Cultural

Ojos sobre el valle


— Por Donaldo Altamirano —

Uno de los acontecimientos culturales que van a marcar con saldo provechoso y positivo este último final de siglo, tanto en Estelí, departamento y cabecera departamental, como en los círculos literarios xolotlanos, es la publicación de Ojos sobre el Valle, novela de amplio aliento y compleja estructura narrativa, obra del poeta Danilo Torres Rodríguez.;


En un ambiente como el esteliano donde se han dado escasa o ninguna tradición novelística (y apenas una esporádica, inorgánica, dispersa tradición versificadora) la aparición de una obra tan lograda, tan madura, de tanto huelgo y tanto ingenio como Ojos sobre el Valle, es un acontecimiento en el que necesariamente deben detenerse nuestras reflexiones, reconocerle una importancia más que lógica, natural, evidente.;


En el contexto amplio de nuestras letras nacionales la obra de Danilo Torres constituye un aporte serio, maduro, laborioso, experimental, a nuestra novelística nicaragüense. Como escritor actual Danilo comparte inquietudes, recursos y técnicas con otros escritores nacionales e internacionales. Podrían seńalarse varias coincidencias, afinidades formales, estilísticas, conceptuales con otras obras del contexto nacional o del ámbito latinoamericano. No es ese nuestro propósito. Nos limitaremos de momento a seńalar a título de ejemplo cierta afinidad temática que crea radicales vínculos de simpatía entre la narrativa de Danilo y algunas premisas mayores de la poética de Leonel Rugama. ;


No por acaso lo mencionamos, sino porque la convergencia temática apunta hacia un cierto concepto de estelianidad militante que fue compartido durante toda una época por sucesivas generaciones entre la juventud estudiosa en aquella ciudad.;


Afirmamos que en Ojos sobre el valle hay expresiones de reconocimiento y simpatía hacia algunas claves de la poesía de Leonel Rugama. En efecto podemos afirmar que todo el universo de vivencias y experiencias infantiles que reconstruye Danilo en Ojos sobre el Valle, le da continuidad y desarrollo a unas premisas básicas, responde a unas fidelidades elementales expresadas por Rugama en poemas como Juego (La tierra es un satélite de la luna).;


ŤAllí siempre había muchachos jugando en abril, mayo y junio, jugábamos chibolas...ť.;


Por lo regular, los autores estelianos no se leen unos a otros, andan demasiado ocupados leyendo a escritores de otras latitudes. Danilo es excepción en este sentido, él sí ha leído con atención e interés a la par que a los autores internacionales también a sus colegas coterráneos, a Leonel Rugama, a Samuel Meza, a Edwin Illescas, a Ramón Barreda, a Ciro Molina, a Pedro León Carvajal, a Ramón Manuel Parrales, a Tania Montenegro, a Juan Carlos Vílchez, y ha sabido sacar de todos ellos lecciones de provecho. Conviene aclarar que esa continuidad, que esa asiduidad solidaria no es mecánica, sino creativa, porque ha sido asumida como deber, como imperativo existencial, con disciplina e ingenio, con chispa, con amable ironía, con sentido de humor personales. Esta dedicación, esas devociones paisanas no hacen a la literatura de Danilo Torres ni tributaria ni menor. Todo lo contrario (Ojos sobre el Valle lo demuestra) han fortalecido su originalidad personal con el sello de unas fuertes características grupales, acaso más intrigantes por no haber sido determinado aún con precisión por la incidencias de la crítica. ;


Así, el universo arcaico de los juegos infantiles evocados en Ojos sobre el Valle (caps. VII, VIII y IX) se contrasta en contrapunto narrativo con la visión inmediata, amenazante, de un mundo adulto intrigante, rapaz, desalmado, injusto, hostil. Con los tragos de la guerra, con la insoportable presencia de la muerte cotidiana. La felicidad de la nińez es propuesta como polo de contrastes para conferir la crueldad, la mentira, la desolación, el desamparo de la vida adulta. ;


