Cultural

LA ROCA DE TANIOS (1993)


— Por Francisco Javier SANCHO MAS —

Amin Maalouf (Beirut. Líbano 1949);


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Desde las primeras líneas de la novela del escritor libanés Amin Maalouf, se respira el olor de las obras entrańables, de las historias que quedan para siempre. Alguno que otro podría fruncir el ceńo al ver esta novela incluida en la selección que llevamos, pero a estas alturas, una vez revisadas otras obras no tradicionalmente incluidas en selecciones de este tipo, no creo que la sorpresa sea muy grande ni genere incomodidad que emerja entre los títulos recomendados éste, que muchos críticos tildarían de Literatura “Light”. Los mismos me dirían que ya de camino, podría incluir alguna obra de Isabel Allende o de Antonio Gala o de Paulo Cohello (que gozan de un éxito de ventas extraordinario pero dejan dudas sobre su calidad literaria) Pues bien, mi defensa ante esta diatriba es decir que incluso en la literatura “light” podemos reencontrarnos con el encanto de la literatura, como lo hacemos sin duda, al releer las novelas juveniles de Julio Verne o de Walter Scott. Y en última instancia, ¿por qué no? De entre las obras “light” (siento la insistencia del adjetivo peyorativo), dignas también de ser recordadas y que quedan inevitablemente en el recuerdo, he preferido buscarlas un poco lejos, ni más ni menos que en el Líbano, de la mano de un premio Goncourt (otro más en esta selección). Cuando una novela es buena se recuerdan sus principios de memoria. Al comienzo de La Roca de Tanios, el lector prestará sus oídos a la historia que le cuentan porque su autor, como un auténtico tramoyista nos prepara la escena de súbito y nos viste con los hábitos debidos para escuchar a un monje que escribe un manuscrito las Crónicas de su pueblo y se justifica diciendo:;


“Mi excusa es que ninguno de los minutos que vivimos habría existido sin los milenos que le han precedido, y que ninguno de los latidos de nuestro corazón habría sido posible si no hubiera habido generaciones sucesivas de antepasados, con sus encuentros, sus promesas, sus uniones consagradas o, también, sus tentaciones.”;


Antes decía que Maalouf ganó el premio Goncourt con esta novela, pero ahora pienso que tengo también en contra que desde hace algunos ańos los premios literarios de más solera han caído en un descrédito justificado por el objetivo comercial y la falta de limpieza que los gobierna: El Goncourt mismo en Francia y el Planeta en Espańa. Sin embargo déjenme disfrutar de esta libertad de que asalten la sección las buenas historias de siempre, si no con la calidad de la alta literatura, sí con la seguridad y la promesa de que no va a fallar al placer de leer por leer una historia que nos haga olvidar por un momento algunas cosas para después reencontrarnos con la bondad de vivir.;


Probablemente hoy no estaríamos hablando de Maalouf si él no se hubiera exiliado en Francia cuando estalló la guerra del Líbano en 1977. Desgraciadamente, y de esto pecamos muchos, el conocimiento de otras literaturas que tenemos en el ámbito occidental se limita a aquellos autores u obras que han penetrado por alguna u otra vía en nuestra cultura, normalmente a raíz de problemas políticos. Ha sido un viaje de allá hacia acá, pero no al revés. Tenemos pues una deuda pendiente con la creación que se desarrolla en el Medio Oriente, en África, en China y en toda Asia así como en Oceanía. De momento, nos tienen que visitar misioneros de la cultura del entendimiento entre los pueblos como Maalouf y quedarse a vivir entre nosotros para que podamos aspirar a un cierto acercamiento. Nuestro escritor libanés ha dedicado a esto gran parte de su vida. Empezó en el mundo del periodismo, siendo corresponsal de guerra, llegando a visitar infinidad de países, normalmente al Sur del desarrollo económico. Después pasó a escribir volviendo a sus raíces que son tan diversas como las banderas de los barcos que trasiegan por el Mediterráneo durante ańos, siglos. En ese ámbito el escritor ha puesto el centro de sus escritos y ahora de sus conferencias, seminarios, proyectos, etc. La distancia por ejemplo entre el mundo musulmán y el cristiano sigue siendo demasiado profunda desde los tiempos de las cruzadas y al buscar en la Historia momentos mejores, Maalouf lo encuentra fascinado en la Historia de Al-Andalus, lo que hoy ocupa Andalucía en el sur de Espańa, donde convivieron durante varios siglos árabes, judíos y cristianos en una simbiosis cultural y religiosa incomparable, en paz y tranquilidad. En 1492, Colón visitó a los Reyes Católicos en la campańa de Granada para pedir financiamiento para su viaje a las Indias. Ese mismo ańo, los reyes al tomar Granada, último bastión de los árabes en Andalucía, cristianizaban con la cruz de la Espada toda la Península y toda América. Dicen que Boabdil, el último rey moro de la encantadora ciudad de Granada, abandonó su reino llorando y su madre le increpaba: “no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”. En las lágrimas femeninas de Boabdil se iba corriendo la historia de una civilización de encuentro que no se ha vuelto a ver sobre la tierra hasta el momento.;


