Cultural

Margarita está linda la mar, una aproximación a los personajes desde la recepción


— Miguel Ayerdis —

En una de las tantas entrevistas y conferencias que Borges dio en su dilatada y prolija vida cultural, se refirió a la dificultad que implicaba el abordar temas, que por su cercanía en el tiempo, le exigían al escritor, ser más verosímil en su contenido. Es decir, el marco de representación del mundo ficcional, se ve reducido y condicionado por la realidad histórica inmediata, que en su complejidad, confronta a autor y receptor en una interacción dialógica, dentro de un Ťcontexto, que sirve a menudo como un tertium comparationisť (Iser, 1987;p.353).;


En la actualidad, en Nicaragua, nos encontramos con el fenómeno, donde cierta producción literaria, está valorando desde el punto de vista temático la historia reciente. Este hecho que refleja la vitalidad creativa del momento, implica una problematización (aunque no exclusiva) que pone en la superficie la discusión entre historia real e historia ficticia y en el substrato la dicotomía entre receptor empírico (no especializado) y receptor especializado. ;
Al hablar del receptor, nos estamos refiriendo al lector que tradicionalmente ha sido relegado de todo análisis literario y que en este trabajo trataremos de integrarlo a través de la novela ŤMargarita está linda la marť del escritor nicaragüense Sergio Ramírez. Pretendo aproximarme a la obra literaria, partiendo de ese diálogo imaginario que se establece entre lector y obra; que promueve una interacción social especial, entre un público heterogéneo, que accede a la misma, desde expectativas diversas, y que dependiendo de su formación se hará un juicio, es decir desentrańará la pregunta y la respuesta que toda obra plantea (Starobinski. 1987;P.217).;


La estética de la recepción que tiene entre sus creadores a Hans Robert Jaus y a la llamada ŤEscuela de Constanzť, tuvo su auge en los ańos 60, como una reacción a las teorías literarias en boga de corte estructuralistas y semiótica. Entre sus postulados estaban la de superar la Ťconcepción de la autonomía de la obra de arteť, porque Ťla vida histórica de la obra literaria no es concebible sin la parte activa de su receptorť (Barck, 1987;p.174, 175). Es decir, entre Ťlectura y efectoť, que depende de su forma social de recepción, en un contexto socio-político dado (Rincón,1987; p.339). ;


En este sentido una novela como ŤMargarita está linda la marť, por el contenido de su historia, tendrá una multiplicidad de interrogantes, por parte del lector nicaragüense, muy distintas a la que se plantarán los lectores de otros países. También entre las distintas generaciones, y dependiendo de su formación cultural y política, la pregunta variará, ya que como dice Rincón la lectura Ťaparece como un fenómeno individual situado (...) en un horizonte ideológico y socialť (Rincón,1987; p.339). ;


La novela logra sintetizar y recrear la figura y la personalidad de individuos históricos, reales, como Darío, Somoza y Rigoberto, que celosamente el pueblo nicaragüense ha construido en su imaginario colectivo (Valle C., J. 1998;p.1) Imágenes que representan el santo y seńa de una historia salpicada de alegrías y tristezas, de vida y muerte, y por su carácter, pertenecen a una selecta galería mitológica que proyecta un tipo de orgullo, que para muchos, identifica una parte de su identidad cultural y nacional. ;


Esa síntesis que el autor extrae del imaginario popular, para construir la historia y los personajes, es la que en forma de bumerang, nos lleva, en una lectura ordinaria a sostener un diálogo, a un nivel, que se puede identificar como Ťespejoť de la realidad. Es decir, el lector no buscará en su Ťhorizonte de expectativať, más que las fuentes históricas que de forma oral o por cierta formación educativa (audiovisual, etc) conoce de la vida de esos sujetos.;


A Darío, en vida y hasta nuestros días, se le han reconocido sus extraordinarios dotes poéticos. La imagen de la infancia de Darío se resume en la frase Ťel poeta nińoť. Es decir un nińo que nació con una enorme sensibilidad artística, iconológicamente emparentado, por un proceso de arco reflejo, a las imágenes ideales de nińos místicos (de corte mesiánico), de ilustraciones de cuadros campestres, que decoraban hasta hace poco, las paredes de muchos hogares de casas urbanas de Nicaragua. ;


