Cultural

La mirada radical de Doris Lessing


La escritora británica Doris Lessing ganó el Premio Nobel de Literatura 2007, máximo galardón literario del mundo otorgado por la Academia Sueca. Lessing nació en 1919 en Persia, actual Irán, de padres británicos, y se crió en Rhodesia, actual Zimbabwe. Desde 1937 vive en Inglaterra.

Una obra pegada a la piel del tiempo
Ana María Moix
Hace años que Doris Lessing era candidata al Premio Nobel de Literatura. Tantos, y tantas veces se dio por seguro que lo obtenía, que hace apenas unos días, en vísperas de la proclamación del premio, aunque la escritora británica seguía entrando, como siempre, en las quinielas de posibles galardonados, pocos creían que lo obtendría. Es un Nobel que llega tarde, pero mejor tarde que nunca. Un Nobel de Literatura que, en España, no pilla desprevenido a nadie, ni a críticos, ni a la prensa, ni a los libreros, ni a los editores. Nadie, en los medios culturales, ha tenido que precipitarse a Internet para enterarse de quién era la autora galardonada. Otra cosa muy distinta es lo que atañe al lector: pocas personas que practican la lectura literaria ignoran el nombre de Doris Lessing, lo cual no equivale a decir que hayan leído sus libros.
Doris Lessing empezó a editarse en España a principios de los años sesenta. Recuerdo --y conservo-- la edición de su espléndida colección de relatos La costumbre de amar, editada por Carlos Barral, recomendada por Gabriel Ferrater, perteneciente en aquella época al consejo asesor de Seix Barral. Desde entonces, varias son las editoriales que fueron publicando sus libros, nunca, ésa es la verdad, muy vendidos en España pese a haber obtenido premios tan importantes como el Príncipe de Asturias de las Letras, y el Premi Catalunya, otorgado por la Generalitat. Ahora, el lector tendrá ocasión de enmendarse y leer a esta autora que desde 1950, año en que se dio a conocer con dos libros (Vencida por la sábana y la espléndida Canta la hierba) ha producido una obra admirable que, a lo largo de más de medio siglo, ha reflejado los problemas más acuciantes del mundo que le ha tocado vivir.
La discriminación racial, la pobreza, las brutales desigualdades sociales y económicas gestadas por las clases dominantes para poder seguir señoreando la tierra, el poder de los más fuertes sobre los débiles, todo ello aplastando el sentir de la colectividad y contrapunteando los eternos conflictos del individuo (el dolor, la muerte, la soledad, el odio, el amor, en fin, los temas eternos de la literatura y del arte) están presentes en las tramas argumentales de Lessing, en el universo novelístico que le es propio, pero organizado por una alquimia verbal, por una estructura narrativa, por una galería de personajes creados con una tremenda solidez psicológica y emocional. De hecho, Lessing ha creado una obra pegada a la piel del tiempo, de su tiempo, que es el nuestro. Incluso en sus dos volúmenes memorialísticos (Dentro de mí y Un paseo por la sombra) y en el célebre El cuaderno dorado, libro emblemático del feminismo de los años sesenta y setenta, la protagonista no era ella, sino los problemas a los que el mundo contemporáneo la enfrentaban. Y, nunca anclada en el pasado, y apenas en el presente en los últimos años, sus libros más recientes (Mara y Dann, e Historia del general Dann, de la hija de Mara, de Griot y del perro de las nieves) apuntan a un futuro que ya es hoy: los desastres ocasionados por los crímenes contra el sistema ecológico. Una trayectoria literaria, ética y moral encomiable.
El País

Es autora de obras como “Canta la hierba” (1950), “El cuaderno dorado” (1962), “Historias de Londres” (1992) y muchas otras que le han hecho merecedora de un gran número de premios, entre los que destacan el Médicis y el Príncipe de Asturias de las Letras.
El zumbido de su cerebro trabajando
Rosa Montero
Es difícil describir el impacto que produjo El cuaderno dorado de Doris Lessing en las escritoras o aspirantes a escritoras de la época. La obra salió en 1962, pero en España la leímos en la transición y cayó en nuestras mentes como una bomba, rompiendo paredes, haciéndonos más libres y, como suele suceder con los materiales altamente explosivos, causando también considerables estragos. Era una novela que hablaba de problemas reales de mujeres reales; de Anna Wulf, escritora y madre en solitario de una niña, y de su lucha para salir adelante, para trabajar, para encontrar su lugar en un mundo que acababa de dinamitar (de nuevo un símil pirotécnico: eran tiempos fulminantes) los roles sexuales tradicionales. Y trataba de estos temas, por entonces novedosos, con vigor intelectual y con una gran complejidad formal. Fue un libro rompedor, y de ahí los estragos, porque una legión de escritoras se dedicó a imitar su estilo cacofónico, híbrido y fragmentario, tan original como brillante. Incluso se estereotipó, durante cierto tiempo, una supuesta voz literaria de mujer que pasaba obligatoriamente por escribir así, con esa técnica como de retales. Ni qué decir tiene que los resultados fueron por lo general calamitosos.
Ésta es la parte negativa de su influencia. Pero la positiva fue enorme, y consistió precisamente en lo contrario. Doris Lessing demostró que se podía escribir sobre temas que antes habían sido considerados como de mujeres con altura intelectual y con calidad literaria. Y que a través de esos temas se podía retratar el mundo con tanta hondura y amplitud como a través de cualquier otro.
Leo que la Academia Sueca le ha dado el galardón como transmisora “de la experiencia épica femenina”, y me parece una explicación errónea e injusta. Creo que para Lessing la llamada “experiencia femenina” podía ser tan épica o tan mísera como la masculina, y exactamente equiparable a la hora de intentar entender la vida. El peso del prejuicio hace que todavía muchos crean que, cuando una mujer escribe una novela protagonizada por una mujer, está hablando de mujeres, mientras que cuando un hombre escribe una novela protagonizada por un hombre, está hablando del género humano. El cuaderno dorado nos enseñó que la “experiencia femenina” no era ni más ni menos que una experiencia profundamente humana.
No he vuelto a leer la novela desde entonces, y es posible que la obra haya envejecido. Creo que hoy preferiría otras cosas suyas, como la serie de ciencia-ficción de Canopus en Argos, o sus dos hermosos libros autobiográficos. Su escritura es tensa, sólida, intelectual; más que una narradora apasionante, es una pensadora apasionada, y es el brillo y el calor de su cerebro lo que más me fascina. Su obra, en cualquier caso, abrió innumerables puertas a las escritoras que vinieron después (y también a muchos escritores).
La entrevisté en su casa de Londres hace nueve años: llegué casi emocionada, consciente de mi deuda. Encontré a una anciana pulcra, magnética, huraña y austera. Vivía en una vieja casita con jardín cuyo piso bajo, cubierto de periódicos y trastos arrumbados, estaba impracticable. La escritora habitaba en el piso de arriba, un espacio modesto y ordenado, pero raído, con muebles, libros y alfombras que parecían haber ido envejeciendo con ella. Y allí, como una refugiada de la creciente decadencia de las cosas, Lessing seguía luchando por ser, por saber, por aprender. Casi se podía escuchar el zumbido de su cerebro trabajando. Una mujer extraordinaria.
El País