Cultural

Raíces e la regionalidad


— Douglas Stuart Howay —

Los siete departamentos del Cetnro y Norte de Nicaragua nacen a la historia hasta que se generaliza su conquista militar y espiritual. Desafortunadamente, las tribus que poblaban la región, ŤXicaquesť al norte, ŤSumosť, ŤMiskitosť, Talamancas y ŤMatagalpasť al centro y ŤChontalesť al sur, eran ágrafas. ;


Solamente nos dejaron, algunos de ellos, remanantes culturales líticos que nos dicen algo sobre su nivel cultural, algunas sagas distorsionadas con el tiempo y las poco confiables narraciones de los frailes catequizadores, muy bien intencionados pero no siempre bien informados o suficientemente perspicaces. ;


Por supuesto, no debemos olvidar que los invasores Ťmexicasť ocuparon algunas zonas de lo que más tarde fue el Corregimiento de Segovia (El Partido de Sébaco, por ejemplo). Ellos sí, dejaron estatuaria y petroglifos que demuestran su extracción mexicana.;


Al establecerse la colonización con su epicentro en la goberanción de León, se dividió en el país en dos ŤCorregimientosť: el de Subtiava y el de Segovia. El primero abarcaba todo el litoral Pacífico y las tierras de las serranías de Managua y Carazo; mientras el segundo abarcaba el Centro montańoso y el litoral Atlántico; esto es, desde Madriz, Nueva Segovia, Jinotega y Zelaya, al norte, hasta la Región Autónoma de San Juan del Norte, al sur. Es obvio que si les resultaba difícil a los colonizadores poblar, defender y desarrollar el centro del país, el litoral Atlántico queda prácticamente fuera de todo control. Era tierra de nadie. Eso fue lo que permitió el asentamiento de aventureros y comerciantes ingleses en la Costa Atlántica, la importación de negros africanos, la colonización por parte de ellos de la Mosquitia y el drama de las incursiones de zambos al interior del país, alentados o dirigidos por esos aventureros europeos.;


El acceso fácil al litoral Pacífico por el Río San Juna y el Cocibolca, primeramente y luego, a partir del siglo XVII, por El Realejo, permitió su colonización acelerada. Allí se asentaron los primeros colonos, allí llegaron los primeros negros (Granada, Rivas, Chinandega, León) a sustituir la mano de obra indígena para el cultivo del ańil, la cańa de azúcar, y la ganadería. ;


También para servicios domésticos en haciendas y casas.;


Mientras tanto, el poblamiento de Matagalpa, cabecera del Corregimiento de Segovia, de ŤSegoviať el asentamiento más antiguo del corregimiento, pero muy alejado para funcionar como cabecera, de Somoto, Estelí, Jinotega, Boaco y Juigalpa se realizó con espańoles conocedores de la ganadería y del cultivo de áridos. A eso se debe la tradición ganadera de la zona y de productora de granos básicos. El café no fue sino una actividad moderna importada a Nicaragua desde Costa Rica a finales de la tercera década del siglo XIX y cuyas primeras experiencias se realizaron en las sierras de Managua.;


La conquista del Corregimiento de Segovia, se ejecutó, casi enteramente, por medio de la catequización. Fray Fernando Espino pacificando e indoctrinando a los xicaques en el norte y Fray Blas Hurtado (rivense) a los caribes del partido de Camoapa (Boaco) y Matagalpa (Sumos, Matagalpas, Talamancas).;


A esa historia de relativo abandono de la región es que se debe, en gran medida, la postergación consistente en que la han mantenido los gobiernos de Nicaragua. Nuestros colonizadores se dedicaron a talar trabajosamente las espesas selvas de la región para plantar yerbas forrajeras y cultivar trigo (San Gabriel, Estelí, Santa Cruz, etc.), mijo (millón blanco o maicillo), maíz, oriundo de América pero rápidamente adoptado por los colonizadores, frijoles o Ťfésolesť y algunas cucurbitáceas comunes de Espańa.;


Así se despoblaron los bosques aledańos a Matagalpa y Muy-Muy (ŤMuimuiť), desde hace tres siglos, agudizándose la deforestación con el cultivo del café y más moderadamente de hortalizas, bajo la influencia de los inmigrantes europeos no latinos.;


Pero el caso es que la atención de los gobiernos se ha focalizado en el Pacífico. Allí se desarrolló la economía, desde la llegada del primer Gobernador, gentil hombre ganadero, que trajo los bovinos a Nicaragua; allí se establecieron las incipientes clases sociales, las escuelas parroquiales, los colegios superiores —primero en León y después en Granada— y de allí se han extraído, en un elevado porcentaje, los dirigentes de la política nacional y de los gobiernos. El Pacífico, como región, no por su culpa sino por el imperativo histórico, ha actuado como un agente colonizador del norte y centro del país.;