La facilidad de versificar, y la utilización de un lenguaje preciosista expresado en el uso de palabras de difícil acceso, es otro rasgo que el pueblo ha celebrado, celebra, y lo identifica (personifica) en cuanto a cualidades, con la de los autores anónimos de los catecismos y lecturas litúrgicas, tan admiradas hasta hace unas décadas atrás. ;


El Darío dipsómano, es lo más popular y más rico del imaginario colectivo del pueblo. Centenares de historia hemos escuchados sobre un poeta ebrio, que llegaba a una cantina de mal a muerte y competía con los más eximios bohemios; asombrosas composiciones dedicadas a mujeres bellas, salían, con tanta fluidez como se escanciaba el aguardiente. ;


La primera imagen del dictador Somoza, que a resistido los avatares de nuestra memoria, es la del hombre con una personalidad muy compleja. Autoritario para la mayoría, afable y paternal para otros. Sin embargo los múltiples asesinatos incluyendo el de Sandino, perpetrados durante el largo período de gobierno de su familia y sus acólitos, configuraron una imagen negativa del personaje real. ;


Ese imaginario que en su inmensa mayoría, el pueblo satanizó, con el derrocamiento de la dinastía, en un contexto histórico especial, veinte ańos después, en otro contexto histórico diferente, está siendo revalorizado, por ciertos sectores -todavía de poca relevancia- como figura positiva. Este criterio nos refleja la complejidad de la recepción de una obra, principalmente porque los límites del horizonte de expectación son tan amplio que cada lector puede también definir su gusto, dependiendo de la cercanía o no con la historia, o la simpatía o no, que tenga con el autor del texto y con la de los personajes que recrea. ;


La imagen de Rigoberto, tuvo la peculiaridad, que al no tener un referente concreto, más que el de la acción de ajusticiamiento del tirano, el pueblo lo reconoció de inmediato y lo incorporó a su imaginario patriótico. Pocos sabían, hasta el triunfó de la revolución, que era poeta y que en su corta vida, había tenido cierta actividad intelectual. Por tanto el fenómeno de apropiación de este mito se da por el mismo proceso psico-social, de tipo panteísta que identifica al héroe por sus acciones y no tanto por sus cualidades físico-morales. ;


Hasta aquí una lectura ordinaria que rescata los principales rasgos que identifica a los personajes históricos que recrea la novela y sobre la que se apoya un lector Ťmedioť (contemporáneo) que ve la obra como espejo. El otro nivel a que me referiré, es el especializado, que implica a un lector que posee una base de conocimientos, no sólo históricos o hermenéuticos de la obra y del autor, sino de tipo estético-artístico.;


Partimos del criterio -aceptado por muchos- que en todo texto encontramos un lector implícito y un lector real o contemporáneoť, como lo llama Iser (Iser, p.131). Ese lector Implícito es un lector ideal, que le sirve de referente al autor para ordenar su mundo ficticio de una u otra manera. Muchos identifican a ese lector ideal con la figura del filólogo, del crítico especializado que se enfrenta a la obra (Iser, p.133). Pues ese criterio es el que lleva al especialista a desentrańar las claves estructurales y temáticas que toda obra conlleva en su producción.;


Decímos que la novela ŤMargarita está linda la marť recoge las características más notables de los personajes históricos, y que un lector no especializado, los identifica y Ťre-construyeť, partiendo del substrato empírico de la obra. Cuando entramos al substrato especializado, nos encontramos con una variedad de matices o de tipos de lectores implícitos o ideales, que complejizan la obra creando múltiples posibilidades de acceder a la misma.;


Los personajes -como decíamos anteriormente- son modelados, en la novela ;
ŤMargarita está linda la marť a partir de sus rasgos y cualidades, que popularmente el pueblos los ha identificado. Sin embargo podemos descubrir un interés del autor implícito, en hacer de estos personajes, modelos de figuras trágicas, que en su conjunto pueden ser una suerte de metáfora de la historia de los nicaragüenses. ;


