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El Casita: ¿se pudo evitar el desastre?


— Darwin Juárez —

Este 30 de octubre se cumplieron cuatro ańos del desastre provocado por el huracán Mitch en las faldas del volcán Casita. Seguramente nunca se sabrá a ciencia cierta cuántas fueron las víctimas mortales, en cifras redondas se estima 3,000. En cada aniversario conmemorativo al que he asistido a Posoltega, no ha faltado la dolorosa experiencia de la inhumación de nuevos restos humanos que ya no figuran en las estadísticas oficiales. El Ingeniero Bolańos y Dońa Felícita Zeledón, que estuvieron en el acto conmemorativo del segundo aniversario, en el 2000, pueden testimoniar esta trágica y recurrente realidad.;


Cuatro ańos después, guardo en mi memoria la penosa experiencia de estar en un lugar yermo, saturado por el acre olor de los cadáveres en descomposición y el asqueante zumbido de las moscas que se alimentan y reproducen en la materia orgánica muerta. Tampoco olvido el rostro compungido, ya sin lágrimas de tanto llorar, de los sobrevivientes en búsqueda de sus deudos para darles cristiana sepultura en los días subsiguientes del desastre. Son imágenes que no deberían repetirse más en Nicaragua.;


Desafortunadamente parece que todavía no aprendemos la lección y es muy poco lo que se ha avanzado para prevenir los desastres naturales, a partir del ordenamiento ambiental del territorio, la implementación de una campańa nacional para sentar las bases de una cultura de prevención del desastre, y para mitigar los impactos ambientales provocados por el mal manejo de las cuencas hidrográficas, la desforestación y el crecimiento desordenado de los asentamientos humanos.;


Al respecto resulta interesante pasar revista Ťen fríoť a la exposición que hiciera el Director de INETER, Ing. Claudio Gutiérrez Huete, el pasado 29 de octubre durante el Foro Científico sobre el huracán Mitch, en el cual se diferencian los aspectos subjetivos de los factores objetivos —centrándose en estos últimos— para examinar con rigurosidad el extraordinario fenómeno del Mitch.;


Un hecho irrefutable es, por ejemplo, la desigual distribución de las lluvias en el territorio nacional. Las mayores precipitaciones se concentraron en el Occidente y la zona norte del país. Igualmente el hecho de que los deslizamientos de tierra, se produjeron tanto en laderas forestadas como desforestadas, al saturarse los suelos y sobrepasar la capacidad de retención que pudiera tener la cubierta vegetal.;


Durante una visita a Estelí, por ejemplo, pude enterarme de la singular disputa que tenían dos propietarios de fincas. Repentinamente, de un día para otro varias manzanas de café cambiaron de dueńo, no por la vía legal, sino por el hecho de que varias manzanas de café con sombra fueron arrastradas completamente con toda su cubierta vegetal desde una propiedad a otra. Un dueńo salió ganando, y el otro perdió.;


En el caso del Casita, además de las lluvias extraordinarias, se produjo el derrumbe de un gigantesco bloque de rocas, desde la zona de las antenas. El bloque rocoso, debilitado por la actividad hidrotermal del volcán, fragmentado al deslizarse y arrastrar árboles y más material rocoso, formó una gigantesca represa. Por la copiosidad de las lluvias la represa se rompió, liberando una gigantesca ola que literalmente barrió del mapa a los poblados de El Porvenir y Rolando Rodríguez, el 30 de octubre de 1998. Algunos cadáveres aparecieron en los cańaverales del Ingenio San Antonio, a 18 kilómetros de distancia.;


Como refirió en su exposición el Ing. Gutiérrez, la documentación numérica del Mitch —el factor objetivo— está contribuyendo Ťa explicar los diferentes grados de dańos que ocurrieron en el territorio nacionalť. También ha permitido ampliar, mejorar y modernizar la labor de vigilancia y monitoreo de los fenómenos naturales peligrosos. Un ejemplo lo constituye el sistema de alerta temprana vía satélite y en tiempo real ante el peligro de inundación por la crecida de los ríos. Ciudad Rama ya se ha beneficiado de este nuevo tipo de servicios establecido sobre la experiencia del Mitch.;


Sin embargo, el factor subjetivo sigue siendo muy importante y se debe ponderar adecuadamente su papel determinante a la hora de prevenir los desastres. La experiencia del Joan es un ejemplo. Y de la misma experiencia del Mitch se extrae el caso de Wiwilí, poblado que fue totalmente arrasado por la crecida del río Coco, pero donde no hubo una sola víctima mortal. Las autoridades locales y la Defensa Civil, siguiendo la información sobre la evolución del fenómeno, evacuaron oportunamente a los pobladores. Pero en el Casita, la confluencia de dos fenómenos independientes —las lluvias torrenciales y el derrumbe— constituyó un acontecimiento extraordinario.;


De acuerdo a los registros históricos que se llevan desde la llegada de los espańoles, en 500 ańos, hemos experimentado 500 desastres naturales. Y de acuerdo a los balances económicos, por cada dólar que se invierte en el país, cincuenta centavos se pierden a causa de los desastres naturales, por no tomarse las debidas medidas de prevención.;


En consecuencia, los cuatro ańos transcurridos desde el Mitch, más que para recordar la traumática lección que hirió profundamente a la sociedad nicaragüense, deberían servir de referencia para invertir iniciativas y recursos en la prevención, habida cuenta que hemos entrado a la nueva fase del próximo desastre, del cual tenemos la certeza de que ocurrirá, pero no sabemos ni cuándo ni dónde.;


Ahora que se está discutiendo el presupuesto nacional y que el Legislativo ha mostrado interés en destrabar la discusión de iniciativas de ley que no son exclusivamente del interés de los partidos políticos, es el momento oportuno para incidir en dos cosas: 1) mejorar el presupuesto de las instituciones relacionadas directamente con el ordenamiento del territorio y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales (INETER, MARENA, ADPESCA, MAGFOR, habida cuenta que somos un país cuya economía depende de sus recursos naturales); y 2) darle curso a la Ley de Ordenamiento Territorial.;


Con un territorio mejor administrado en función de la población y de las actividades productivas, seguramente no se evitará la incidencia de fenómenos naturales potencialmente catastróficos, pero sí se reducirá muy significativamente la magnitud de los desastres naturales. El Ingeniero Bolańos que ha estado en el Casita, ahora desde su condición de Presidente de la República, tiene la oportunidad y la responsabilidad de imprimirle un giro diferente a la gestión del riesgo y a la gestión de los recursos naturales. Las dos propuestas anteriores son un buen punto de partida para ello.;


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