Cultural

De la herencia dilapidada de Sandino


— Onofre Guevara López —

La causa de Sandino no ha muerto ni morirá. Sólo ha sido adormecida y dilapidada de muchas formas, entre ellas, con una buena dosis de sectarismo de los propios sandinistas de diversos matices. Más que ninguno, el del Frente Sandinista de Liberación Nacional que nació a la vida activa con una carga sectaria en sus mochilas. ;


Al FSLN se le ubica su nacimiento en julio de 1961 como organización política y militar, aunque sus fundadores habían actuado en otros tipos de organizaciones con espontáneas ideas pro sandinistas, más que todo, atraídos por su sentido patriótico, pero no las ligaron a su práctica, lo cual sí se propuso el Frente desde su partida de nacimiento. El Partido Socialista Nicaragüense –nacido diez y siete ańos antes que el FSLN-, fue la principal de aquellas organizaciones, y quizás la que más cruzó sus espadas de sectarismo con el Frente en torno a la cuestión de quien era y quien no era sandinista. Parece un asunto baladí, y tal vez lo sea, pero no en aquellos días, cuando el FSLN se sentía con más fuerza el derecho de bautizar sandinista sólo a quien militaba en algunas de sus estructuras y adoptaba su método de lucha. Esta actitud, más o menos atenuada hoy, la sigue manteniendo.;


Cuando se cumplieron los primeros treinta ańos de la muerte de Sandino, en 1964, el semanario “Orientación Popular”, órgano no confeso del PSN, me publicó un largo artículo conmemorativo titulado “A treinta ańos de la inmortalidad”, y tuvo como eje central el encargo de sentar posiciones respecto a la ofensiva del FSLN contra lo que suponían una pretensión inadmisible considerarse sandinista fuera de sus estructuras orgánicas. De paso, hubo también que apuntar hacia las corrientes políticas de derechas que trataban a Sandino como un mito, ya para entonces sin valor como ejemplo de lucha contra la dictadura de su asesino y sus herederos, y mucho menos contra el imperialismo, al que consideraban --aún consideran--, reformado de sus “errores” iniciales que tantas veces lo impulsó a enviar sus marines a hollar nuestra tierra.;


La discrepancia FSLN-PSN radicaba en que la concepción socialista de la lucha de liberación se limitaba a las acciones urbanas de carácter político ligadas a las reivindicaciones sociales, con los obreros y los campesinos como sus fuerzas motrices, y excluía –en aquel momento--, la lucha armada en la montańa, a la que el FSLN daba la prioridad y era, prácticamente, la razón de su existencia. Las fuertes polémicas eran directas, casi personales entre dirigentes, por medio de boletines impresos en mimiógrafos y a veces en los actos públicos del PSN, cuyas tribunas se las tomaban los activistas del FSLN, desde donde lanzaban acusaciones a los socialistas con frases del arsenal maoísta, como “social traidores” y “social imperialistas”. ;


Esta polémica, con su violencia verbal, no era tema para radios que no tenían ni periódicos que no fueran el semanario socialista que por razones comprensibles no lo tocaba abiertamente. Lo que trascendió, en los semanarios del PSN, de aquellas polémicas fue sus matices políticos e ideológicos, como los del contenido en el artículo referido, del que saco los extractos que siguen.;


(...) Cuando se trata de honrar el gesto de Sandino no es justo arrastrar su sacrificio y sacarlo fuera de las dimensiones en que la historia lo ha colocado –y en los mejores lugares por cierto--, desde donde se inicia, precisamente, el resquebrajamiento del mito de la inmunidad imperial de los Estados Unidos (lo que sirve) para hiperbolizar estos méritos suponiendo que tal ejemplo es lo bastante para superar las características económico-sociales de Nicaragua. Simplemente, quien piensa así está echando a un lado las nuevas experiencias adquiridas con los profundos cambios de nuestra época. ;