Darío y Rigoberto tienen en común que son poetas, y que tienen que ejercer el periodismo para poder vivir modestamente. Darío tiene que buscar ayuda para conseguir el trabajo en Espańa. Como estratagema para su plan, Rigoberto busca los servicios de un allegado al dictador para conseguir un trabajo. Darío murió -aparentemente- víctima de una enfermedad hepática, sin embargo implícitamente se sugiere que fue Ťasesinadoť atrozmente por el médico. Rigoberto También fue asesinado con sańa. A Darío después de muerto le sacaron su cerebro, símbolo de su prodigio. A Rigoberto le cercenaron sus testículos símbolo del coraje que lo inmortalizó.;


La oposición más evidente entre Darío y Somoza está reflejado en la contradicción arte-política, y que se expresa en la forma en que cada uno de estos personajes enfrentan la vida. Darío tiene que trabajar duro, con honradez, para agenciarse un salario modesto que le permita vivir con decencia. ;
Es recibido a su regreso a la patria de forma espontánea, con mucho calor humano y sinceridad por el pueblo humilde. Al morir lo hace sin muchos testigos, con poca o ninguna asistencia. Somoza desde joven mostró sus inclinaciones al juego y al fraude para salir adelante. Su recibimiento en León es artificial, mediatizado por el hambre y la miseria del pueblo, que ve en las concentraciones políticas una forma de subsistencia. La acción donde es mortalmente herido el tirano es presenciado por una nutrida concurrencia.;


Ese diario de Rigoberto, (especie de caja de pandora, como sus acciones) que sirve de resorte dramático es un recurso que nos permite identificar el pensamiento político de este héroe (y el de los de la “mesa maldita”). El retrato del tirano en su época juvenil, y la muerte de Darío son dos episodios que representan el fin de la ingenuidad y la pureza de ideas, y el nacimiento de la perversión y la intriga. Rigoberto vendría a representar un nuevo capítulo en la historia de Nicaragua, ya que su figura contiene esa mezcla de ideales y sueńos cercanos a los de Darío, pero también los de la violencia del medio (social y político) que el tirano ha diseńado para gobernar.;


Hay una violencia que se expresa con la muerte de los tres personajes. Sin embargo la muerte de Somoza, es una muerte castigo, ya que con su agonía está pagando sus males. En la muerte de Darío si bien es cierto hay un morbo mercantilista por su cerebro, también hay como un fetichismo en ver la masa cerebral del panida como el paradigma de la inteligencia ( o de la esencia de la sabiduría). ;


El autor mismo reconoce que al incorporar el episodio del cercenamiento de los testículos de Rigoberto, lo hizo con la intención de que el lector (receptor) empírico hiciera la relación simbólica de la representación popular de los testículos con la del coraje (intención que se repite en un episodio, en que se comenta el encuentro entre el sabio Debayle y Sandino) [p.218] (Valle C., 1998;p.1). Pero al nivel en que nos estamos moviendo podemos identificar, que el autor implícito incorpora ese Ťolor germinal del semenť (Ramírez, 1998;p.368), cuando están mutilando el cuerpo de Rigoberto y que interpretando a Bajtín, puede ser ese Ťeslabónť donde la vida de un cuerpo nace (en potencia) de la muerte de otroť, ¿cómo se explica entonces el enigmático robo del frasco que contiene sus miembros, y que denota otro paralelismo con Darío?;


Según Bajtín Ťel mundo grotesco del cuerpo y de la vida corporal ha dominado durante miles de ańos, la literatura escrita y oralť(Bajtín,1974; p.287), y la novela ŤMargarita está linda la marť, siguiendo esa tradición se ha hecho eco de esa manifestación oral, para configurar su historia. El más evidente es la utilización de expresiones populares (coloquial) que define el humor negro del nicaragüense como por ejemplo Ťuna mujer de gran nalgatorioť;


(ŤRamírez,1998;p.38), Ťdientes caballunosť(Ramírez, 1998;p.39) Ťse cogió a todas las mujeresť, ŤĄAy, no, yo con usted no, doctor! No voy a saber si me está cogiendo, o lo estoy pariendoť (Ramírez, 1998;p.108).;


