Cultural

El espectáculo


— Carlos Vanegas —

—Y ahoraaaa-- dijo con voz estrepitosa el animador del circo.- Lo insólitoooo, lo asombrosoooo, lo espectaculaaaar, llegaaaa coooon… Euniceeee, la Reina del contorsionismo y sus figuras artísticas. Sonó una música de espectáculo, y a la pista, abundantemente iluminada por las luces, entró una muchacha como de unos veinte ańos enfundada en una butarga azul y con el pelo recogido en una mońa. Saludó al público alzando los brazos, después se subió a una pequeńa mesa de hierro previamente puesta en el centro de la pista y empezó a hacer su número acompańada de una música suave de piano.;


Increíblemente traslapó la cabeza con los brazos y piernas y quedó como un nudo gordiano. Después quedó con el tronco doblado contra la mesa con las manos aferradas a los pies y con la cabeza entre éstos. El público estaba admirado y aplaudía entre una figura y otra, mientras el dueńo del circo que era el mismo animador, eufórico exaltaba con palabras grandilocuentes el espectáculo. Al cabo de un rato la música dejó de sonar y la muchacha se incorporó alzando los brazos al público.;


Entre los aplausos se escuchó de nuevo la voz del dueńo del circo.;


--Y ahoraaaa-- dijo haciendo una pausa, la gente se quedó expectante viendo su figura rigurosamente vestida de negro con mangas y cuello de crespones blancos y pechera platinada.- Algo nunca visto, algo sensacional, una demostración de fuerzaaaa, elasticidaaaad y dominioooo. Eunice, la Reina del Contorsionimo nos presentaaaa, su grandioso número de la Escultura aérea. El circo quedó a oscuras, solo un chorro de luz cayó sobre la mesa de hierro en donde ahora había un aparato también de hierro con cuatro patas en forma de taburete, dos manubrios, y en medio de éstos un apéndice diagonal que terminaba en una lengüeta envuelta en una especie de esparadrapo.;


Con un movimiento acrobático la muchacha se subió a la mesa, hizo una introducción escénica y después, agachándose sobre el aparato, con las manos se apoyó en los manubrios. La música de piano sonó de nuevo. Las piernas subieron lentamente hasta quedar en posición vertical, luego la muchacha con los dientes aferró la lengüeta de hierro doblando ligeramente las piernas hacia delante. La música navegaba suave bajo la carpa imprimiendo un ambiente de tranquilidad. El público permanencia inmóvil observando la escena.;


La muchacha soltó una mano separándola lentamente del manubrio, pero inmediatamente se agarró de nuevo a este. Desde la penumbra se escuchó la voz del dueńo del circo. –Concentración, concentración… nada más que concentración. La muchacha se mantuvo serena durante unos segundos, niveló entre sus dientes la lengüeta de hierro y la mordió con fuerza. Después, arqueó el cuerpo inclinando lentamente las piernas hacia delante; la música de piano fue sustituida por una música de suspenso.;


Soltó una mano del manubrio.- Eso es, concentración, hay que concentrarse-dictó la voz del dueńo del circo con una textura de tranquilidad. Alejó la mano lentamente del cuerpo hasta quedar con el brazo completamente estirado. Soltó la otra mano del manubrio y empezó a alejarla también lentamente. Y cuando ya parecía completado el acto hubo un desequilibrio brusco. La muchacha se agarró de los manubrios bajó las piernas y soltando la lengüeta quedó parada sobe la mesa.;


La voz del dueńo del circo tronó firme y autoritaria: ĄNo! ĄSi no hay concentración no se logra nada! –Hay que concentrarse, vamos otra vez ordenó severa. La música dejó de sonar. La muchacha hizo un gesto como de animal acorralado. En el fondo de su rostro se podía percibir una leve expresión de amargura. Entre el público se escuchó un tenue murmullo.;


La figura quedó de nuevo invertida sobre el aparato. El esfuerzo era brutal, que en cierto momento pareció que aquel cuerpo iba a dislocarse del cuello. La cara de la muchacha se miraba congestionada de sangre y sudor. El público estaba tenso y conmovido, casi al borde de la fatalidad. Los segundos se hicieron infinitos dentro de la angustia.;


Hasta que al final el cuerpo quedó suspendido en el aire, sostenido únicamente por los dientes en la lengüeta de hierro durante unos segundos. El aplauso para Euniiiiceee, La Reina del Contorsionismoooo –graznó jubiloso el dueńo del circo mientras escuchaba con regocijo los aplausos. La muchacha se bajó de la mesa de un salto, alzó los brazos al público que todavía aplaudía. Quiso esbozar una sonrisa de agradecimiento, pero en su boca lo que se dibujó fue una mueca que le haría gravemente las facciones. El público no reparó en ello, seguía aplaudiendo eufórico. Tampoco alcanzó a ver la lágrima de dolor que bajaba furtiva por su mejilla.;