Cultural

Negra espalda del tiempo: ficcionalizar para revivir


— Moisés Elías Fuentes —

Hacia 1993, Javier Marías (Espańa, 1951) publica Todas las almas, novela que en sentido estricto recrea su estancia de dos ańos como profesor visitante del departamento de letras hispánicas en la inglesa Universidad de Oxford. Todas las almas devela las vicisitudes de un profesor y hombre de letras maravillado de la aventura intelectual, mezcla de contemplación y silencio, de reflexión espontánea y reinterpretación meditada del mundo observado. El protagonista es un ser absolutamente intelectual que al tiempo se enterca en ser absolutamente activo.;


El profesor de Todas las almas es el modelo ficticio del escritor real Javier Marías, lo que implica —sutil pero inapelablemente— que no es Javier Marías, sino su reinvención, su recreación en un mundo alterno a la realidad real, es decir, el mundo de la realidad ficticia. Marías puede escribir Todas las almas pero no puede protagonizarla; es otro el que vive ese mundo, y el que hace de la novela no un texto autobiográfico, sino reinterpretativo.;


Libro minucioso y disciplinado, Todas las almas novela cómo la realidad puede reinventarse a través de la ficción para seguir siendo posible. Publicada en 1998, Negra espalda del tiempo novela cómo la ficción puede encontrar su propia recreación, tanto para ser posible como para experimentar otras posibilidades. La ficción no como un producto sujeto a la mera imaginación, sino como reformación creativa de una realidad múltiple, esa que llamamos “realidad real”.;


Si en Todas las almas Marías traduce su propia realidad —y el traductor, recordemos, es traidor— a la realidad ficcionalizada, en Negra espalda del tiempo devela los artificios, imaginerías, subterfugios que utiliza el Marías escritor para inventar —e inventarse— una realidad irrealizable pero totalmente verosímil. En charla con el narrador y ensayista mexicano Juan Villoro —conversación aparecida en la revista mexicana Letras libres de diciembre de 2002—, ambos coinciden en que una de las búsquedas principales de la novela contemporánea radica en otorgar una posibilidad de ser y una verosimilitud a esas vidas que no vivimos (la novia con la que uno no se casó, la aventura y el riesgo que no se experimentaron, la decisión que no se tomó a tiempo), lo que no significa, hay que aclarar, crear nuevas vidas, sino asomarnos a ese otro que pudimos ser y que no fuimos. Todo ser humano entrańa y al tiempo se abriga de un dejo de nostalgia, lo que nos impulsa al encuentro del azar y de la incertidumbre tanto como al de la cordura y la estabilidad, todo con el mismo ímpetu y la misma racionalidad.;


Negra espalda del tiempo relata realidades que nunca fueron, sea porque sus protagonistas nunca existieron, sea porque su destino resultó breve. En un extremo el inverosímil soberano de un islote caribeńo que termina sus días como convencional vagabundo; del otro, el recuerdo y la resignada tristeza de una realidad individual interrumpida por uno de esos actos inverosímiles de la realidad general: Julianín Marías —hijo mayor del filósofo Julián Marías, padre del novelista—, quien muriera a los tres ańos de una enfermedad poco conocida y, en su momento, mal valorada por los médicos. El hijo y el hermano que existió en la realidad pero que no llegó a vivir su realidad personal.;


Marías invita a la exploración de dos mundos interiores de distinto origen pero de igual centro: uno, el mundo de lo familiar, lo cotidiano, que Marías habita tanto como los demás y que, como los demás, ha hecho suyo; el segundo, el de la ficción, mundo exclusivo, aunque no excluyente, del novelista, que convierte ese mundo en pertenencia de los otros —nosotros— a fuerza de escritura. Ambos se trasponen, se imbrican y, sin embargo, mantienen y aun precisan sus esferas. El mundo de la realidad ficticia no puede concretarse y hacerse vivo; el mundo de la realidad real no puede mudar, en ningún momento, ninguno de sus rasgos: lo que ha sido y lo que está siendo no pueden variar ni rehacerse. Sin embargo, por obra de la escritura creativa, ambos mundos pueden equilibrarse y encontrar un nuevo espacio.;


Negra espalda del tiempo relata la historia de los seres ficticios y reales que concretan la realidad de Todas las almas. Leyendas, rumores, mitos, isinuaciones que se entrecruzan en relación fascinante y a ratos desconcertante que el escritor, deliberadamente, no ordena ni cohesiona plenamente, y que incluso despoja de un propósito tangible o explicable a lo inmediato.;


