Cultural

El Museo San Jacinto


— —

La carretera norte te lleva a San Benito partiendo un paisaje;
que a un lado está el Lago de Managua o Xolotlán con su;
horizonte chontaleńo en cordillera azul y en silueta y al otro;
lado, potreros verdes, reverdecidos de guaceros: lagunetas,;
breńales, jícaros contorsionados, zacatal que crece a la;
amenaza de lluvia. Nubarrones lejanos. Sopla un viento que se;
hace frío matutino, aire puro y olor a monte, a cagajón;
ganadero, vacuno.;


En vez de desviarte para Juigalpa, seguís como quien va para;
Matagalpa. Y en el KM. 40, mano derecha, de aquí para allá, se;
dobla y tres kilómetros adentro llegás a la Hacienda San;
Jacinto y entonces todo se hace un espacio y un ámbito;
histórico, como sagrado, al pie de unas colinas o cerros que;
despliegan ondulaciones de verdes, verdes y verdes;
"arrodillados como diciendo amén", con algún ocre, con algún;
barro. ;


Aquí en esta casa entejada sobre la cańa de Castilla, tres;
corredores y amplios y altos adobes, con sus corrales de;
piedra, la madrugada del 14 de septiembre de 1856, unos;
cuantos soldados patriotas derrotaron a las fuerzas;
filibusteras. ;


Una Nicaragua de hace 142 ańos. ;


Siempre agraria. A lomo de mula y de albarda. Empeine de;
estribo. Sondaleza y zurrón. Morral de queso duro y tortilla;
tiesa. Gesta de conciertos y de campistos. Unos riflitos. ;


Dicen que el General José Dolores Estrada dirigió la batalla;
desde su taburete de cuero crudo. Cuentan que Andrés Castro;
ante la falta de municiones derribó de una pedrada a un;
filibustero.;


La chiripa histórica arrió la caballería que pastaba y se;
desbocó y relinchando hizo creer a los invasores que se;
trataba de un numeroso ejército nacional.;


Los filibusteros fueron derrotados en una mańanita como ésta:;
niebla, acaso lluvia. Humazón, fragor, pólvora.;


Aquella Nicaragua y toda esta historia tiene sabor de;
hacienda. Un mundo conservador. Cachureco.;


Nicaragua siempre según los colores de los partidos;
gobernantes: verde, roja, rojinegra y nunca Nicaragua.;
Da ganas de tener patria. ;


La única Nicaragua que poseemos es una patria y nación;
escolar, recuerdo infantil de desfiles con corbatitas;
azulencas y sonoros redoblantes y escuadras marcando mal el;
paso, una banderita mal dibujada en el cuaderno Corona, un;
escudo triangular, cinco volcanes, el sol, el arcoiris y el;
gorro frigio y el Himno entonado en nuestras desentonadas;
voces infantiles. Pareciera que la patria como la matria sólo;
se tiene en la infancia: vacaciones de septiembre.;


Da ganas de tener patria, al menos, la historia como cuento.;
Los héroes se acaban, se mueren o quedan como las fotos en;
sepia o como las estatuas en poses teatrales. Estrada después;
de San Jacinto tuvo que irse a sembrar un tabacal para;
sobrevivir o mal morir. Andrés Castro murió de una estocada;
que le asentó un marido celoso o burlado. Don Carlos Alegría.;


Un Marenco. Un Vélez. Don Abelardo Vega. Su gloria doméstica.;
Lástima los héroes. Pobres los héroes. Pero, quién creyera que;
aquí, en estos llanos se ganó una batalla contra la;
esclavitud, que aquí salvamos a Nicaragua, a Centroamérica y a;
los propios Estados Unidos de las locuras esclavistas de;
Willian Walker, un tigrillo mesiánico y psicópata. ;
Qué será la Patria. ;


Acaso este sentimiento, acaso esta visión matinal de un;
pasado, de una gesta que vuelve nítida a renovar una idea de;
patria, una ilusión de Nicaragua. Y un bostezo. ;
;
;


;
;