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Patricio Marín busca la perfección con el pincel


JÍCARO, NUEVA SEGOVIA
Ni él mismo logra explicar de qué forma logra que el óleo manifieste con sus colores y tonalidades la realidad de un determinado espacio con sus objetos. La pintura de Patricio Marín Muñoz, comienza a llamar la atención de los que gustan el arte plástico.
“En mis pinturas los rasgos de las personas, las piedras de los ríos, la arena, todo, trato de hacerlo lo mejor posible pero ese fue un crecimiento desde pequeño. Mi papá me enseñó a usar el martillo y los clavos desde una temprana edad, insistía que hiciera bien las cosas, y yo sentía esa necesidad. Nació conmigo, Dios me dio ese don”, explica.
Sus cuadros comienzan a “volar” a precios muy altos sólo para la gente pudiente y amante del gusto estético.
Marín Muñoz, de 24 años, y residente de la
comarca Susucayán, es un pintor perfeccionista. Asegura que cuando detecta un error, se estresa, se
enoja consigo mismo y abandona el trabajo por varios días.
“El color, los pigmentos se salen de mí, no los puedo controlar, eso me estresa, me molesta, me levanto y me voy”, afirma.
Le tiembla al error
Retoma la obra en creación y se critica a sí mismo, luego el pincel comienza a dar coherencia y exactitud.
Para este artista, no cuenta que la gente diga que sus cuadros son bonitos. Deja de hacer el cuadro hasta que él cree que está bien hecho, conforme a su criterio, y no a lo que diga la gente.
Pinta la realidad, y como tal, no la manipula, porque aún no se atreve producir imágenes ficticias que surjan de su mente. “Insisto, tengo miedo al error. Soy demasiado sensible a ese aspecto”.
Como es común en este tipo de artistas, la soledad es su favorita, sólo ambientada con música instrumental y otros géneros favoritos que sirven como un alucinógeno para contribuir a la fluidez de la creatividad.