Cultural

Travesuras de la niña mala

Travesuras de la niña mala, la más reciente novela de Mario Vargas Llosa (Alfaguara, 2006), es una obra que se desplaza entre lo trágico y lo cómico

Asimismo, la novela logra desplazarse por distintas geografías, entre las cuales sobresalen París, Londres, Tokio, España y el mismo Perú. Sin embargo, otro de los desplazamientos que se logra dentro de la obra es el del tiempo, así como el de diversos formatos populares que son usados para imprimirle un estilo llano, sin complicaciones, y en ocasiones prosaico.
Es ésta al menos una intención del autor, pues la historia, desde el título, nos remite a algo más que a un conflicto entre narrativas estéticas. Vargas Llosa nos coloca en el centro del espacio público transnacional con lo que hoy se juega en el intercambio entre culturas, pues sus formatos y sus desplazamientos geográficos dan cuenta de ese ajuste de hibridez del que desde hace tiempo vienen estudiando gente como Homi Bhabha y el mismo Néstor García Canclini en América Latina.
Dicho de otra manera Vargas Llosa utiliza estos formatos y se vale de los desplazamientos para popularizar su obra, pues es una novela que se desliga de los formatos narrativos complejos para entrar a un universo popular y lineal, lleno de imágenes emotivas y de reapropiaciones del sentimentalismo romántico-popular, muy al estilo de la línea del postboom: Manuel Puig, por ejemplo.
Sin embargo, podemos decir que el mismo Llosa ya había puesto en práctica estas estrategias, pues en la Tía Julia y el escribidor, así como en Pantaleón y las visitadoras, juegan un rol importante. Por ello uno de sus mejores recursos en esta obra es el pliegue a esa serie de formatos populares tales como la novela folletinesca, el melodrama y la misma novela rosa. De igual manera, es una obra que se deja fotografiar, pues cada uno de sus movimientos está concebido desde una configuración cinematográfica.
El asunto de los formatos populares se puede entresacar de parte del mismo personaje llamado Ricardito, pues éste en ciertos momentos afirma sentirse un personaje de telenovela, debido a las actitudes, las frases que construye y su desenvolvimiento de hombre enamorado. Es así que la pasión de éste por la niña mala, una joven (que luego pasa a ser madura y vieja) al estilo de Mata- Hari o de esas mujeres que han causado estragos por su condición de castigadoras, llega al extremo de pensar en el suicidio o de realizar una serie de proezas muy caballerescas, pero muy entrado el siglo XX.
No obstante, los personajes se desplazan como testigos del tiempo en el que les tocó vivir. Es así la efervescencia de las revoluciones, sean éstas políticas, como la de Cuba, o bien culturales, como los denominados movimientos hippie, pasando por el mayo del 68 francés hasta llegar a un Perú asediado por un conflicto constante y desgarrador que en la obra se cuenta en base a epístolas o noticias periodísticas, he ahí otro cruce de lo popular sentimental como estrategia que articula la fabulación de la novela.
Puedo afirmar siguiendo a Julio Ortega que Vargas Llosa, quiérase o no, logra una lectura conflictiva de la nación a través de las cartas que el tío de Ricardo le hace llegar hasta París. Es decir, media en la trama de la novela una representación de tropos ideológicos como los comentarios sobre las dictaduras militares y los movimientos guerrilleros de la época, así como la mención de la intelectualidad francesa de la época que, según el narrador-personaje, circulaba de una intelectualidad creadora que trataba de representar el mundo a través de la imaginación a una de corte más crítica y teórica encabezada por Michel Foucault. El narrador menciona a estos autores, a los cuales él ve y lee en el propio París (Ricardo es el típico intelectual latinoamericana que ve en Francia el mejor sitio para vivir), como parte sustancial de los acontecimientos que él vive correlativamente a su amor por la niña mala.
Es así que, pese a que la mayor parte de la narración se la consume el idilio no correspondido entre Ricardo y la mujer que constantemente se transforma, debido a que ambiciona poder y dinero, y lo va logrando a través de distintas uniones maritales, pero siempre sosteniendo amoríos con Ricardo, hay algo fantasmático en la obra que reescribe como presente el tiempo irrecuperable de un Perú, en una ceremonia de fervor tragicómico, pero de indudable sentido fúnebre.
Adquiéralo en la Casa del Libro, de la CST, una cuadra y 10 vrs. abajo.

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