La realidad es que pocos colonizadores llegaron directamente de Espańa al Corregimiento de Segovia. La mayor parte de los pobladores eran criollos llegados de ciudades y villas del Pacífico. Había poco atractivo aquí para agriculores del tipo de los colonizadores espańoles, ansiosos de hallar una actividad para el enriquecimiento rápido. Cuando la minería dejó se ser atractiva por la dificultad de ubicar nuevos yacimientos fácilmente explotables, le tocó el turno al Ťpalo de brasilť y luego al establecimiento de plantaciones de ańil, de cańaverales y pastizales para el pastoreo extensivo de ganado mayor, que exigió la aplicación del sistema histórico de Ťroza, tumba y quemať.;


Esta región sufrió, pues, una Ťreediciónť de la conquista y colonización del resto de Nicaragua. Así fue como Madriz, Nueva Segovia, Estelí, Boaco, Chontales y, quizás más que las otras, Matagalpa, después de la primera avenida colonizadora de inmigrantes Ťchapetonesť, se poblaron con inmigrantes criollos de León y Granada, principalmente. La división original del Corregimiento en dos Ťsubdelegacionesť: Segovia y Matagalpa, y la posterior conversión de los Ťpartidosť en departamentos, no varió en nada esta constante en la modalidad de poblamiento, desarrollo económico y participación política.;


Una de las características de la regionalidad —tomándola como fuente de derecho natural para exigir un lugar digno en la estructura administrativa del Estado —es la mencionada afinidad de ocupaciones y de intereses. Al mismo tiempo, muchas de las familias que se asentaron en el ŤPartido de Sébacoť, dentro del cual estaban Matagalpa y Jinotega, tenían parientes asentados en San Rafael del Norte, Yalí, La Concordia, Estelí, de allí la repetición de apellidos en todos esos lugares. Lo mismo sucedió en Somoto, La Antigua, Ocotal, San Fernando, etc. Y, casi seguramente, en todos los pueblos del ŤPartido de Camoapať, en el que se encontraban Juigalpa, Boaco, San Pedro, Acoyapa, etc.;


Otra interesante cuestión fue la ausencia casi total de sangre negra hasta el siglo XX. Mientras en el Pacífico por el San Juan y El Realejo y en el litoral Atlántico, por Jamaica, crecía constantemente la población negra —y después el Ťmulatajeť y el Ťzambajeť— En la zona norte y central la inyección racial fue mínima. Salvo, cuando las incursiones de zambos en Matagalpa, Segovia, Jinotega, Boaco y Juigalpa provocaron el cruce forzado de cautivas blancas, indias o mestizas con los semi-salvajes asaltantes.;


A propósito de eso, Matagalpa parece ser la primera población atacada por piratas y zambos. Remontando el Río Grande en bongos planos, pipantes y Ťchatasť, llegaron muy cerca de la ciudad y la asaltaron en 1643. El primer asalto a Granada se dio 22 ańos después en 1665, luego en 1685 y ese mismo ańo el de León. Segovia —que sufrió varios ataques depredadores— sufrió el primer asalto pirático en 1689, viéndose obligada a trasladarse a la actual ciudad de Ocotal en 1711, ante las amenazas constantes de los zambos. El 4 de noviembre de 1743 (Gámez) 150 ingleses y mosquitos, bien armados remontaron el río coco o Wanki y cayeron sobre Jinotega, la saquearon, incendiaron y se llevaron a 40 prisioneros todos mujeres y nińos. El 22 de diciembre de 1749 una partida de zambos y mosquitos, capitaneados por cuatro ingleses radicados en Bluefields, cayeron sobre Camoapa y Boaco, saqueándolas e incendiando Boaco (Gámez, J.D.). El interesante caso de dońa Manuela Rodríguez y el rey Mosco —según se dice, más bien zambo y no indio puro— se dio en 1782 cuando una partida de zambos y mosquitos invadió Chontales y se apoderó de la nińa en Juigalpa; ańos después, el Rey Mosco se casó con ella y celebró una alianza con los Ťespańolesť en León (Pérez, Jerónimo). Los descendientes actuales de ese matrimonio aún acusan los rasgos de las tres razas de sus antepasados.;


El caso es que, por el mismo aislamiento propiciado por el relieve montańoso, el grado de cruzamiento entre blancos y negros fue insignificante; el de blancos e indios fue mucho mayor. Sin embargo, en todos los siete departamentos existen concentraciones de blancos e indios puros. El mestizaje aquí se aceleró en el último siglo, principalmente con la inmigración interna de mestizos desde las ciudades del Pacífico. Hay, pues, una historia etnológica muy similar en los siete departamentos.;


Tampoco hay que olvidar la fuerte inmigración de europeos y de otras nacionalidades que llegaron las Segovias desde mediados del siglo XVIII y después que éstas comenzaron a perfilarse como grandes generadoras de capital al introducirse el café y consolidarse la producción pecuaria. Estos inmigrantes europeos, la mayor parte del Centro y Norte de Europa, no estaban moivados para buscar reivindicaciones políticas en un país al que llegaban para producir riqueza y no para participar directamente en la vida política.;


De modo que este contingente de europeos, en su mayoría, si contribuyó grandemente al desarrollo técnico y económico de la región, participó muy poco en cualquier esfuerzo por conseguir para las Segovias una participación justa en la toma de decisiones políticas importantes. Nos hemos visto obligados a contentarnos con tener en nuestra historia algunas excepciones en lo que se refiere a la instalación de paisanos en puestos importantes dentro de los poderes del Estado. En muchos casos, los que han accedido a esos puestos, han sido Ťinmigrantes temporalesť, itinerantes, casi siempre ajenos al asentamiento de obligación y afecto a la ŤPatria Chicať.;