La concepción bajtiana de lo grotesco, nos remite a la fisonomía (cuerpo) de los personajes que sustentado en una veta popular de la literatura define un nuevo canon, distinto al de Ťlos tiempos modernosť(Bajtín,1974;p.290). En ŤMargarita.. encontramos personajes como Darío y Somoza que son descritos en su físico desde sus rasgos más Ťprosaicosť, es decir no son modelos Ťbellosť, en el concepto clásico del término. ;


Darío y sus Ťpartes que se desbordanť, producto de los rigores de toda una vida sometida a recepciones y fiestas frugales, donde la Ťresaca de cognacť, Ťde aliento de viejas uvas maceradasť, Ťde gruesas aletas de su narizť y de Ťojos, que fulguran una chispa aventada por su respiraciónť (Ramírez, 1998;p.27), descubren lo lamentable de un cuerpo cuyas Ťpiernas escuálidas y de redondez tensa del vientreť y Ťla cara hinchadať, espantan a su concubina de turno (Eulalia) (Ramírez,1998;p.99). Otro rasgo grotesco, es la desmembración de su cuerpo en este caso su cerebro (como arriba habíamos seńalado), y que nos remite a una persona superdotada (cabezón en el lenguaje popular).;


Somoza, y su cuerpo deforme por el excesivo sedentarismo, apretujado en un chaleco antibala, que lo asemeja a una Ťmorongať (Chorizo). Pero el rasgo grotesco más sobresaliente es el que se refiere al orificio natural por donde el tirano hace sus necesidades, sustituido por otro artificial, en su costado, donde carga sus desechos. Situación que es comentado con sorna por los de la mesa maldita. También puede tener un connotación simbólica de lo que él representa en la historia.;


Antes de concluir este acercamiento con los personajes principales a partir de la recepción, es importante observar que en un primer nivel estructural, el autor implícito divide la obra en dos tiempos históricos (1907, 1956). Sin embargo las acotaciones que aparecen en el texto (de corte dramático), son utilizadas únicamente en los episodios del 1956, y en el contexto de la conspiración, con el fin de poner todo el énfasis dramático que la ocasión presenta. El incorporar discursos como el radial, el epistolar (intertexto, que hay mucho en la novela) y el curriculum vitae, refuerzan lo dramático y nos descubre ese elemento de juicio histórico que pretende hacer la obra. ;


Concluyendo podemos decir, que a un primer nivel de lectura y con un horizonte expectación mínimo, la novela ŤMargarita está linda la marť, nos remite a la Ťmáscarať de los personajes -en el sentido gombrichano del término- es decir, a la identificación de la historia y los personajes como espejo de su contexto histórico real. Pero en otra lectura que involucre a un lector especializado, este podrá incursionar a otros niveles de análisis, que le permitirán desentrańar los propósitos del autor, es decir despojarlo de la máscara para enfrentarnos con la carať(Gombrich, 1993;p.16-67).;


Propósitos que en la novela tiene un sesgo de Ťre-valorizaciónť de la historia contemporánea nicaragüense a partir del análisis de la primera mitad de siglo. Juicio que se sustenta en la reivindicación de uno de los héroes que inicia o marca -como él mismo lo seńaló- el principio del fin de la dictadura. Es decir, el fin de un capítulo de la historia y el inicio de otro, en el que los actores, con otros nombres, siguen abrazados a la musas y sońando, en medio de la violencia, hija la política. ;


IHNCA-UCA/7-03-99;


Bibliografía;


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- Bajtín, M. (1974) La cultura popular en la Edad media y Renacimiento. 430p. Barral Editores, S.A, Barcelona.;


- Gombrich, E.H. (1993) La máscara y la cara, E.H. Gombrich, J. Hochberg y M. Black, Arte Percepción y Realidad. Ediciones Paidós, Barcelona.;


- Iser, W. (1987) La interacción texto-lector: algunos ejemplos hispánicos, D. Rall, En busca del texto: teoría de la recepción literaria. UNAM, Dirección General de Publicaciones, México.;


- Iser, W. (1987) El acto de la lectura: consideraciones previas sobre una teoría del efecto estético, D. Rall, En busca del texto: teoría de la recepción literaria. UNAM, Dirección General de Publicaciones, México.;