Cultural

Penélope cinco veces


Era la más abnegada, rodeada de agua en su natal Ítaca, añorando al eterno Ulises, ella no llora, sólo espera, tejiendo las puestas de sol; una tras otra.
Penélope, la más elegante, conduce su Porsche, convertida en caricatura de televisión, con un pañuelo de seda anudado al cuello, huye de los desengaños del amor, en una loca carrera sin fin.
La sublime es la de Joan Manuel Serrat, la Penélope esculpida en letras, hecha canción y puesta en todos los labios; como un consuelo.
La cínica fue la Penélope-lesbiana, la que trabajaba para las feministas; la que buscaba financiamiento a través de su organismo no gubernamental, para su propio beneficio, la que ya consiguió finca, casa, amante con hija y novio. La que ya establecida desconoce a los de su orientación sexual, porque ya se siente incluida en el sistema; ésa no espera a nadie, sólo a los miles de dólares que le llegan mes a mes.
Y la estúpida, la que en este momento se mira en el espejo, a la que se le cae el pelo escribiendo cuentos, la que no recibe dólares, la que no inspirará una canción, la que siempre anda colgada en los buses, la que no tiene una isla donde esperar al cabrón de Oliver Jürg que nunca volverá; esa soy yo ¡Aaaaaaah!