Cultural

La anti-poesía, los jóvenes y un nicaragüense de Guatemala


Anti-poesía…

Dos artículos publicados en EL NUEVO DIARIO me incitan a escribir sobre el evento de divulgación turística en Granada, donde se realizaron actos culturales y lecturas… A dicho evento no he tenido motivación de asistir, dicen que se leyó poesía extranjera por poetas extranjeros y se leyeron escritos de los nicaragüenses; estoy seguro que la mejor poesía nicaragüense no estuvo en el Festival de Granada, si tomamos como cierta la frase: “La mejor poesía es la que no se escribe”.
Estuvieron presentes buenos escritores con egos altos, ungidos por el mismo círculo de amigos ya de salida de la literatura, como da a entender en un buen artículo la joven perspicaz Eunice Shade…
Deben aceptar la realidad del desplazamiento y ser ejemplos para la juventud de nuevos escritores y pueblo en general, como lo fueron el hermoso Franz Galich, el robusto Clemente Guido, el avispado Juan Aburto, el rebelde Flavio César Tijerino y otras glorias de nuestras letras, relacionadas de forma sencilla con la juventud. Yo fui uno de esos afortunados, al ser oído por ellos.
Decía Jorge Luis Borges: “Los escritores que están demasiado seguros de lo que dicen --aunque tengan razón--, no son siempre los mejores”.
Es lamentable que los galardones literarios sean ofrecidos por ellos mismos para ellos mismos, que las páginas literarias sean copadas totalmente por los mismos directores y además abusen de la amistad de los directores y accionistas de los diarios para ocupar sus páginas también; eso es falta de consideración para los lectores, es dictadura o monopolio literario.
¿Quién determina la calidad del poeta y su poesía? “Los abuelos de la literatura nicaragüense”, ellos mismos diciendo lo que es poesía y lo que no es poesía; ellos piensan que lo escrito por ellos sí es poesía, y se aplauden.
Escribió Antonio Machado en su libro Juan de Mairena: “…para eliminar de la poesía lo que no es poesía, hay que saber lo que no es poesía; y para saber lo que no es poesía, hay que saber lo que es poesía.”
Pintoresca la actividad, buena para relajarse, recibir invitados y dar a conocer Granada y sus pueblos, así como los corazones gozosos de los organizadores.
En el festival estuvieron escritoras reconocidas y bellas, según las gráficas de los semanarios, que sin duda hicieron más agradable este último encuentro, matizado por un nuevo género: la anti-poesía, idea original que suena diabólica para los dioses poéticos.

El Franz Galich nicaragüense
“La única muerte es el olvido…”
Flavio César Tijerino

El guatemalteco quiso ser nicaragüense, le gustaba esta patria y aprendió a amarla. Le hería cuando algún necio le señalaba su origen con mala intención. Fue un hombre, maestro, amigo, oidor de jóvenes. Sencillo en sus hábitos y su vestimenta, en su andar y el deje patrio que nunca pudo cambiar a pesar de escribir como se habla en Nicaragua.
Franz Galich consideró importantes a los noveles escritores, invitándonos a mostrar más.
Yo tuve la suerte de ser publicado por él cuando estuvo en Bolsa de Noticias, y de ser presentado en la Galería Epikentro, con motivo del lanzamiento de uno de mis libros.
El hombre rubicundo, de bellos ojos verdes, azules o celestes, rindió su rey en una soberbia partida, donde su alma era disputada.
Cuando fui a verlo enfermo al Hospital Militar, la primera vez, me dijeron que estaba en su casa; cuando fui a Ticuantepe, había vuelto al hospital, y en esos días no lo pude ver. Hablé por teléfono con él, me dijo que iba a estar unos días internado y después en su casa, donde me esperaría. Pero su caso se fue complicando.
Recuerdo la alegría con que recibió la noticia de ser traducido al italiano. La noche de la presentación por Sergio Ramírez de su libro Managua Salsa City, andaba muy contento.
El día, funesto para amigos y familiares, la Divina Providencia puso en mi camino a un varón que Dios ha transformado; eran las tres de la tarde y le pedí una oración por mi amigo Franz.
Llegamos a la unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar y los ángeles quitaron los obstáculos para entrar. Nos lavamos las manos, nos pusimos los camisones y entramos. Franz estaba en la primera cama, me miró y sus hermosos ojos azules o verdes, brillaron de alegría, me pidió un lapicero y un papel, porque medio articuló palabras diciendo que no podía hablar, tenía una boquilla de oxígeno en su boca y nariz. Escribió con manos temblorosas su última frase, más bien trataba de ser una pregunta:
-Tu poesía Da…
-Ahí está, le respondí.
Su rostro estaba desgajado.
-Franz, venimos a orar por vos.
Cuando le dije eso, el ángel de la muerte cerró sus ojos para hacerlo dormir.
-Sabe que venimos a orar --me dijo mi acompañante--, el ángel de la muerte y el ángel de la vida se lo están disputando.
Esperamos un poco, orando a Dios en voz baja, Franz volvió en sí, entonces le dije que repitiera con nosotros la oración al Todopoderoso, pidiéndole perdón por sus pecados y aceptando a Jesucristo como su salvador. Los ángeles batallaban, pero Franz pudo aceptar en sus últimos momentos de vida la salvación y su arrepentimiento fue escuchado.
Salimos de la habitación, dejando a Dios hacer su voluntad. Después su cuerpo murió, pero para gloria de Dios, Franz es salvo, ese día descansó de sus dolores y su nombre fue inscrito en el libro de la vida.
Mientras su cuerpo era velado y sepultado, yo hacía ayuno y oración por dos días en un centro del Crucero para que sus pecados fueran lavados por la sangre del Cordero.

Danilo Guido
18 de febrero, 2007.