Cultural

Las huellas de Günter Grass

La autobiografía del escritor alemán, “Pelando la cebolla”, salió el miércoles a la venta en Alemania, antes de lo previsto y en medio de la polémica desatada por la confesión de su pertenencia a las SS del régimen nazi.

La revelación más polémica que se ha producido en Alemania en los últimos tiempos, la de que el escritor Günter Grass, de 78 años, fue miembro de la Waffen-SS, era en realidad una información al alcance de cualquiera desde 1964 en los archivos del Ejército alemán en Berlín. Si algún historiador o biógrafo hubiese ido a buscar información sobre Günter Grass, habría encontrado dos fichas en las que, rubricado con firma y huellas digitales, Grass afirma haber pertenecido a la División Acorazada de la SS Frundsberg.
Se trata del registro que se hizo del escritor el 3 de enero de 1946, siendo prisionero de guerra de las tropas estadounidenses, con ocasión de su traslado de un campo de prisioneros a otro. Grass, que para entonces ya tenía 18 años, había sido capturado por los americanos el 8 de mayo de 1945 cerca de Marienbad. Günter Grass era el preso número 31 G-6078785. Su profesión: “colegial”.
“Cualquier biógrafo hubiera podido ver el documento”, declaró al Berliner Zeitung Peter Gerhardt, subdirector del Servicio Alemán de Información sobre los caídos de la Wehrmacht (WASt). Sólo quedó registrada en el archivo una consulta realizada hace 13 años por una aseguradora para comprobar los datos que había aportado Grass para solicitar una pensión. El WASt administra los archivos de la Wehrmacht, nombre que recibía el Ejército alemán de la época, y de la documentación que le entregaron las tropas aliadas. El último archivo que engrosó los fondos del WASt fue el de Estados Unidos, en 1964. Es probable que ésta sea la única mención que se conserva sobre Grass, ya que los archivos personales de las SS, que se encontraban en la ciudad de Bamberg, fueron destruidos por la propia SS al finalizar la guerra. Varios archivos desmintieron tener algún tipo de información sobre Grass en sus fondos de la época.
Tampoco se acuerdan del escritor sus antiguos compañeros de división, 60 de ellos octogenarios, miembros de la Hermandad de Excombatientes Frundsberg, que todavía se siguen reuniendo anualmente para rememorar las batallitas de la II Guerra Mundial. “He estado investigando, al enterarnos de lo ocurrido, pero ninguno se acordaba de Günter Grass”, declaró al portal de noticias Spiegel Online Edmund Zalewski, de 83 años.
“Yo no tenía conciencia de culpa alguna; me llamaron a la Waffen-SS. No participé en ningún crimen, pero siempre tuve la necesidad de contarlo algún día en un contexto apropiado”, declaró Grass en una entrevista que emitió el jueves pasado la televisión pública ARD. El novelista explicó que aceptaría la decisión de la ciudad de Gdansk de retirarle la ciudadanía de honor, “pero no veo motivo para yo rechazar ese honor”.
Sobre el lugar que ocupa en su libro la pertenencia a la Waffen-SS, Grass explicó también en la entrevista que “las cuestiones más críticas son otras: el no haber hecho las preguntas adecuadas, deslumbrado como estaba, acerca de determinadas situaciones en el círculo familiar”.
Entretanto, la Fundación Príncipe de Asturias descartó el miércoles retirar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, concedido a Grass en 1999. Su director, Graciano García, declaró que la información conocida sobre el escritor no disminuye su admiración por él “como intelectual, grandísimo escritor y, en lo que he conocido, como ser humano”.
Ante el revuelo creado por la revelación, la editorial decidió sacar a la venta el libro de memorias de juventud de Günter Grass Beim Häuten der Zwiebel (Pelando la cebolla), que no estaba previsto que llegara a las librerías hasta el 1 de septiembre. En España lo publicará en 2007 la editorial Alfaguara, traducido por Miguel Sáenz. El mismo miércoles ya era el quinto libro más vendido en la librería de Internet Amazon.
También el miércoles continuaron las reacciones en Alemania y Polonia. El director de cine Volker Schlöndorff, que filmó El tambor de hojalata en 1979, asegura en una carta abierta a Grass en el diario Der Tagesspiegel: “Como escritor, sometes tu propia narración, así como la de tus héroes ficticios, a la única ley que te es sagrada, el arte. Si en ello se derrumba un monumento surgido de toda una vida de trabajo, no puedes hacer nada”.
Después de las duras críticas llegadas desde Polonia, el periodista Adam Michnik, Director del periódico Gazeta Wyborcza, defendió al escritor nacido en Gdansk. “Polonia no ha tenido durante muchos años un amigo más fiable y generoso en Alemania”, escribió Michnik en un artículo publicado el miércoles en su diario. “¿Tan difícil es para los polacos entender el drama de la generación de alemanes jóvenes que fueron seducidos por la propaganda totalitaria de los nazis?”, se pregunta Michnik.
El País.