Pero también Negra espalda del tiempo reanda ciertas soledades interiores que únicamente al escritor atańen y que, sin embargo, íntimamente el lector también siente: la súbita toma de conciencia del deceso de la madre, la solidaridad con el padre, la muerte prematura de un hermano, la nostalgia por una relación amorosa, elementos que dan cuerpo para la melancolía reflexiva que pareciera recorrer, moldear, la intimidad que se crea entre el libro y el lector.;


No todos los mundos íntimos son recreables, aun en la intimidad literaria; Marías insinúa entre veras y burlas, ambos mundos, el de la ficción y el de la realidad individual. Y digo que insinúa, porque del yo íntimo que cada uno somos únicamente mostramos cierto claroscuro, vivo e intenso a veces, ocre y reservado otras, de fuertes trazos decididos en combinación con líneas débiles y apocadas, las más de las ocasiones, pero, invariablemente, guardando y resguardando para uno cierta mirada, algún dolor, esta alegría, ese deseo, aquello que exclusivamente nosotros sabemos por qué poseemos y por qué nos habita.;


Negra espalda del tiempo no es, en sentido total, una novela, aunque tampoco un texto de memorias, sino más bien un ensayo novelado, juego interiorista tenso, a galope entre la reflexión y el monólogo, entre la ficcionalización de una ficción y el exorcismo de la realidad sentida, que sólo pertenece a Javier Marías –o a quien tenga y cultive la capacidad de advertir en su devenir cotidiano lo que éste tiene de vivo y sensible-.;


Juego hermoso, entrańable, Negra espalda del tiempo –y me atrevo a llamarle juego porque revelar nuestros mundos interiores es jugar a descubrir lo otro- no acaba de cumplirse. Como narrativa, su belleza y su gracia —la prosa de Marías es líquida y armoniosa— son indiscutibles. Si el título del libro, tomado de unos versos shakesperianos, nos lleva ya a esa oscuridad sentida, advertida, y sin embargo inasible que es el universo del espíritu —entendido como lo entendiera Erich Fromm: el intelecto y el sentimiento entrelazados—, la enunciación recurrente de la obra, tomada del Otelo: “Apago la luz, y luego la apago”. Marías la cita —la vive— como la condición paradójica e ineludible del escritor: reencender la luz de lo que se ha ido, para que no se apague, pero no reavivando dicha luz, sino reinventándola. En el Otelo este verso corresponde al breve monólogo que el moro de Venecia susurra antes de matar a Desdémona: “Apago la luz, y luego la apago./ Si a ti te apago, refulgente llama,/ y me arrepiento, devolverte puedo/ tu luz primera; si la llama tuya extingo,/ de alma natura sin igual dechado,/ ¿dónde hallaré la chispa prometeica/ que devolverte pueda el ser primero?” Únicos e insustituibles, a pesar del tiempo y de nuestra iniquidad, los seres humanos transitamos, somos, vivimos y nos vivimos una y otra vez, y el recuerdo sólo en apariencia es dominado por el olvido. Tal es la luz que puede encender el escritor, no la prometeica sino la de la remembranza. Una paradoja esencial: el escritor no rescata al mundo, pero lo reinventa.;


Negra espalda del tiempo, apunté antes, no acaba de cumplirse. Difícilmente podría ser de otra manera; el retrato intimista que procura Javier Marías sería completamente ininteligible si lo escribiera la pura tensión emocional, así que requiere del equillibrio y la sagacidad de la intelectualización para conseguirse. Sin embargo, el novelista no puede evitar una intromisión a ratos complaciente, cuando no repetitiva, de intelectualismo innecesario, como si le fuera imprescindible ofrecer un marco teórico racionalizado a lo que en principio ha ofrecido como emotividad limpia y llana.;


Si entendemos que lo emotivo en sí no requiere de una racionalización sino de un orden que le da coherencia y compactación, se vuelve claro por qué la carga intelectual le resta fuerza, cercanía y aun ternura a Negra espalda del tiempo.;


Acaso por la desconfianza de que un libro emotivo e intimista pudiera derivar en un bello relato inasistido e incomprensible, Marías no se entrega de lleno al riesgo, y se contiene de dejarse llevar por la pasión escrita, lo que nos aleja de la posibilidad, maravillosa por lo demás, de imbricar, en un entramado dúctil, el aspecto intelectual como columna vertebral del aspecto sentimental, y no deja —a él y a nosotros— con un libro sensible, ciertamente logrado y acertado, pero no con el libro arriesgado, aventurado y de vuelo inspirado que algunas páginas, algunos pasajes de Negra espalda del tiempo sugieren y aun anuncian. Aunque, claro, a veces la literatura también es eso: insinuarnos lo que no es, y envolvernos en lo que sí ha sido.