La misma Roca de Tanios representa el mestizaje como un valor del encuentro entre culturas del mundo. Tanios es un mestizo, aunque en la novela estemos en el Líbano en el siglo XIX, cuando Egipto se disputaba la tierra con el imperio Turco, ese otro gran imperio paralelo en la historia al espańol y de más alcance en el tiempo que tuvo para sí sin mayor organización toda Arabia hasta la primera guerra mundial tras la cual empezaron a dividirse Estados, muchas veces a conveniencia de las naciones que iban a suplantar a los otomanos, en particular ahora, los ingleses. El Irak de hoy y muchas otras naciones como Kuwait se han ido formando en el siglo XX a base de negociaciones políticas que alcanzaban hasta las leyes internas y la elección de los presidentes o reyes de esos países. Hoy más que nunca se hace necesario para los que no creen en esa falacia de la lucha del terrorismo, ni en la demonización de las costumbres y culturas árabes, acercarse, leer, conocer, dialogar con un mundo al que debemos tanto.;


En La Roca de Tanios no se podrá disfrutar de un valor más grande que el de su propio ritmo. Contada al estilo de los cuentos, tan de la tradición árabe y persa, parece haberse creado más para ser oído que para ser leído. Si aceptamos el dejarnos llevar por el relato veremos que el hecho que desencadena todos los acontecimientos importantes de la novela, es el atroz asesinato de un líder religioso (parece que la novela se está escribiendo hoy día en los mismos suelos). No podía ser de otra manera en lugares donde religión, política y cultura no tienen lindes ni fronteras. Será interesante acercarse también al conflicto entre drusos y maronitas, sectas muy antiguas, incluso cristianas, que se enraízan en estos pueblos paralelamente a los musulmanes con una historia fascinante muy poco conocida. No se podrá olvidar tampoco la atractiva fortaleza de algunos personajes como el de Lamia , pero al final de cuentas, les aseguro que lo que recordarán de la novela es su cadencia, es la voz de un venerable monje que nos cuenta, es la voz que se aloja dentro de nosotros y nos pone la historia en el corazón y la memoria. ;


Hemos vuelto atrás en la Historia. Desde las Cruzadas no se había dado un conflicto tan grande entre la civilización cristiana y la musulmana. Los lugares de la Tierra Santa siguen divididos y la gente casi ha olvidado que alguna vez, durante muchos siglos fue posible la convivencia como si hubiera una sola tierra y un solo Dios de muchos nombres. Las lágrimas de aquél no eran sólo por la ciudad perdida, sino por un mundo al que no se le veía de cerca que pudiera recuperar lo más hermoso que tiene, que es el mestizaje y los encuentros desde los cuatro puntos cardinales. El mundo de la calle está cambiando, las ciudades se han vuelto multicolores a pesar de los políticos que desean exactamente lo contrario. Pero falta mucho, para que deje de llorar en nosotros por un sueńo perdido, el último rey de Granada.;


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