Cultural

La mujer rota (La femme rompue. 1967)

“La mujer no nace, sino se hace” S.d.B. El Segundo Sexo

— Francisco Javier SANCHO MAS —

Culminamos nuestro paseo por el Existencialismo y sus estelas con una de las más luminosas mujeres del siglo XX, cuya obra ha sido objeto de tantos vituperios como halagos. De lo que no cabrá duda es que no sólo las mujeres sino la humanidad de nuestro tiempo le debe a la Beauvoir mucho. Nosotros, hoy herederos de ese terrible y maravilloso siglo XX le rendimos merecido homenaje a la que Sartre apodó “Castor”. ;


La literatura feminista no ha sido tan profusa o al menos difundida como hubiera sido recomendable, pero en los escasos ejemplos como los de Simone de Beauvoir nos legó poderosas diatribas contra la sociedad machista y en defensa de las maniatadas mujeres que a pasos agigantados y gracias al sufrimiento y muerte y dolor de muchas de ellas han ido saliendo poco a poco y con gran esfuerzo de la oscuridad del segundo plano. Voces que como las de la Beauvoir han gritado con razones rotundas han empujado muchas más millas el carro de la igualdad hasta donde hoy está, pero aún falta mucho hasta llegar. Y lo más dramático de todo, aquello que todavía honra más a las mujeres, es que los logros que han obtenido a base de tanta lucha han sido conseguidos por ellas mismas, y no han contado (salvo en escasísimas ocasiones) para nada con algún siquiera tímido apoyo de los hombres que nunca en el fondo han terminado de simpatizar con la causa de las mismas. Los hombres todavía llevan el lastre de creer que las mujeres son el segundo sexo, el débil, el delicado, lo cual no es más que una depreciación escondida, un no creer que las mujeres sean capaces de lo mismo, exactamente lo mismo que los hombres, o tal vez más. (Pongamos igual para no caer en otra desigualdad). Esa creencia del hombre viene, claro es, de una costumbre, que yo no me atrevería a llamar cultura machista, sino que más bien es producto de una educación reglada, o no, que se ha transmitido así de generación en generación y pesa sobre todas las bases ideológicas, morales y religiosas de la cultura occidental. La misma religión, esbozada y utilizada cuando algún abuso pretende hacerse permanente, como los reyes despóticos que se creían y hacían creer que ostentaban el trono por la gracia de Dios, esa religión, en sus manifestaciones más supersticiosas, populares o en las más racionalizadas, se ha utilizado también para argumentar teológicamente el menosprecio de la mujer, creándola como ser de compańía desde el principio de los tiempos, incluso dejando entrever que fue la misma naturaleza, por ende, creación de Dios, la que la hizo así. No es que cada uno tenga su lugar, como se justifica, es que el lugar preponderante siempre es el del hombre. La Iglesia Católica todavía argumenta la marginación de las mujeres en aquellos rituales donde se supone más directa la presencia de Dios, léase los sacramentos de la consagración o la confesión, etc, diciendo a estas alturas que ninguno de los doce apóstoles elegidos por Jesucristo era mujer. “Por algo sería”, dejan caer al final. Un argumento harto ridículo que, sin embargo, las iglesias evangélicas y de otra índole no han venido a mejorar, sino a hermetizar y hacerlo más radical en algunos casos.;


En El segundo sexo (1948-49), Simone de Beauvoir desarrolla su revolucionaria teoría a partir de aquella frase legendaria de “la mujer no nace, sino se hace”. La mujer entendida en las sociedades africanas o asiáticas y por qué no, también latinoamericanas, como el ser de compańía procreador de otros seres, es un concepto brutal. Por eso Beauvoir explica que este concepto ha sido implantado por los mismos hombres, y de ahí se derivan tantas costumbres que practicamos aún hoy. Hasta los mínimos protocolos sociales de ceder el paso a las damas, de tener atenciones por parte de los hombres que no son consideradas en reciprocidad, esconden en sí mismas una especie de compensación humillante de la condición marginal de la mujer.;