De la misma manera es condenable el interés de los que viven apegados y sumisos ante los nuevos métodos de la dominación extranjera y que, deshonestamente, rinden culto a Sandino al mismo tiempo que firman la defunción de su causa, aduciendo una supuesta “regeneración” de los imperialistas. La política “errada” –según ellos— de viejas administraciones norteamericanas, dio lugar al “nacimiento” de un Sandino: ahora, todo es cosa del pasado, y no cabe más que recordar su sacrificio con muestras de mujeriego recogimiento.;


(...) Ni el optimismo de unos ni la hipócrita admiración de otros, mucho menos las calumnias de los colaboracionistas, contribuye a valorar justamente la gesta de Sandino. Antes bien, dan lugar a que florezcan acusaciones confucionistas de parte de los seudo sandinistas, cuando se dice, por ejemplo, que “los comunistas quieren robarse a Sandino” o que “Sandino no fue comunista”, como si con una u otra afirmación pudiera sustraerse al héroe del verdadero sitial histórico en que su patriotismo lo ha colocado.;


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Ciertamente, para la verdad histórica, y el juicio científico de un marxista, Sandino no podía ser un comunista. Algo más: Sandino se desenvolvió en condiciones históricas inadecuadas para que lo pudieran llevar hacia concepciones más profundas y colarlo al nivel de la ideología marxista-leninista. El fenómeno de un Fidel Castro, por ejemplo, no podía producirse en la Nicaragua de aquel tiempo, por las situaciones nacionales y externas que le rodearon a Sandino. Razón esta, tan poderosa, que privó a Sandino de la fuerza principal y mejor garantía para cualquier movimiento revolucionario, para su éxito, consolidación y desarrollo: le faltó la fuerza vital del proletariado y, con el proletariado, su vanguardia política. ;


Efectivamente, la clase obrera nicaragüense, hasta la década de los 40´ no superaba todavía sus características embrionarias. No había adquirido una personalidad (identidad) de clase y se limitaba a un reducido número de obreros artesanales y, desde luego, al lado de una predominante mayoría campesina. (…) Al mismo tiempo, nuestros hermanos centroamericanos, y con raras excepciones nuestros hermanos del sur, vivían (…) la etapa de infra desarrollo industrial, marcando la debilidad del proletariado. (…) Más allá de las fronteras americanas, en el resto del mundo, la preponderancia del dominio imperialista era indiscutible, mientras que la fuerza organizada del proletariado estaban en su fase de desarrollo, y su único baluarte, el primer Estado socialista del mundo, luchaba por crecer bajo la tremenda hostilidad de todo el mundo capitalista. ;


En tales condiciones no sólo restaba apoyo y solidaridad efectiva al atrevido movimiento antiimperialista de Sandino, sino también impedían un mayor influjo de las corrientes nuevas que impulsan al proletariado mundial (...) La presencia en Las Segovias de Farabundo Martí, marxista-leninista salvadoreńo, no pasó de ser un gesto personal y romántico de ardiente pasión revolucionaria, y no la “infiltración del comunismo internacional”, como se ha querido dar a creer siempre. (...) Poco peso tiene realmente, el papel de un solo marxista al lado de Sandino, si nada de sus buenas intenciones podía cambiar el estado general de atraso que era desfavorable a Sandino. En todo caso, esto no puede dudarse: Martí, como marxista que era, tampoco podía pensar en “establecer el comunismo” en Nicaragua, con el movimiento de Sandino, porque hubiera sido como querer dotar a un automóvil con la potencia de un vehículo espacial. ;


(...) La lucha antiimperialista de Sandino mereció las simpatías de los comunistas y de todos los hombres amantes de la libertad, por su sentido patriótico, grandemente meritorio si se toma en cuenta las condiciones en que le tocó escribir esas páginas épicas en la historia de América Latina. No es ninguna figuración poética de los hermanos de América, cuando dicen con orgullo, que es nuestro también, que “Sandino es la bandera nicaragüense de la rebeldía latinoamericana”.;


