Cultural

Los dominios del aprendiz


“Los dominios del aprendiz” (2005), de Santiago Molina, tensa un lenguaje poético entre la prodigalidad y la concentración verbal, para apropiarse del mundo objetivo con mirada intelectual y reflexiva.
En “Los dominios del aprendiz”, lo libresco y culto se torna cotidiano y lo cotidiano se transubstancia en letra e imagen, color y habla, bibliografía y cuadro, de manera que su escritura, partiendo de una atención sistemática sobre la minucia y la sencillez, comunica lo grande y lo grave y establece el nexo esencial de un destino compartido entre las partes y el todo de la condición humana: consolación y treno, ironía romántica y humor llanto, atmósfera de dolor dulce y ascético, amoroso tono, escudriñador de muchachas como hojas del Talmud, para decir algo destituido,
anhelante o victorioso y reconocer, en la singularidad de otras vidas, la propia. Pieza de convicción de la vivencia, el poema es el espacio de la verdad y de lo bello.
La escritura de Santiago Molina, asumida por él como una empresa de transformación personal, en el continuo volver y reformar el texto --Los dominios del aprendiz--, es del mismo modo un lugar, que siendo también su punto de hablada, viene a ser la única certeza para discernir lo ilusorio de lo real, lo caduco de lo que pervivirá.
Valoración de la existencia, es también un sentimiento y una emoción para hacer del discurso un organismo vivo y no sólo una actividad de organización precisa y fría. Hay siempre una inteligencia que siente y un sentimiento que piensa: sentimientos que se articulan con la fuerza argumentativa de una idea, ideas que brotan como emociones para teñir el ambiente de la memoria, del sueño, de la visión, integrando la sustancia síquica y las aprehensiones de los sentidos en formas, que actúan como pulsaciones de la belleza.
Signo –-Los dominios del aprendiz-- inscrito en el contexto de la tradición literaria nica-ibero-latina, aprovecha otras tradiciones europeas (incluyendo la eslava de sus días rusos) con un punto de reposo en la de Francia y uno de fatiga en la diáspora del hebreo.