Cultural

Nuestro primer filósofo

Alejandro Serrano Caldera es nuestro primer filósofo por su constancia, la calidad y el rigor de su hermenéutica

Su claridad expositiva y la variedad de los temas expuestos, siempre ordenados en torno a un tema, hilo o asunto común: la descripción de la enajenación humana (el hombre escindido entre la Naturaleza y la Historia, la dialéctica del Amo y del Esclavo, la oscilación entre nación e imperio, las eternas y actuales relaciones entre mito y utopía) y la búsqueda de la identidad, identidad que, en nuestro caso latinoamericano, es búsqueda y fundación de la nacionalidad.
Acicateado por estas inquietudes, suficientes para llenar y atolondrar cualquier vida normal, Serrano, en medio de su ajetreada vida de jurista, analista y hombre político (político en el sentido humanista de la palabra, tal como lo entendían los griegos: el arte del diálogo vivificante en la polis, el arte de los ciudadanos que intercambian sus intereses y puntos de vista en el ágora), ha logrado estructurar una serie de obras que lo colocan, por derecho propio, en la galería de los más destacados intérpretes de la identidad y del destino de nuestra América.
Siguiendo los pasos de Zea, Ardao, Salazar Bondy, Ruiz Vallenilla, Dussel y otros, Serrano continúa con la tradición humanista de los grandes fundadores de nuestra cultura moderna, como Alfonso Reyes, Ezequiel Martínez Estrada, Rodó, Aníbal Ponce, Martí, Mariátegui y Vasconcelos, caracterizada por la pluralidad ética, estética y política, por la sana y cordial universalidad que no excluye el color y sustancia de lo nacional y local .
Serrano es, en Centroamérica, el más destacado representante de esta filosofía que quiere constituirse en América Latina no como un reflejo de la europea o norteamericana, sino como una actividad intelectual, una práctica teórica enraizada profundamente en el corazón de nuestras sociedades mestizas , plurales, ardientes , apasionadas, contradictorias, ambiguas, míticas.
Una filosofía que no se quede como fría asignatura pendiente en los currículos académicos, sino que circule y vibre como el aire libre.
Después de una larga trayectoria de pensador que ha discurrido amplia e intensamente, no sólo sobre la filosofía en sentido estricto, sino sobre la política, el derecho, la teoría del Estado y la historia de las ideas, Alejandro Serrano Caldera nos entrega ahora un nutrido volumen de Introducción a la Filosofía: “Los filósofos y sus caminos” (Grupo Editorial Lea, 2006). Un libro que es indiscutiblemente un manual (con las preocupaciones y los objetivos didácticos que esto supone), pero que se deja de leer como un gran ensayo, en tanto su búsqueda es un eje central (el esfuerzo de integración de todas las preguntas que han hecho los filósofos a través del tiempo, desde el mayéutico Sócrates hasta el existencialista Sartre y al maestro de la filosofía de la liberación latinoamericana Leopoldo Zea, maestro de nuestro Alejandro) que plantea la problemática fundamental de su pensamiento: la unidad en la diversidad.
Cierto es que Serrano establece un orden cronológico en su libro, sin embargo, este orden no es esquemático ni dogmático. Este libro de Serrano nada tiene que ver con los panoramas-ficheros o libros por el estilo. Lo que le interesa es lo que va más allá de las diferencias, “el nexo que encadena el núcleo racional de cada etapa, de cada edad del pensamiento humano”. Como filósofo pluralista y relativista que es, discípulo equilibrado de Dilthey, Serrano afirma que “la verdad de la filosofía está en la síntesis de sus verdades parciales que cambian, pero no desaparecen con el paso del tiempo”.
Siguiendo las reflexiones medulares de Ortega y Gasset, y asistido por las construcciones teoréticas de la fenomenología y el existencialismo, Serrano Caldera, pensador atento a las creaciones míticas y poéticas de nuestra América, sabe que la filosofía no existe con mayúscula, imaginada como una gran cariátide del Partenón, una, única e insustituible, parmenídea y platónica. No sabe que la verdadera filosofía son las filosofías en el tiempo, como las querían Sartre y Ortega y Gasset. La filosofía, el pensamiento crítico que brota de la reflexión sobre el Ser, pero que se extiende sobre el cuerpo de todas sus esencias, no se encierra en un solo pensador ni en un solo sistema, sino que se extiende por todos los caminos que la dialéctica abre, como dice Serrano, “como un tejido formado de múltiples hilos y en el que múltiples manos participan en su infinita confección”.