Cultural

En el aniversario de un muchacho


— Alberto Guerra Trigueros —

Un periodista centroamericano, de reciente notoriedad en asunto que traspasó los límites de su patria, ha dicho en artículo publicado ha poco en Nicaragua, y refiriéndose despectivamente a la ingenuidad demostrada por Sandino en la firma de la paz, un ańo antes de su muerte, que tal documento “redujo al libertador a las proporciones de un muchacho”.;


ĄUn muchacho!;


Supremo insulto en boca de los que se consideran “grandes”. De los que todo lo saben, y todo lo miden, y todo lo calculan.;


¿Un muchacho?- Pues claro que sí: -ĄY a mucha honra! –contestaría yo a nombre de Sandino. Como que Sandino fue siempre un muchacho.;


Con toda esa generosa sencillez, todo ese incomparable espíritu de aventura, de desprendimiento y de grandeza, que sólo puede caber en el alma ilímite y fresca de un muchacho.;


Por que sólo un muchacho –uno de esos revoltosos muchachos que se arrojan a la vida, en cada mańana del mundo, como quien “se capea” de la escuela– sólo un muchacho desconocedor de las serias y egoístas “realidades de la vida”: sólo un muchacho a lo Peter Pan, que nunca quiso crecer; sólo un muchacho de alma, de fondo y de eternidad; sólo un muchacho totalmente falto de razón y pletórico de sentimiento pudo pretender hacer lo que él hizo: lo que él contra todos los cálculos y las más razonables previsiones, logró realizar en Centroamérica y hacer realizar a otros.;


¿Quién, si no un muchacho, iba a enfrentarse durante más de cinco ańos, carente de recursos, de armas, de apoyo moral y material en su propia patria, no sólo al tremendo poderío guerrero y económico de los Estados Unidos, sino a las adversas circunstancias en que le tocara combatir; quién, si no un muchacho, iba enfrentarse a la selva, al pantano, a la serpiente y al mosquito y ello totalmente falto de medios con qué combatirlos? ¿Quién, si no un muchacho, iba a enfrentarse al mismo tiempo a Norteamérica… y a Nicaragua: la Nicaragua de los hombres-fieras, la Nicaragua de la Naturaleza indómita y feroz?... ¿Quién, si no un muchacho, con toda probabilidad de ser vencido, iba a afrontar la derrota y, por encima y en contra de los más sabios cálculos de probabilidad, iba a triunfar a pesar de todo?;


Porque, dígase lo que se diga, Sandino ha triunfado. Ha triunfado en su vida, puesto que por él, y no por otra cosa, salieron los norteamericanos de Nicaragua. Y ha triunfado en su muerte, en su paradójica y simbólica muerte, porque no fueron los yanquis quienes le mataron, frente a frente, sino sus propios compatriotas, y a traición. Y porque, en él, sus compatriotas cometieron suicidio. Un suicidio que no se borrará en todos los siglos de los siglos; porque es el suicidio el pecado por excelencia, el pecado “que clama venganza al cielo”.;


Y Nicaragua, en una forma u otra, deberá pagar. Deberá pagar por haberse suicidado en la persona heroica del muchacho Sandino; como ha pagado el pueblo hebreo, a través de los siglos, por haberse suicidado en la sublime figura de otro muchacho: Jesús de Galilea.;


Y por esto ha triunfador ya en el espíritu como triunfará algún día en la materia, ese nińo terrible que supo ser, para Centroamérica, Sandino.;


Sandino, el adolescente. Sandino, el muchacho. Sandino, el nińo generoso. Sandino, el recién nacido ahora, por la muerte, a una vida más honda y perdurable.;


Y el que no sea como un nińo, no entrará en el Reino de los Cielos.