembro de la resistencia indígena y jefe de las tropas indígenas en el territorio nicaragüense.
¨Es necesario decir las cosas que han estado ocultas, verdades que hay que sacar a la luz después de 21 años, decirlas en honor a los que dieron sus vidas por nuestra autonomía¨, considera Vanegas.
Para este ex comandante de la guerrilla indígena, entre los factores que incidieron en la firma de los acuerdos de paz están el recorte del financiamiento económico y militar del Gobierno de los Estados Unidos, los que restringen su apoyo a medicamentos, ropa civil y alimentos, y eso creó una crisis a nivel de las tropas.
Hasta Honduras los presionaba
“En segundo lugar, el Gobierno de Honduras, que nos había permitido entrar y creas nuestras bases; comenzó a presionarnos a tal grado que también había una persecución de los líderes de Misura, nombre del movimiento indígena que operaba desde ese país vecino.
“A través de la Radio Miskut, que estaba en Honduras, nos decían que la guerra iba a durar seis meses. La idea inicial era derrocar a la revolución sandinista, pero eso no fue posible, ya que habían trascurrido varios años y estábamos cansados, sin alimentos, ropa militar ni municiones, mientras que el Ejército sandinista estaba en mejores condiciones que nosotros.
En este contexto es que en febrero de 1985 es trasladado desde Honduras a las tropas en Nicaragua el comandante Layan Pauni, Eduardo Panting, quien al llegar mira la situación y decide entablar un diálogo con el Frente Sandinista, a lo que se opuso el Estado Mayor con sede en Honduras, al mando de Stedman Fagoth.
Mario Córdoba, jefe de Inteligencia del Estado Mayor, quien se encontraba en Honduras, dijo que cuando el Estado Mayor se dio cuenta del diálogo que estaba entablando Eduardo Panting con los sandinistas, “nosotros le orientamos que se alejara, pero no hizo caso; entonces la decisión nuestra fue dejarlo solo”.
A pesar de ello, en medio de oposiciones, el 17 de mayo de 1985 --con la presencia de altos jefes militares del Ejército sandinista, pastores y representantes de la Cruz Roja, entre otros mediadores-- se logró firmar los primeros acuerdos que ponían fin a la guerra, cese al fuego y la paz en la comunidad de Zulú, 45 kilómetros al suroeste de la ciudad de Bilwi (Puerto Cabezas).
Entre los acuerdos firmados figuraban el reconocimiento y derecho de los pueblos indígenas a su cultura, lengua, uso, goce y disfrute de sus recursos naturales, viviendas y financiamiento para trabajar y producir.
Valioso rol de comisiones
Además, el retorno de las familias mískitas trasladadas a Tasba Pri (asentamientos de Sahsa, Sumubila y Columbus) a sus aldeas natales del río Coco, educación en lenguas y salud intercultural, entre otras reivindicaciones.
Para César Paiz, miembro de la comisión negociadora por parte del Frente Sandinista, resulta imposible hablar de paz y cese al fuego, sin mencionar el rol que desarrollaron las comisiones de Paz y Autonomía, formadas por líderes de las comunidades que se encargaron de convencer a los miembros de la Contra para entablar el diálogo.
Según Uriel Vanegas, quien era el jefe de las tropas en el Atlántico nicaragüense y manejaba todos los movimientos militares de la guerrilla, “la decisión de iniciar un diálogo fue de ambos, con la diferencia que Vanegas permanecería en los movimientos militares y Panting firmaría los acuerdos, con el objetivo de que si en el futuro a mí me iba peor, entonces me uniría al grupo de él o viceversa”.
Ordenan matar a Eduardo Panting
Pero la historia no termina aquí. En la entrevista brindada a EL NUEVO DIARIO, Uriel Vanegas manifestó que mientras él se encontraba en las montañas de Laguna de Perlas recibe un mensaje por radio de uno de los jefes que formaban el Estado Mayor diciéndole que regrese a Yulu y que mate a Eduardo Panting porque se había sentado a dialogar con los sandinistas a espaldas del Estado Mayor. Estamos hablando del 14 de junio de 1985.
¨Después de seis días de camino, el 20 de junio llegué a la capital de la paz, Yulu, donde se encontraba Layan Pauni. Estando ahí logramos que uno de los jefes con quien hablé por radio, Róger Herman, quien tenía el cargo de jefe político, aceptara interceder para trasladar a Layan Pauni a Estados Unidos, pues no quería regresar a Honduras, pero el propio día que saldrían de Yulu muere Panting.
La extraña muerte de Panting
Según recuerda Vanegas, eran las siete de la mañana aproximadamente, cuando él escuchó un disparo en la casa donde estaba el comandante Eduardo Panting, y cuando se acercó, las personas que estaban con él (Panting) dijeron que la pistola que éste cargaba en la bolsa inferior de la camisa se le salió cuando intentaba sentarse en el suelo, y al caer el arma se disparó porque Layan Pauni siempre manejaba la pistola “bala en boca”…
El proyectil le penetró en la tetilla izquierda con salida en el mismo lado de la espalda. Era mi mejor amigo, cuando yo entré a la casa donde él estaba, me miró y quería hablarme, pero no podía, y al instante murió… Más tarde me di cuenta de que lo que quería decirme era que no dejara caer esa lucha, y que le diera seguimiento a los acuerdos firmados en el diálogo¨.
Luego, en 1987, después que el Estado Mayor se negó a seguir enviando más alimentos a los 1,200 hombres que estaban conmigo, decidimos también retomar los acuerdos que nos había dejado Layan Pauni y sumarnos al cese al fuego la paz y la reconciliación, afirma Uriel Vanegas.
Vanegas ingresó a la lucha armada indígena en el año 1981, cuando tenía 16 años, y salió de ella a los 23 años. Actualmente es el delegado de Enacal, pero antes fue delegado de Gobernación y también fue el segundo presidente del Consejo Regional Autónomo en el período 1990–1994.
Otros comandantes que fueron protagonistas de los acuerdos de paz y que sus nombres están en esa historia son: Norman Amacio, “Comandante Pitufo”; Wilfredo Penglas, “Comandante Waka”; Juan Salgado, “Comandante Piuta”; y Eduardo Panting, todos ya fallecidos después de los 90.
Sobrevivientes
Entre los que aún viven se encuentran: Reynaldo Reyes “Comandante Ráfaga”; Raily Wilson, “Comandante Barbón”; Francisco González, Guillermo Recta, Vicente Pérez, James Waldan y Welcom Raymundo, entre otros.
Muchos de los excombatientes de la lucha indígena hoy caminan de puerta en puerta en busca de trabajo, mientras que los empleos son muy reducidos y selectivos para los allegados.
Para el ex combatiente Roberto Padilla, quien aún tiene incrustado un charnel en la pierna que le impide caminar derecho, las personas que manejaron los recursos que dio el Gobierno de los Estados Unidos para la guerra son las mismas que siguen saqueando los recursos de la autonomía.