Cultural

Los dioses: Atenea (Minerva)


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Los dioses de los griegos, aun siendo inmortales, disfrutaban de placeres físicos como los sexuales y gastronómicos, así como también sufrían dolores corporales y penas de amor. Zeus el más poderoso de los dioses fue atacado, según la leyenda, de un violento y repentino dolor de cabeza. Después de consultar con los otros dioses se resolvió que Hefesto le abriese la cabeza con una hacha en un intento de liberarlo del dolor. Al practicarse la operación surgió de la cabeza de Zeus, Atenea (Minerva romana), hija que había engendrado en su esposa Metis, devorada por Zeus sin haber dado a luz. Atenea nació de esa manera y ya adulta, ataviada con una armadura reluciente, armada de su lanza y saludando al mundo con un grito de guerra que estremeció todo el Universo. Se dice que el Sol espantado, detuvo su curso, y envió a sus hijos Óquimo y Cércafo a que honraran a la nueva deidad.;


A esta diosa a pesar de virgen se le reconoció un sentido maternal por su espíritu de protección para héroes, gobernantes, príncipes, guerreros, jóvenes que se educaban en la virtud; madres, muchachas y esclavas hacendosas, devotas de las labores domésticas. Al no ser casada vive libre de la dependencia marital. Es la porta escudo de Zeus y tiene el privilegio de embrazar la Égida, su lanza inspiraba temor al mismo Ares. Se le proclamó Sthenias (Poderosa), Areía (Guerrera), Prómacos (Campeona). Debe de haber tenido conocimientos de marinería pues fue ella quien dirigió la construcción de la nave en que viajaban los Argonautas. Se le atribuye la invención del carro de guerra y haber proporcionado a Belerofonte las riendas que le permitieron sujetar y cabalgar a Pegaso, hijo de la sangre de Medusa. Inventó también la flauta de dos cańas, aulos (tibia u oboe). Píndaro cuenta que la creación de este instrumento musical le fue inspirada por los lamentos y el silbar de la cabellera de serpientes que dejaba oír la moribunda Medusa. ;


Como su padre Zeus era el más poderoso de los dioses, Atenea era la más sagaz de las diosas; reunía al mismo tiempo la máxima fuerza y la máxima sabiduría. Era la protectora de los estados, a los que trasmitía el ímpetu y la prosperidad; presidía la agricultura; mantenía la autoridad de las leyes y el orden en los tribunales y en las asambleas sociales. ;


Zeus, —quien en Homero no disimula su predilección por Atenea— la llama “mi querida Ojizarca”. Seńora de la Ciudad después de haber vencido a Posidón en la competencia por el patrocinio de Atenas. Como Ergánee u Obrera, Atenea es patrona de los oficios; conocía los de trabajar el oro y manejar la fragua, pero de una manera especial se la vincula con las labores de las mujeres, hilado, tejido, bordado en las que fue maestra. Genio tutelar de Atenas, Atenea se refugia en el corazón mismo del pueblo, la Acrópolis. ;


En la leyenda de la competencia con Aracne, Atenea se muestra vengativa. Aracne era una doncella lidia, experta tejedora que envanecida por su arte manifestó ser capaz de competir con la misma Atenea. Ésta se le apareció en forma de anciana y le recriminó su vanidad alertándola por los peligros de su arrogancia —Atenea utilizaba estos recursos de transformación con facilidad, Homero nos la presenta junto a Apolo transformados en buitres para presenciar el combate desde la encina troyana, y nos cuenta como la diosa, hecha golondrina, ayuda a Odiseo en la matanza de los pretendientes—. Como Aracne persistiera en su jactancia, Atenea aceptó el desafío y para ello dispuso plasmar en la tela la historia de todos los mortales que han sido objeto de castigo por su pretensión de emular a los dioses. Aracne optó por bordar en su tela los escándalos amorosos protagonizados por las deidades. Llena de ira Atenea le rompió la tela y la golpeó. Aracne no soportó el ultraje y quiso ahorcarse. Atenea tuvo tiempo de salvarle la vida pero la castigó dejándola metamorfoseada en la arańa tejedora que heredó su nombre.;


La figura de Atenea ostentando su eterna juventud, vestida hasta los pies como la unidad de una idea, armada de todas las armas —casco, lanza, escudo y coraza—, radiosa en el centelleo de sus ojos garzos, casta y limpia, laboriosa y heroica, como bien dice Don Alfonso Reyes, alcanzó un culto y prestigio que apenas pueden considerarse inferiores a los de Hera, la primera dama del Olimpo. Fidias el gran escultor griego la honró en la Acrópolis esculpiendo su figura en una estatua que medía cuarenta pies de altura.;


En honor de la diosa Atenea los atenienses instauraron Las Panateneas, festival que se celebraba cada ańo, y con mayor pompa cada cuatro ańos en las llamadas Grandes Panateneas, el 28 de Hecatombeón (julio-agosto) como el día aniversario del nacimiento de Atenea. Se realizaba una procesión o desfile de antorchas, sacrificios, juegos y danzas en la colina sagrada de la Acrópolis. En la procesión participaban hombres, doncellas de ilustres familias —canéforas—, que llevaban objetos sagrados y rituales, jóvenes que conducían a las víctimas animales, metecos o residentes extranjeros, gente de a pie y gente montada, luciendo vistosos trajes festivos, carros y caballos para las carreras. En un barco de ruedas, izado a manera de vela, se llevaba hasta el ara de la diosa un peplo bordado, lo que según el citado Don Alfonso Reyes, ha hecho referir a este Festival, ya como prefiguración para unos eruditos, ya como recuerdo para otros, la ofrenda del peplo y los sacrificios de las mujeres troyanas a la diosa Atenea que nos describe Homero (Iliada, IV). ;


Como protectora de los héroes militares Atenea levanta el ánimo de los jefes y los ayuda a enfrentarse con los mismos dioses, asi lo hizo con Diómedes:;


Plugo infundir entonces a Palas Atenea;
valor y audacia únicos en Diómedes Tidida,;
por que a todos los dánaos ofuscase su fama.;
Su casco y su pavés en fuego centellean ;
Como el astro del otońo que bańa el mar. Prendida;
En su busto y sus sienes la inextingible llama,;
hasta el mayor tumulto la diosa lo acarrea;
y lo planta en el centro mismo de la pelea.;


Y Palas Atenea le devolvió apiadada ;
el vigor de los miembros y las manos valientes,;
susurrando a su oído con palabras aladas:;


—Recóbrate, Diómedes, y ataca con valor.;
Ya te infundí el arrojo de tu progenitor,;
el jinete Tideo del irrequieto escudo;;
ya devolví a tus ojos renovado fulgor;
para que no confundas los hombres con los dioses.;
Si encuentras a Afrodita, lánzale el bronce agudo,;
mas a ptras deidades no te enfrentes ni acoses.;
Alejóse Atenea, y el Tidida al instante;
recuperó su sitio entre los delanteros.;


Ilíada Rapsodia V (1-8; 125-132)