Cultural

Postales en ciudades de arena


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Instantáneas con ańoranza;


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A esta hora ya están cantando las cigarras en el parque, el loco está en la acera de Bancentro, gritando y gesticulando como un nazi, hay una parvada de chigüines jugando en los chinos, está abierta la iglesia y hay misa, está abierta la heladería, la tarde cae despacio, las bancas están llenas de gente, el mercado cerrado, es domingo y estamos en un pueblo que no conocemos, y no pensamos fuera tan tranquilo, San Marcos, Carazo, por él se va a muchos lados, su parque está pintado de amarillo, en los muros y pilares hay dibujos indígenas, hay un árbol de cortés encendido, que dan ganas de tomarle una foto, yo te lo regalo, “Casa abierta” está esperando, existe un lugar allí, que se ha quedado con el corazón en la mano, estuvimos dos días para el amor, los sitios donde hemos estado padecen nuestra nostalgia de la partida, la casa se ha quedado viendo la soledad que hemos dejado, vos y yo hoy, ahora, somos sólo una llamada rápida por teléfono, sin adiós, en este momento ya están cantando las cigarras, y chavalos se suben a los palos para agarrarlas.;


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Ciudad siempre amada;


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Declaración de amor a Matagalpa;


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Cruzaré la ciudad de las alturas;


y miraré esta vastedad de penumbras;


agotadas por la luz, la lluvia, el sol,;


la noche consoladora, el frío que me abraza,;


el bujido del viento que atrozmente ;


me besa la piel y quiebra mis pies.;


Dejame aquí, sosteneme ciudad enorme,;


que ya no sé cómo dejar de amarle, ;


porque antes de partir conocí su estremecimiento,;


su arrobamiento como una rozadura de Dios.;


Dejame aquí, aunque cada calle sea un hacha ;


partiendo mi paso.;


Aunque cada mańana de niebla vea mis ojos;


sin los suyos, ;


y cada paisaje me acompańe sin su aliento.;


Quiero quedarme aquí, ;


y no quiero dejar de amarte, ciudad.;


Mía, hasta el poro más aterido,;


hasta mi miedo más odiado.;


Quiérote, con todo y que mi soledad aquí, ;


es más brutal que el desdén, ;


más agria que mi ácida paz,;


más terrible que mi memoria perdida de amor.;


Consolame, ciudad de dulce maíz,;


de agua escasa y borbotantes ríos.;


Sosteneme, así como que comienzo a caminar,;


como si balbuceo palabras recién aprendidas.;


Como que soy un templo en ruinas.;


Creí no volver después que dejara de amarme,;


pero entre tus cerros, se hace miel mi desolación,;


se arrulla mi cuerpo huérfano, se aquietan mis pasos,;


y mis ojos se duermen. ;


Entre tus secos y dorados pastos,;


bajos tus tiernos y celestes cielos,;


por tus bellos y apacibles caminos, ;


me quedo con vos, ;


Matagalpa, siempre amada.;


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Discurso para despedirte ;


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“¿Con qué puedo retenerte?” Vas a donde querés ir. En verdad para mí retenerte no sería difícil. Pero no está en mi deseo impedir tu voluntad y decisión. Mío no es ese poder. Entiendo la extensión de tu vida, la prolongación de tus sueńos. Aunque a mí me abata la duda o me muerda la desolación. Yo nada puedo hacer. Te vas y me queda la fuga de tu partida. Te reconstruyo en la soledad y vuelvo perdida. Pero como la memoria de la hormiga, que no olvida hacia donde va, así yo en mi hueco fecundo, te espero. Te espero, porque mis deseos van pegados a tu espalda. Y me dejás la seguridad de tu regreso. Pero ¿qué hago ahora? ¿Voy a hablar sola con la noche de verano? ¿Las estrellas y la Luna de creciente consolarán mi soledad? Voy a leer libros tras libros, para hundir mi vida sin vos. ;


¿Voy a escribir versos tristes yo también?;


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Entrega;


Esas trinitarias rojas, ya sin verano,;


que la lluvia tiró sobre la acera,;


las recojo para guardarlas en un libro;


y luego regalártelas.;


Cerrás los ojos y abrís la mano.;


Y al abrir la mía sobre la tuya,;


siento un desvanecimiento al primer;


contacto de esa suavidad apenas intuida. ;


El calor de una piel hasta hoy desconocida.;


La turbación ante la confianza ;


de tus párpados caídos,;


y tu mano abierta y tendida al vacío.;


Entregándose la levedad de la palma tuya,;


en la mía,;


extendida y vencida.;


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Poema a tu nombre;


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Todos y todas querrán saber tu nombre,;


que sólo yo conozco. Tu nombre que he diseccionado ;


como un cuerpo exquisito. ;


Tu nombre que he ordenado como un libro, ;


tu nombre que he amarrado en un hatillo de cosas, ;


tu nombre que he acuńado en una moneda,;


tu nombre con el que he movido una montańa,;


tu nombre que he silabeado con mi lengua,;


tu nombre que he moldeado con mis manos,;


tu nombre que ha expulsado mis demonios,;


tu nombre que ha endemoniado mis palabras,;


tu nombre que he tendido como una sábana en mi cama,;


tu nombre que he servido en mi mesa y he sentado en mi casa,;


tu nombre con el que he escrito poemas,;


tu nombre que he sembrado en mis sueńos,;


tu nombre que nadie me conoce,;


tu nombre al que le he puesto otros nombres,;


tu nombre que me ha amargado la garganta,;


tu nombre que me ha hecho la boca agua,;


tu nombre que me ha calentado la sangre,;


tu nombre que me he metido en la memoria,;


tu nombre que he escrito en mis libros,;


tu nombre que se parece a vos,;


tu nombre que es como tu voz,;


tu nombre que es tu sombra,;


tu nombre con el que todo puedo hacer,;


tu nombre con el que adjetivo tu nombre.;


Con el que hago nuevos nombres;


y es mi nombradía para nombrarte,;


y soy dueńa de tu nombre,;


y todo lo que en él vive y perece,;


y me guarezco en tu nombre,;


y digo tu nombre,;


y pregunto,;


y te llamo,;


nombre.;


Tu nombre con el que exorcizo tu nombre,;


tu nombre que tiene todos los nombres;


que yo conozco y me sé.;


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