Cultural

Monseńor Romero en Cuba


— María López Vigil —

Piezas para un retrato de Monseńor Romero”, obra de la cubana-nicaragüense María López Vigil, publicada por UCA Editores de San Salvador en 1993, y traducida al inglés, al francés y al alemán, tiene ya también una edición en Cuba. El libro, que ha dado a conocer, a través de testimonios de quienes le conocieron, a San Romero de América, fue editado por el Centro Martin Luther King de La Habana y presentado en Cuba en dos momentos. El primero, el 20 de noviembre de 2002, en Casa de las Américas, acto en el que participaron su autora, el director del Centro Martin Luther King, Reverendo Raúl Suárez y el coro cubano Schola Cantorum Coralina -cantó en las Misas que el Papa Juan Pablo II celebró en su visita a Cuba-, que acompańó el acto con diez bellísimas interpretaciones de canciones religiosas. A la presentación, un verdadero acto ecuménico, asistieron más de 200 personas, cubanas y latinoamericanas, evangélicas y católicas. En un segundo momento, “Piezas para un retrato” se presentó en la Feria del Libro de La Habana, celebrada el pasado enero. ;


La edición cubana es idéntica a la edición salvadoreńa, pero tiene un prólogo que María López Vigil escribió para el público cubano y que nos complacemos en reproducir, como un homenaje al obispo Romero en un nuevo aniversario de su martirio:;


“Cuando escribía este libro, supe que en 1943 Oscar Arnulfo Romero, joven seminarista en vísperas de ordenarse sacerdote, estuvo en Cuba. Regresaba a El Salvador después de pasar varios ańos estudiando en Roma. El barco hizo una escala en la isla. Viniendo de una temporada tan larga en uno de los países del Eje fascista, y en plena guerra mundial, él y otro compańero de estudios levantaron sospechas en las autoridades. Los mantuvieron internados tres meses en un campo de trabajos forzados, limpiando, trapeando, barriendo. Hasta que indagaron: eran sólo dos pichones de cura, no extranjeros enemigos. Me frustró no encontrar ningún testigo que me contara más detalles de este singular episodio de la vida de Romero. Tuve que renunciar a incluir esta pieza en el retrato que estaba componiendo.;


Ahora Romero vuelve a Cuba en estas páginas. Y vuelve a “limpiar”. A limpiar la imagen que en Cuba puede existir sobre los curas y obispos católicos, y a limpiar juicios y prejuicios, favorables y desfavorables, sobre una etapa de la historia latinoamericana que resulta incomprensible si no la inscribimos en la historia de la Iglesia latinoamericana. Vuelve Monseńor Romero, y lo hace rodeado del paisaje convulso y apasionante de El Salvador que lo conoció, lo odió y lo amó. ;


Con Romero viene Centroamérica. A finales de los ańos setenta le llegó su hora a Centroamérica. La lucha sandinista en Nicaragua, que desembocaría en el triunfo revolucionario de 1979, y los esfuerzos de las organizaciones campesinas, populares y guerrilleras en Guatemala y en El Salvador colocaron al traspatio del imperio en el centro del jardín de la solidaridad mundial. Aquella hora, aquella atención solidaria hacia este olvidado rincón de nuestra América, duró varios ańos, los suficientes para sellarnos de forma indeleble. Lo sabe bien Cuba, los cubanos, las cubanas, que con tanto carińo nos miraron y nos mimaron, que tanto nos alentaron a romper cadenas y a exigir la vida. ;


Hoy, aquella etapa parece ya muy lejana. Tanto ha cambiado Centroamérica en estos últimos ańos. Tanto es lo triste y lo perdido. Tanto lo transformado y lo avanzado. Tanto lo que parecía sólido y era frágil. Tanto lo que se demostró efímero. Tantas las páginas superadas, las lágrimas, la sangre, las montańas de muertos, el heroísmo espectacular y el compromiso persistente y silencioso para cambiar las cosas. ;


A la hora del recuento, presiento que será Oscar Arnulfo Romero, el más universal de los salvadoreńos, quien en definitiva nos representará a centroamericanos y centroamericanas en las páginas de esa historia mayor, la que se escribe con la distancia que nos regala el tiempo. ;


En la trayectoria de este hombre, en su cambio personal, en sus palabras, en la muerte con que lo mataron, están resumidos todos -o casi todos, que no es lo mismo pero es igual- los grandes desafíos de aquella etapa: la represión cruel, el cierre de los espacios ciudadanos, la tenaz lucha por los derechos humanos diariamente violados, la organización popular, la obscena injerencia de Estados Unidos, el terrorismo de Estado, el despertar de la conciencia campesina, el surgimiento de “otra” Iglesia, los presos políticos, las torturadas, los desaparecidos, las refugiadas, la resistencia sin tregua, la pobreza y la miseria tocando fondo. Y la guerra. Y el anhelo de una paz justa y digna. ;


En todo eso estuvo este hombre, también sacerdote y obispo. Es el símbolo de un puńado de ańos inolvidables, de una época gloriosa vivida en este rincón del planeta. Pasarán los tiempos y él, como icono, representará a la Centroamérica de aquel momento único. Y lo hará cabalmente. ;


Cubana de raíces y de corazón, centroamericana por frutos y por vocación, es para mí un orgullo y una alegría compartir con ustedes las piezas de su retrato".