Tampoco fue por conmiseración que la opinión pública mundial se solidarizó con Nicaragua; no fue, no es ni puede ser nunca un sentimiento piadoso hacia el “débil” que se enfrentaba al imperio poderoso; no, honrosamente no. Sandino y sus héroes concentraban la atención del mundo y se ganaban el carińo fraterno de América Latina, porque en él, en su causa, se expresaba con lenguaje de fuego la resistencia de todo el continente al vasallaje extranjero. (…) Fue un volcánico grito de libertad; un desdén a los convencionalismos acerca del poder y la intromisión inevitable, fatal, del imperio norteamericano sobre nuestros pueblos. Sandino i-nauguró con su lucha la muerte al fatalismo geográfico, el que Fidel enterró con su revolución victoriosa. ;


(…) El ridículo afán de los seudo sandinistas por acusar a los comunistas de querer robarse a Sandino, no debería tomarse muy en serio. Sandino pertenece a Nicaragua y a la historia , y dado el caso de que sólo las luchas del pueblo y su clase obrera coinciden con los intereses de Nicaragua y con el desarrollo dialéctico de la historia, Ąsólo a los trabajadores pertenecen las glorias y las enseńanzas de Sandino! (“Orientación Popular”, 22 de febrero de 1964).;


Sectarismo contra sectarismo. Esa era (¿es?), en la práctica, una de las enfermedades infantiles del movimiento revolucionario nicaragüense. Sólo después de haber transcurrido más de diez ańos estas ideas sectarias se atenuaron en las relaciones PSN-FSLN, hasta llegar a la aproximación de los socialistas a la lucha armada contra la dictadura y finalmente a la fusión de la mayor parte de los socialistas con el Frente Sandinista, a raíz del triunfo revolucionario. Pero no hubo una superación completa y definitiva del sectarismo, principalmente de parte de muchos cuadros del FSLN, quienes más bien potenciaron el sectarismo en las esferas del poder respecto a los socialistas. ;


Estas actitudes sectarias contribuirían a que las principales fuerzas de izquierda diluyeran su capacidad en rivalidades que resultaron negativas para el fortalecimiento de la revolución popular sandinista. Más deprimente aún: facilitó la infiltración en los círculos del poder revolucionario de desviaciones morales y éticas, a través de elementos aventureros, sin oficios y en busca de los beneficios de un triunfo popular que tenía tras de sí un aporte de ideales y de sangre –dilapidados sin piedad-- de mujeres y hombres honestos y sencillos salidos de las entrańas de nuestro pueblo, generoso siempre, en su entrega por una Nicaragua libre, independiente y democrática. ;


Hice la reproducción de algunos párrafos de aquel largo artículo, porque además de los errores de apreciación que evidentemente tuve respecto a la visión de las discrepancias de aquellos días iniciales entre el Frente Sandinista y el Partido Socialista, por lo menos sirve de algo para entender que, con todo lo justa que ha sido la lucha revolucionaria por sus objetivos liberadores ulteriores, no estuvo exenta de errores que resultaron fatales en determinado momento de la historia. Tal vez sirva también para dar pie a exámenes más rigurosos sobre el desenlace lógico de los individuos que, surgidos en una y otra organización, cultivaron más sus defectos personales que los auténticos ideales revolucionarios que decían profesar, y ahora están en donde tenía que llevarlos su comportamiento: en posiciones de seńores enriquecidos o al servicio de la derecha. ;


De cualquier forma que fuere tomada esta experiencia, y el lugar en que finalmente se ubicaron quienes la protagonizaron, está incólume la razón histórica que hizo surgir a un Sandino y le da perdurabilidad al sandinismo. Sólo hay que ser honesto con el pueblo, Nicaragua y consigo mismo, porque las causas siguen vivas y esperando el pensamiento y la acción de los nicaragüenses patriotas de estas y las futuras generaciones. Vale la pena recordarlo este día 21 de febrero, cuando de forma más intensa nos hace sentir que Sandino vive. ;


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(Martes 17 de febrero del 2004)