La tradición de marginación de las ŤSegoviasť se ha mantenido hasta hoy. La composición de los órganos del Estado —Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial y Poder Electoral— está preńada de elementos del Pacífico o de algunos originarios de las Segovias, pero que se han radicado allá buscando mejores horizontes para su profesión y oficio. Creo que pueden aún querer a su patria chica, pero, al acceder a la Administración Pública, o a cualquier destino dentro de los otros órganos del Estado, se ven más obligados a la estructura partidaria que los ubicó en el cargo que al pueblo de donde provienen.;


Esta situación ha convertido a los Segovianos en ciudadanos de segunda categoría dentro de la composición social, política y económica de Nicaragua. No solamente existe una marginación en el sentido apuntado, sino que, yendo más allá, se ha abusado del poder productivo de los siete departamentos utilizando la mayor parte de la riqueza generada en la región para mantener la maquinaria estatal y desarrollar la infraestructura vial, ornamental, turística y urbanística de Litoral Pacífico. Esta desacertada política de inversión interna, perjudica también al Pacífico. De invertir mayores recursos en los departamentos del norte y centro de Nicaragua, gracias a su potencial económico se elevaría la producción beneficiando, a la vez, a las ciudades del Pacífico.;
Por inercia, resulta muy improbable que se modifique de manera espontánea la constante en la distrbución de cargos públicos en todo el país. También resulta improbable que, de manera espontánea, se redistribuya en forma más equitativa la disponibilidad de recursos para el mejoramiento y ampliación de la infraestructura.;


Resulta, pues, imperativo, buscar una solución alternativa a la política tradicional de gestión y búsqueda de reconocimiento e inversión estatal a través de las instancias clásicas del Gobierno y el resto de la maquinaria del Estado. Nuestros representantes, gracias a la forma en que son electos —en fórmulas rígidas estructuradas por los partidos en contienda— no se sienten suficientemente obligados al electorado para luchar por sus intereses. El Ejecutivo ha logrado demorar indefinidamente la Reglamentación de la Ley de Servicio Civil, con el propósito de manejar la asignación de cargos de manera discrecional y, presumiblemente, para favorecer a militantes del partido en el poder. Por otra parte, no existen providencias legales que ordenen al Ejecutivo diseńar un presupuesto que beneficie de manera justa a todos los departamentos del país; menos que exista una reglamentación Ťad hocť para dirigir los recursos externos, canalizados a través del Gobierno, hacia esa inversión equitativa. La mayor parte de los logros obtenidos en los últimos 20 ańos, en el sentido del desarrollo comunitario en los siete departamentos, ha llegado por la acción de los ONGs y algunos organismos internacionales que operan otorgando ayudas directas a las ciudades, municipios o comarcas.;


Por ese motivo, la solución solamente puede hallarse en la organización de estos siete departamentos en un órgano regional que sea capaz de realizar las gestiones de manera coordinada y con la fuerza suficiente para conseguir, no solamente la atención del Gobierno sino sujetarlo a normas distributivas y retributivas justas.;


La experiencia de convertir la voluntad popular en una fuerza capaz de ponderar en las decisiones estatales no es nueva. Más bien está en el espíritu de la democracia, porque la esecia del poder está en la autoridad y ésta radica en el pueblo que Ťdestinať o elige a personas privadas para que se conviertan en Ťpersonas públicasť y ejerzan ese poder en su nombre. Este mecanismo resulta eficiente, aunque nunca lo ha sido totalmente. Para compensar por las irregularidades en el mecanismo se han creado los Gobierno Municipales, que reflejan en una forma más directa la voluntad popular aplicada al ejercicio del poder. Sin embargo, ni la propia función edilicia ha logrado sustraerse a los medios incorrectos de utilizar el sufragio para que los resultados respondan a aquella voluntad popular.;


Cuando esto sucede —y sucede en casi todos los Estados de la Tierra— cuando el gobierno central o nacional no ejerce su función con justicia y cuando los gobiernos municipales se ven afectados por esa política, la solución alternativa es la formación de bloques ciudadanos que hagan sentir su fuerza, que es la verdadera fuente del poder, para conseguir un trato justo de los órganos del Estado.;


Pero estos bloques no pueden formarse sin una organización adecuada y esta organización no se consigue sin la inteligencia de la realidad y sin voluntad que obedece a la inteligencia. Del antiguo Corregimiento, hoy los siete departamentos del norte y centro del país, conservamos una historia común, tenemos la misma realidad geográfica, tenemos las mismas necesidades y padecemos de la misma marginación y descuido. Sólo nos falta aplicar la voluntad para organizarnos y conseguir la ponderación necesaria que permita revertir el orden injusto que ha provocado esa marginación.;


Sin confrontaciones, sin demagogia y, sobre todo, sin intereses ajenos a la reivindicación de los derechos regionales.;