Aunque El seguno sexo es el ensayo donde está toda la teoría feminista de Beauvoir, y de hecho todavía se le celebra en aniversarios, para mí es en La mujer rota donde se encuentra de manera novelada, un poco más atractiva, la razón poderosa de Beauvoir, por la misma razón que a través de la literatura a veces, se entienden mejor algunas cosas, que no son tan evidentes como parecen. La mujer rota es una espiral de tres vueltas. Un libro compuesto de tres relatos con el hilo común del personaje y del tema. El personaje es la mujer y el tema, pues también es la mujer. Lo que ocurre es que Beauvoir nos plantea, o más bien se plantea ella misma delante de nosotros, en un diálogo interior, el caso de la mujer ya en la senectud, enfrentada a la realidad contestataria de los hijos que ya viven a un estilo que está a ańos luz del suyo y a la realidad de una relación que descubre como su propia atadura de la que ella ha sido responsable igualmente. Después, está la mujer ahogada exclusivamente por la relación matrimonial, y más tarde la mujer que como una mariposa vuela de relación en relación amorosa tratando de huir de la falta total de identidad. El libro, no lo voy a negar, puede parecer repetitivo a veces, su calidad literaria no está en la cumbre de lo mejor de la literatura, pero entonces, se me puede preguntar ¿por qué está entre las cien novelas para siempre? Buena pregunta.;


A ver: en primer lugar, las novelas son una especie de abanico de diversa y desigual apertura. En el caso de la Mujer Rota, una novela o tres relatos, este abanico es de una apertura muy amplia e intensa. Si decía que a veces puede parecer repetitivo, es porque Simone de Beauvoir parecía escribir como si se hablara a sí misma. Quiero rectificar, no es como si, sino que escribía como que se hablaba a sí misma. Entonces su lectura, que a lo mejor no provoca el gozo de la belleza literaria como en otras novelas, es una contemplación con el morbo y la expectación de la maravilla de un alma abierta, diciéndole al mundo desde los sótanos, el lugar de la mujer en ese mundo, cantando la verdad al desnudo sin tapujos, con la voz de las que no la tenían. Monique (la protagonista de La mujer rota) descubre en su ańoranza de Maurice, su marido, al que le sospecha una relación secreta, su propia dependencia obsesiva, tocando de soslayo el hastío del matrimonio sin amor. Con Monique es fácil entrar en ese engańoso misterio de las mujeres porque su reflexión es diáfana.;


Una voz, eso es. Simone de Beauvoir fue la voz, al menos en su glorioso tiempo de mujeres. Lo que ocurre es que su voz se quedó para siempre porque la causa de las mujeres es la misma causa de los oprimidos, así que no es extrańo oír o ver artículos o charlas sobre la obra de Simone de Beauvoir en Argelia, o en Chiapas mismo bajo la bandera zapatista. También ganó el premio Goncourt por su novela Los mandarines, escrita después de visitar la China de Mao. Y es que su alcance ha sido fabuloso, y todo ello perdona a su estilo literario, que no es que sea repetitivo, sino que en cada vuelta va formando una espiral en el mundo de los sentimientos, hallando nuevas salidas. Se necesitaba ser muy valiente para enfrentarse a una sociedad que todavía no estaba preparada para recibir lecciones de una mujer que había sido una nińa bien de la burguesía parisina y que había acometido la aventura de meterse a navegar en el mundo vedado por los hombres. Fue así como se hizo profesora de Filosofía después de estudiar en La Sorbona. Junto a Sartre se alistó en la corriente del Existencialismo, pero puso sus particulares matices y adoptó la lucha por la emancipación y la liberación de la mujer. El potente movimiento feminista francés de los ańos setenta le debe mucho también a ella. La última obra de Beauvoir, La ceremonia del adiós, narra de forma desnuda las relaciones con Sartre llenas de amor y de sinceridad, incluso a la hora de la infidelidad (nunca ocultó sus relaciones con un escritor norteamericano). Una mujer que todavía hoy enciende chispas con afirmaciones provocadoras. Eso es prueba de que no está muerta. ĄAviso para hombres!: vale la pena leerla y de paso tomar nota.;


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