Cultural

Lanzamiento de las 100 novelas para siempre


Para Francisco Javier
Sancho Más.
“En torno a una mesa
de cantina, tres alegres bohemios…”,
poema popular

Protagonista de la noche fue el calor, sofocó, enervó, salimos del sauna al momento de las intervenciones del público, quería plantar su rol de lector, unos consumados hasta la obcecación. Como siempre, apareció un “dariólatra” afirmando que Rubén es el universo y lo contiene todo, parecía que estaba regando cortina de pinol para proteger tal chauvinismo, otro trató de confrontar la novela y el ensayo como si no se supiera que éste desarrolla, argumenta, expone y demuestra sin personajes, casi en el aire, el colmo llegó cuando una donna lamentó que un niño de la calle no le devolvió su sonrisa, al ragazzo le valió madre y brillante conclusión: la culpa la tiene el hambre.
Recordamos a Vargas Llosa, pues bastante bien ha dicho que el arte se da el gusto de no aleccionar, de no caer en moralinas ni consignas gratuitas, ni aconsejar a nadie, de pre y representar todo aquello que Doña Norma tapa y quedarse tranquilo sin que le corten la cabeza, “La Reina de Corazones” podrá empurrarse, pero no pasa a más.
“Melificó toda acritud el arte”, tal vez ni el mismo Darío se creyó esa frase salvífica de simple desiderata brotada de sus yerros, menos mal mencionaron que los genios a veces la cagan, human condition.
Hay que multiplicar bibliotecas, excelente, llevarle a la gente la tortilla de la enseñanza, la cultura hasta su mesa, joder, que se muevan, que caminen, ¿acaso los grupos que cantan cabe al “Pellas” se instalan con todo y sus equipos en los patios domésticos?, que los curas andan bautizando en aposentos, “muévanse todos, al bailar”, las personas no están tullidas y las galerías disponen luces y espacios específicos para exponer conforme, las sinfónicas cuentan con recintos sin ecos o reverberaciones acústicas y el estadio mantiene un cuadro verde con las medidas reglamentarias donde hay que acudir, tampoco el banco va transando de puerta en puerta.
¿Son pocos los lectores?, la Salvadora dice que no, no les gusta leer, uyuyuy, lamentaciones de Jeremías, jeremiadas, jodido, hay que competir con la imagen, con los medios de proyección acústico visual o asociarse con ellos o llanamente huir de aburrir como del diablo.
El denostado “Harry Potter” por vender tantos millones ha devuelto a los chavos ingleses el hábito de la lectura, sin duda ya se irán acostumbrando a leer cosas mejores, pero entre quejaderas y bostezos nadie quiere transitar, el seso y la erudición que mejor se queden circunscritos a un género propio. Claro, “con un dedo toco tu boca...”, es una bella pieza maestra de “Rayuela”, por Julio quedamos “enrayuelados” for ever, pero tampoco repitamos a Manet cuando vio un Velásquez y dijo que para qué pintar más, si solo hubiera cumbres, por falta de comparación jamás destacarían, obvio. Gracias a Coetzeé nos sumergimos en la niebla difusa de “Esperando a los bárbaros”, con la imprecisión del tiempo histórico y del espacio geográfico. Por último, ¿se pierde con la edad la capacidad de asombro?, a pregunta necia, oigan la respuesta: depende, no te disculpe por tus setenta Miguel Ernesto, sí es seguro que se gana en juicio, capacidad de crítica y valoración, suficiente nos han dado en la vida atole con el dedo para también exigir capacidad de asombrar.

Managua, 2 de Octubre del 2007.