Cultural

Salomón de la Selva


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Nació en León en 1893. A los trece ańos se fue a Estados Unidos y allá fue adoptado como hijo por un millonario. Estudió en el exclusivo Williams College. Su primer libro de versos fue en inglés: Tropical town and other poems, publicado en Nueva York en 1918. Figuró en varias antologías norteamericanas como uno de los poetas valiosos de la nueva generación en Estados Unidos. Perteneció a los círculos literarios de los buenos poetas jóvenes de Nueva York en aquella época (como Edna St. Vincent Millay, Stephen Vincent Benet, etc.). Peleó en la primera guerra mundial en el ejército inglés y su experiencia de la guerra fue el tema de su segundo libro de versos, esta vez en espańol: El soldado desconocido, publicado en México en 1922 con ilustraciones de Diego Rivera. En esos ańos juveniles estuvo muy vinculado con el movimiento sindicalista de Estados Unidos y fue secretario del famoso líder obrero Samuel Gompers. Por aversión al imperialismo, Salomón dejó de escribir en inglés y aun abandonó Estados Unidos. En Nicaragua por 1930 dirigió una fuerte campańa antiimperialista y en defensa del guerrillero Sandino. En 1933 fundó en Panamá un periódico bilingüe -en inglés y espańol- junto con el escritor norteamericano antiimperialista Carleton Beals. Desde 1935 se quedó viviendo en México por casi todo el resto de su vida. Influyó en la política mexicana, aunque secretamente, siendo consejero de un presidente de México. También fue amigo íntimo del vicepresidente izquierdista de Estados Unidos Henry Wallace, con quien mantenía una asidua correspondencia, y se ha dicho que Salomón era el hombre más informado en América Latina de lo que ocurría tras bastidores en la política de Estados Unidos. Al final de su vida aceptó colaborar en el régimen de Somoza y murió en París en 1958 siendo diplomático de ese gobierno. Entre sus principales libros están, además de los ya citados: Evocación de Horacio (1949), La ilustre familia (1954), Canto a la Independencia Nacional de México (1955), Evocación de Píndaro (1957), y Acolmixtli y Nezahualcóyotl (1958). Se dice que ha dejado un libro en prosa inédito titulado: Prolegómenos para un estudio sobre la educación que debe darse a los tiranos.;


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EVOCACIÓN DE PÍNDARO;


(Fragmentos);


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ĄSÓLO Darío, Darío únicamente,;


renueva las latinas glorias ecuménicas;


como nunca la espada: sólo él es augusto!;


Y no el germano saqueador de Roma;


sino Darío es rey en cuyo imperio;


nunca se pone el sol. ĄQué carabelas;


de qué mástiles altos y velajes albos;


y popas elevadas, de prodigio,;


las que capitanea en océanos de encantos;;


qué mundos nuevos de minas de diamante;


y selvas de milagros nos descubre;;


qué países conquista de hombres de oro;


y mujeres de perla y esmeralda,;


donde el Amor es ley, la Libertad el aire;


que se respira, la Música el idioma!;


ĄCómo el dolor de América se trueca;


por su pasión de América;


en maravilla de esperanza, en gozo;


de sońador; y en inviolable virgen;


la prostituida tierra americana!;


La dejó a medio hacer, estaba haciéndola,;


como un mejor Hefesto una mejor Pandora,;


cuando murió; apenas comenzaba;;


Ądan ganas de llorar!;


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DONDE Darío yace,;


bajo un triste león, en su León más triste;


(Ąmuerto Debayle que le daba aliento;


a la ciudad, su hermano en el espíritu!),;


derrama miel y desparrama rosas,;


Mateo Flores, porque esa sepultura;


vale lo que las tumbas de los héroes;


en cuyo honor los juegos se fundaron,;


idos antes de tiempo: Ąasí Darío,;


el de más grande logro, empero malogrado!;


YO LO recuerdo, presa de terrores,;


sumido en el dolor y en la penuria,;


con el color terroso de panal destruido,;


con la mirada de águila, extraviada,;


con la sonrisa en boca adolorida,;


con no sé qué, animal o primitivo,;


que buscaba rincón donde morirse,;


escondido, de espaldas a la Muerte.;