La aparición de este libro reconfirma una necesaria expansión correctiva del mapa de nuestra geografía literaria nacional, tal como se concebía y era publicado hace unos 25 ańos, una mapa en el cual Estelí, Las Segovias en general, no existían. Este territorio considerado marginal va poco a poco afirmándose como zona fecunda de nuestras letras nacionales. Esto ya ha sido establecido por otros talentosos escritores estelianos. Aunque es verdad, a condición de erradicarse, de trasplantarse a Managua, a León, cuando no a algún país extranjero. Danilo es un escritor esteliano que persiste en vivir en Estelí. Ojos Sobre el Valle es una novela escrita por un esteliano, protagonizada por personajes estelianos, ambientada en el paisaje esteliano tanto urbano como rural, apoyada en un substrato anecdótico, a veces objetivo, a veces ficticio y aún mítico, de historia y prehistoria estelianas.;


Sin embargo, con tales antecedentes, lejos de caer en un regionalismo dialectal, Ojos Sobre el Valle está escrita con un lenguaje culto, claro, exacto, objetivo, asimilable en cualquier latitud en el ámbito de nuestro idioma. A despecho de ser una historia que se desarrolla en una ciudad de segunda importancia, o en sus inmediaciones rurales, no se cae en costumbrismos ni en vernaculismos ni en descripciones folclóricas. De igual manera se ubica lejos del empirismo o el primitivismo literarios. ;


Las técnicas con las que está montada, los engranajes que sustentan el funcionamiento de su estructura formal son de invención y empleo absolutamente moderno. El monólogo interior, el flujo de conciencia, el flash back, el contrapunto anecdótico, los diálogos ágiles y breves. El uso de recursos cinematográficos, en el ordenamiento y el enfoque de las descripciones, la redacción polifónica, la combinación de diferentes modalidades y estilos redaccionales, desde el lenguaje forense del siglo XIX, en el capítulo que alude a las funciones públicas desempeńadas por Buenaventura Atalaya, pasando por la redacción de crónica periodística, hasta la jerga militar utilizada a discreción en los capítulos finales.;


Ojos sobre el Valle es una obra de recuento, de síntesis existencial, que nos propone en sus capítulos una ordenada escala de símbolos del espíritu plural de nuestra época, que nos ofrece una respuesta cabal, integradora, unitaria, ante las múltiples provocaciones y cuestionamientos que nos plante un universo disperso en infinitos mundos. Tal para cual, esta respuesta será por tanto una respuesta personal, unitaria y múltiple, irrenunciable, al par que sostenida desde una perspectiva de apego a las raíces locales, haciendo exaltación de valores como la unidad familiar, el amor a la tierra y la fidelidad hacia las propias convicciones, intransigente en la reivindicación del foro de la conciencia individual como tribunal ético de última instancia.;


Ojos Sobre el Valle es una obra de final abierto, no se plantean ni soluciones definitivas ni respuestas absolutas ni desenlaces felices. Se trata en cambio de una obra que problematiza, que inquiere, que cuestiona, que somete los acontecimientos a un estricto juicio.;


Novela de desencanto político, constituye un aporte personal al amargo trabajo de procesar la verdad histórica (si tal ficción existe). Esta obra asume las responsabilidades del examen social de conciencia. No busca culpables, busca significaciones, busca el sentido final que puedo haber tenido tanta exaltación, tanto sacrificio, tanta locura, tanto patriotismo. Ojos Sobre el Valle es una novela tamizada por una luz de desencanto, pero no es una novela de derrota, sino todo lo contrario, es una novela de profesión de fe, de persistente reafirmación de principios.;


En síntesis, Ojos sobre el Valle es un impresionante esfuerzo, es un logro creativo, revela en su autor cualidades raras de escritor, la mano del artista plástico, del paisajista, la agudeza del retratista, la sutileza psicológica para captar el fondo de una situación, la amplitud de concepción, la perspectiva mural, la extensa visión panorámica que se conjuga con la delectación por el detalle. Para ser una primera novela son impresionantes la complejidad de la trama, la considerable cantidad de personajes secundarios, la variedad de la escenografía, las cualidades líricas del lenguaje que las describe, y la rotundidad de trazo con que la obra cierra su propio ciclo anecdótico.;


Playas del Xolotlán Jueves 28-09-00;