Cultural

Las lecciones de Fritongo Morongo


Cada vez que se escribe una novela, sobre todo si el autor es un joven escritor como Henry Petrie (1961) surge una serie de interrogantes en el ambiente literario sobre la calidad y trascendencia de la obra en cuestión. Las preguntas que surgen inmediatamente son: ¿Cuál es el aporte de Fritongo Morongo a la novelística nicaragüense? ¿Establece una nueva propuesta narrativa en un ambiente saturado por la poesía y huérfano de buena prosa?
Las respuestas son variadas. Generalmente, la crítica nacional tiene la mala costumbre histórica de anteponer su simpatía con el autor a un análisis riguroso de la obra. Por eso es que existen muchos escritores fabricados por los críticos. Y viceversa. Yo no pretendo caer en el error de elogiar por amistad ni de atacar por antipatías. Tampoco soy crítico de profesión. Soy un aprendiz de escritor. Conozco a Petrie desde hace muchos años, cuando era un destacado dirigente de la Juventud Sandinista y comenzaba a publicar en los diarios algunos textos periodísticos y literarios. Siempre admiré su entusiasmo y su persistencia. Honestamente, tengo mis reservas sobre sus primeros cinco libros. Incluso, cuando en el año 2005 participamos en Panamá en el Primer Encuentro de Escritores Centroamericanos, sentí que entre ambos no había una química literaria que nos uniera. Él nunca me lo dijo, pero se sorprendió de que participara en ese encuentro literario y yo aproveché la ocasión para saber de su carrera literaria. Ambos no nos reconocimos como escritores. Imagino, y tiene razón, que un libro no es ninguna prueba para considerarse escritor, y, por lo tanto, ni él está convencido de Placeres del Ocio, ni yo de sus cinco libros. Pero su último libro ha sido una revelación.
Fritongo Morongo es una novela que salva su carrera literaria. Y digo que la salva porque si después de cinco libros no se ofrece una propuesta literaria, lo mejor es abandonar la literatura y dedicarse a otra cosa. Si Petrie insiste en seguir siendo poeta, es un derecho que tiene, pero corre por su propio riesgo. Pero su talento, a mi juicio, sin lugar a dudas, está en la narrativa. En esta historia nos demostró que es un narrador nato. Aquí nos ofrece con mucho profesionalismo, creatividad y disciplina, una historieta urbana que se desarrolla en el Mercado Oriental, y la creación de una serie de personajes que representan y simbolizan las tragedias de los miles de nicaragüenses proletarios que han hecho de este centro comercial una ciudadela donde forjan sus creencias, costumbres y hasta mitos sobre la vida de los comerciantes de este país.
La novela tiene el privilegio de abordar varios temas que son tabú en algunos sectores de nuestra sociedad, pero que se disfrutan y se recrean con toda impunidad en el Oriental. Hay una recurrencia al sexo, al rumor, al humor negro, muy propio de los nicaragüenses, que explota muy bien Petrie en toda la historia. Transcribo este extracto totalmente propio de la jerga nicaragüense para que usted se dé cuenta del desenfado que hay en el lenguaje: “Parranda calló y se ardió al escuchar la nota enchichada de Palíndroma, cuyo personaje principal era Dominga, su negra culo hermoso y labios de bellota, y no le gustó nada que el amigo regocijado lo enterara de cómo se ponía en postura de perrito la mujer con alaridos de padre y señor nuestro, el viejo buja que buja con ojos volteados, traqueteos con alaridos y aquel angustioso “dale, dale que dale mi amor… más, ayayay.. empujá que me voy, me voy….ayyyyyy”.
Petrie da rienda suelta a un lenguaje que se vuelve protagonista en toda la obra. Sin embargo, no dejo de hacerme la pregunta que se haría cualquier escritor: ¿Hay una celebración del lenguaje en esta obra? Depende de cómo se mire. Para algunos colegas, los más ortodoxos, Fritongo Morongo es una noveleta picaresca y localista sobre un submundo olvidado y tragicómico, como es el Oriental, que al final es devorada por el lenguaje y el humor. Para otros, menos rigurosos, es una novela felizmente lograda, netamente nicaragüense, donde por primera vez se ponen en perspectiva personajes que usted puede reconocer en el Oriental y fuera de éste. Cuidado que Fritongo es un personaje espejo oscuro del nicaragüense y el mercado, el entorno, apenas el pretexto.
Por otra parte, la novela se puede leer de un solo tirón, en una sola sentada, es como tener un pasquín voluminoso en la mano, mientras espera a que le sirvan una sopa mosqueada en el Oriental, en compañía de La Camiona, experta en polvos rápidos. Henry se esforzó por presentarnos una historia creíble, con personajes cuyo perfil los encuentras por serie en ese megamercado, que es también ciudadela, refugio de brujos, madriguera de ricachones con delantal, y de paso, mostrarnos la jerga nicaragüense con la que hemos creado nuestra propia cultura.
Finalmente, quiero responder las dos preguntas que me hice en el primer párrafo de este artículo. ¿Cuál es el aporte de Fritongo Morongo a la novelística nicaragüense? Creo que sienta las bases de una verdadera novela nacional. En los últimos años, las pocas novelas que se han escrito en Nicaragua no rompen con los esquemas tradicionales establecidos por el “boom” latinoamericano. Tengo la impresión, conste que no soy crítico literario, de que seguimos siendo esclavos de mundos ajenos, y vivimos refritando estilos que ya hicieron escuela. Mientras tanto, la novela nicaragüense sigue pendiente. Petrie se encargó de la novela del Oriental, ahí construyó un submundo y un sub-lenguaje. Su historia, pese a ser buena, no trasciende las fronteras centroamericanas. Su lenguaje es su fortaleza y su debilidad. Pero es un buen paso. Ahora respondo la otra pregunta: ¿Establece una nueva propuesta narrativa en un ambiente saturado por la poesía y huérfano de prosa? Tengo que confesar que Petrie se arriesgó. Fritongo Morongo tiene todo el potencial para ser el típico personaje nicaragüense universalizado. Pero su lenguaje lo truncó. Parte del riesgo. Sin embargo, se coloca como una propuesta interesante, digna de ser leída, estudiada y tomada muy en cuenta por aquellos que aún buscan un lugar digno en la literatura nicaragüense. Enhorabuena, Henry.
* Periodista y escritor nicaragüense.