El invierno era crudo, el cuarto frío.;


Como en un cuento de Edgar Poe, un negro;


magro y macabro le bailaba danzas;


grotescas, de esqueleto,;


descoyuntadas,;


le cantaba lamentos sincopados,;


con la bocaza abierta roja y blanca.;


Los rascacielos (Ąnuevos!) levantaban brazo;


de imploración y de tortura antiguas.;


El río iba de luto, iba de llanto,;


iba de miedo a dar a la bahía,;


frustrado el darse al mar, Ącomo Darío!;


Y RECUERDO a su amigo millonario;


de Nueva York, hecho el desentendido;;


y Argentina, lejana, olvidadiza;


(Ąno contestaba cartas!);;


a México -su México- exiliado;


(Ątrágico Alfonso Reyes!) o muerto (ĄJusto Sierra;


o manco (ĄNervo, Montenegro, Ramos!);;


a Espańa sorda (¿cuándo ha oído Espańa?),;


a Nicaragua madre, ciega, baldada, muda,;


bajo régimen vil: Ąnadie a ayudarlo!,;


y al déspota, ansioso a todo trance;


de arrancarle lisonja, en Guatemala,;


como quien hunde en el ala del pájaro;


duro alfiler para que llore y cante.;


ĄQué doloroso canto: le aulló el alma!;


CUANDO volvió a León llegó arrastrando;


el ultrajado lustre del plumaje;


y la abatida excelsitud del alma,;


informes ya la voz y el pensamiento;


(Ąválidos para la queja sólo de la carne!),;


sin resistencia el arco y sin tensión la lira.;


Orfeo redivivo, destrozábanle;


las delicadas vísceras con zarcillos crueles;


(Ądesde su juventud fueron salvajes vides;


las que le dieron vino!) las basárides;


furiosas contra Apolo.;


Le devolvió la majestad la Muerte,;


Ąpero cómo fue larga su agonía!;


PÍNDARO no (Ądichoso!), muerto en Argos;


en amoroso abrazo, satisfechos;


la urgencia de vivir y el acoso de gloria.;


Allí sus hijas fueron a llevárselo;


para enterrarlo en Tebas.;


Pesaba poco. No hubo que llorarlo.;


EN CUANTO a mí, así sea para morir, si muero;


(Ąla Muerte, juguetona, va alcanzándome;


y me roza la oreja con su aliento!),;


canto de cisne canto,;


fiel a Darío y en su elogio;


desde el azul más diáfano de América.;


AMA a su pueblo,;


ama a sus semejantes, ama a los dioses;


sólo quien todo corazón, y éste sin tara;


de cobardes temores y traicioneros fines,;


se esfuerza por la paz. ¿Y quién que no ama;


puede ser gobernante atinado y justiciero?;


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El que amamanta odios y alimenta rencores,;


engreído en sí mismo, entronizado;


en su capricho estulto;;


y el que busca la guerra para afianzar su trono;


y crea disensiones y confunde el buen juicio;


de la ciudadanía;;


y el que sube al poder escalando cadáveres;


y se burla de Dios (Ąúnico soberano!),;


todos tienen su fin. Tú los detestas.;


Su poder es brasero que les quema las manos;


Ąy no pueden soltarlo! Su maldición les sobrevive:;


Ąsu progenie se ahoga en mutua sangre,;


crímenes que horripilan! Tal en Tebas;


los vástagos de Edipo, tal en Argos;


los hijos que hubo Tántalo, Tántalo mismo;


que osó tentar la omnisciencia de los dioses.;


Sólo el justo, el que rige a los pueblos;


con decoro de ley, de paz y de justicia,;


con cetro, no con látigo,;


gana la bendición de dimitir el mando;


sin terror, sin pesadumbre, sin angustia;;


hasta el sepulcro amigos lo rodean;;


pero el que lo ha usurpado;


o tiránicamente lo retiene,;


si llega a viejo, Ąah, qué vejez le espera:;


todos en su redor traman traiciones;;


róenle el corazón, antes que los gusanos,;


sus propios hijos!