Cultural

Aqueronte


— Eugenio Esteban Tórrez Díaz —

Los blancos, quemados, enjutos y escuálidos cuerpos resucitaron de la montańa de hierba, o de la sábana o panoplia de hojarascas que los protege de los peligros nocturnos. Jóvenes acabados, nińos abandonados y camuflados bajo el duro círculo del tiempo, que como piedra de molino tritura cualquier ser o cosa.;


El duro y lúgubre aro de la asoleada mańana de invierno los hizo sentir en un mundo paralelo a la ambición mundial.;


El ardiente cenit, les quemaba por retazos el pensamiento dejándoles unas conciencias eclipsadas por el sopor.;


Pegamento, marihuana, prostitución y alcohol. Futuro anacrónico, juventud decrépita y sin objetivo. Sólo con su instinto de sobrevivencia, en un submundo hecho a la medida de los que ostentan el poder globalizado.;


Aquel caluroso día todo sucedió muy rápido. Todavía se encontraba fresca la memoria de Lola, y su trágico accidente, el día que fue atropellada por el mismo fulano, que maneja el mismo taxi, que pasa por la misma avenida todos los días, a la misma hora de siempre, y que la dejó tirada como animal inflado sobre la calle teńida de su pletórica sangre. Y la seńora vende cajeta que paseándose de arriba abajo a gritos repetía. “… y todavía el maldito se corrió y todavía el hijueputa se escapó, y todavía el hijueperra se fugó”, –terminó recordando Barry a la vez que limpiaba los focos de una motocicleta.;


El duro asfalto y el gigantesco comercial de Coca Cola Clásica, y su retumbar ante el peso de la barahunta de autos en la lejana hora de Belcebú (1:00 p.m.) fueron fieles testigos, mientras los otros jugaban, tirándose los trapos en el rostro, Barry se esmeraba ahora limpiando un parabrisas por un córdoba o un cuarto de dólar, cerca del tejido de arańa eléctrico que se mecía como hamaca por las cálidas alas del viento, y que se encontraba abarrotado de zapatos tenis, en seńal de protesta, colgando como racimos de ajos, en todo el enjambre de cables que iban a parar al Gran Hotel.;


La luz de sus ojos inopinadamente se apagó. Apartándose de la hilera de vehículos que se comenzaban a mover pesadamente como arena movediza por el verde del semáforo y cuando la pandilla de muchachos comenzaron a irse hacia el parque central, de pronto se escuchó la descarga que choca en el enjuto cuerpo, y el chispero que se le pega como sanguijuela al desvalido, que le termina de arruinar la temprana vida, dejándolo tendido en el duro concreto.;


La avenida en un instante se llenó de llanto y espanto, y en breve la inocente vida se apagó, dejando a sus amigos como energúmenos.;


Una ambulancia que por casualidad pasaba por el lugar se detuvo para montar el pequeńo y chamuscado cadáver, que con el sonido de la sirena se alejó de la batahola de gente.;


Paranoicos y ojerosos al caer el oscuro telón y con el tóxico en las fosas nasales, y metidos en la misma ciénaga de hojas, los nińos se ponen a llorar, cantar y jugar en el río de dolor o en el Aqueronte (palabra griega) de Nicaragua o de New York.;


Hoy, al caer el Sol en Berlín, Tel Aviv o El Salvador la negra rueda de la sociedad mundial cubre con su sombra de miseria la hediondez del ayer. ;