Cultural

La voluntad de fracasar


Germán Pomares Herrera

Por lo general, la gente me pregunta, bajo el supuesto de que soy un experto en la materia de escritura creativa, ¿cuáles son los requisitos para escribir bien un relato, narración, ensayo o poema? Hace algunos años mi respuesta era: leer al menos mil y un libros de escritores probados. Luego me di cuenta de que mi respuesta desalentaba a las personas, quienes terminan --maldición de maldiciones-- convirtiéndose en periodistas para estar cerca de la literatura, en sus periferias, sufriendo amargamente por esa condición de admiradores de lo que otros crean.

Ahora puedo responder de una manera más puntual: podés tener una cultura general amplísima o limitarte a las notas eróticas en las notas rojas; es posible que Dios te tocase con ese don especial que aparece cada 300 años, o bien sos de los que se esfuerzan. Pero lo más importante, a pesar de tus talentos naturales, es que tengás la voluntad de arriesgarte, en consecuencia, la voluntad de fracasar.
El asunto no es miedo al éxito, quedar en ridículo, descubrir que sos una persona común, corriente y silvestre: ése es tema para psicólogos o especialistas en el tarot. La única manera es enfrentar esa hoja en blanco, colocar sobre el papel ese texto que te aguijonea los costados; si es bueno, malo, periodístico… es un asunto aparte y pertenece estrictamente al campo de los críticos.
En mi formación aprendí lo siguiente: de cada diez historias nueve no servirán ni como servilleta, pero son estas nueve las que forman al escritor; quizás estas nueve historias contrahechas nunca se las enseñés a nadie, pero deben estar escritas. Y no se trata de escribir, luego reescribir, reescribir y continuar reescribiendo hasta que un texto quede perfecto, eso es parte del oficio.
Las nueve historias de las que hablo son las que has cuidado, alimentado con datos, corregido, aumentado, disminuido y después de tantas fatigas te das cuenta de que en realidad la historia no sirve para nada y has invertido un año o quizás 20 (claro, cuando seas consagrado la gente apartará los criterios e incluirá esos brodios en tus antologías, pero ése ya es otro tema y es de perceptiva literaria).
Tengo claro que algunos escritores a la primera hacen una obra clásica, pero ésas son otras personas, que probablemente no necesitan esta reflexión, aunque quizás nos hubieran evitado algunos artículos y tres o cuatro libros.