Cultural

Ensayo o novela


Estuvo muy interesante la presentación-conversatorio del libro “Las 100 novelas para siempre del siglo XX”, del joven escritor Francisco Xavier Sancho Más. Brillante libro compuesto por cien ensayos sobre obras de la literatura universal que según el autor son las más relevantes.
Estaban presentes en el estrado el escritor Sergio Ramírez y el poeta Luis Rocha, quienes junto con el autor, además de hablar de la obra en cuestión, hacían un llamado a los presentes a promover la lectura de novelas y la lectura en general.
El que escribe estas líneas, poco lector de novelas no así de ensayos, al ver que el conversatorio giraba más a favorecer la lectura de novelas, pidió la palabra para manifestar que se encontraba obviamente en minoría en el auditorio. Instó que con la misma energía que se promueve la lectura de las novelas se debiera hacer con los ensayos, análisis y estudios. Muy poco eco tuvo el llamado, pues sólo ameritó unos pocos comentarios que más bien reforzaban lo que a la mayoría más le gustaba; la novela.
Reflexionando sobre el asunto, su intelecto lo atacó dormido. Empezaron sus divagaciones oníricas que lo inquietaron toda la noche. Su inconciente le enseñaba el auditorio donde hace poco había estado. Vio entrar a Doña Novela y a Don Ensayo muy sonrientes los dos, dispuesto al debate en el estrado. Don Justo Medio era el moderador de tan noble dialéctica intelectual.
Don Justo Medio: Damas y caballeros, esta noche es debate, pues estos señores quieren seducir su intelecto, pero vayamos al grano y dejemos que ellos se presenten.
Doña Novela: Queridos lectores, mi madre es la Imaginación y mi padre es el Intelecto. Mi función es ser bálsamo para su espíritu y soy refugio de la cultura.
Don Ensayo: Queridos lectores, mi madre es la Realidad y mi padre es también el Intelecto. Mi oficio es ser instrumento de solución a los problemas del mundo y mi lucha es el permanente conocimiento.
Don Justo Medio: ¿Por qué Don Ensayo pidió este debate?
-He pedido el debate porque en este país se me ha subestimado, y no han encontrado mi valor. Mas esa señora fantasiosa y engreída tiene embaucado a sus lectores con inútiles tonterías.
-¡Ah, no! exclamó Doña Novela, a mí usted me respeta, mi creatividad no es tontería, más lo son sus extensos y aburridos párrafos que no estimulan terminarlos a sus pocos lectores. Don Ensayo, acéptelo, usted es aburrido.
-Sólo una incauta como usted pensaría que el adquirir conocimiento es fácil. Parafraseando a Tomás Alba Edison, que no era novelero, el conocimiento (éxito) es noventa y nueve por ciento transpiración y uno por ciento inspiración.
-¿Usted se cree dueño del conocimiento? Usted está errado, en mis páginas se encuentra a montones, sólo que con la anestesia de la imaginería.
-¡Basta de boberías! --exclamó Don Ensayo muy enojado-- su imaginería sólo sirve para confundir a sus lectores, que al final no saben distinguir la realidad de la ficción. En cambio, yo soy responsable de mis actos, las cosas que digo las sustento, tengo responsabilidad civil y penal, pues no me refugio en la famosa “licencia literaria” para plagiar y calumniar solapadamente.
-¡Ah, no! usted no sabe con quién se metió. La libertad de expresión lo cubre también a usted, y no llame a sus opiniones personales “cosas” con sustento. Usted pasó por mucho tiempo diciendo que la tierra era plana, quería así, enmendarle la Plana a Dios, valga la redundancia. Por mí tiene lengua para hablar, no lo olvide. Usa mis metafóricas leyendas para sus elucubraciones. Sino, está Freud de testigo, quien usó a mi Edipo para describir su complejo. -Complejo es lo que ha inculcado a sus lectores con sus locas tonterías. Pero usted también me ha usado a mí. ¿Cuántas páginas no has gastado hablando de amor platónico?, o se va atrever a decir que lo sacó de su imaginación. Ha embaucado al mundo con su cuento artúrico del santo grial, hasta hoy llegan los ecos de su infamia. Sigue engañando a niños con su nuevo Harry Potter. ¿Cuántos niños creerán que la vida es un cuento de hadas?
-¡No sea amargado hombre! Usted cree que la vida es solo estudio, estudio y más estudio y verificación. Pues hay que darle un respiro al alma, al espíritu, hay que soñar. Sin embargo, yo mientras juego le ayudo en su trabajo, le doy pistas para sus divagaciones. ¿Julio Verne no le dio acaso las pistas para muchas de sus reflexiones?
-Lo que no me gusta de su persona es que tiene un temperamento volátil, hoy está pesimista y mañana alegre, pasado mañana melancólica. Yo soy consistente, siempre estoy en estado analítico y con entusiasmo de trabajar y descubrir.
-¡Qué equivocado está mí querido amigo! La imaginación no tiene estado de ánimo, más bien despierto al lector estados de ánimo. A ver, usted que se cree científico, ¿podría inventar un Espiritómetro o un Felicidómetro para medir la satisfacción de mis lectores? -Lo que puedo inventar es un Depresiómetro para medir a los lectores de la Metamorfosis de Kafka. Carl Jung descubrió su influencia en el inconciente colectivo y también a él lo utiliza cuando habla de los simbolismos y arquetipos. Además le pregunto ¿por qué en los países desarrollados soy más popular que aquí?
-¡Cómo confunde la felicidad! Mi contenido es para el espíritu y el desarrollo no significa felicidad. Además...
De pronto interrumpió el diálogo Don Intelecto, padre de los querellantes.
- ¡Basta ya!, dejen de pelear, este diálogo no sé si lo han hecho una novela con complejo de ensayo o un ensayo con complejo de novela. Quiero decirte a vos Ensayo, tu madre no es la Realidad, y a vos Novela, tu madre no es la Imaginación. Ambos son hijos de Sofía, la verdadera causante de la plenitud del ser. Realidad e imaginación son características de sus personalidades. Al decir esto el padre Intelecto, ambos callaron, y el muy atinado moderador, don Justo Medio, decretó: empate técnico.

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