Cultural

Pequeńa Introducción a la Poesía de IVAN URIARTE


— Por Alvaro Urtecho —

Uno de los grandes románticos ingleses, William Wordsworth, afirmaba que el ;
Ťnińo es el padre del hombreť. Baudelaire decía que el genio poético Ťno era más que la infancia intelectualmente formuladať. Frases que evidentemente han contribuido a iluminar la problemática y soledad esencial del acto poético, el misterio siempre fascinante que rodea el origen de la poesía, momento o instante primigenio que va más allá de la pura intuición y las hermenéuticas brindadas por la cultura, remontándose al milagro y al mundo lo luminoso. Iván ;
Uriarte dice en algunos de sus textos que Ťlos primeros poemas no son dictados a grandes voces en las oscuras habitaciones de la infanciať. Correcto. Cierto. ;
Afirmación que vale para todos los poetas, pero en especial para este destacado intelectual y escritor jinotegano: poeta probado en ya cuatro libros y los que vienen, narrador experimentado con técnicas modernas y soberana visión mítica del mundo, crítico con formación académica y apasionado lector que ha compartido conmigo interminables tardes y noches comentando y discutiendo libros o textos selectos de autores con entusiasmo y euforia de nińos viejos o viejos nińos. Chocando siempre con las contradicciones y asperezas de la vida, pero purificados por el contacto cotidiano con el texto vivo y creativo, el texto en movimiento que no tiene que ser necesariamente el de hoy, es decir, el de la mísera actualidad, sino el del insondable y oscurecido ayer: el texto o los textos antiguos que tienen que ser nuevamente leídos, nuevamente interpretados, nuevamente traducidos, nuevamente reescritos. ŤPasan como sobre un papiro líneas de tiempo en mi piel acumulando espacios materiales discursos desarrollando una geometría insomne quizá al cuidado de los ángeles...ť, dice Uriarte en ŤPapiroť, poema incluido en la tercera sección de LOS BORDES PROFUNDOS. ;


Repito, insisto en la obsesiva fijación que tiene el poeta en la infancia, en esa edad mítica del hombre, los ańos y días en donde se forman las visiones y sensaciones determinantes del ser humano en su indetenible marcha hacia la muerte. Poesía circular, poesía del Eterno Retorno, la de Uriarte intenta detener la opacidad inerte de la muerte con la invocación y convocación permanente de las imágenes luminosas y maternales de la infancia, pródigas de vida e inocencia, pletóricas de sentido, imágenes que nos resguardan de todo lo que es la muerte, la alienación, la cosificación, la pérdida de la identidad, las contradicciones, máscaras y abyecciones de la vida social impuesta por el Orden Establecido y la omnipresencia ontológica y física del Mal en el mundo. ;


La identidad que se vacía siempre en un juego de espejos es el tema central de LOS BORDES PROFUNDOS: ŤEl espejo no devuelve hoy tu imagen. La oculta. Niega tu identidad. Llama presurosa a la muerte que placentera te sustituyeť. Libro de plena madurez, que supera definitivamente las propuestas y descubrimientos de sus dos poemarios iniciales (SIETE POEMAS ATLANTICOS Y ESTE QUE HABLA), en LOS BORDES PROFUNDOS el lenguaje narrativo e intimista de esas muestras interesantes de su primera experiencia poética, experiencia que ha ido a la par de la elaboración de sus cuentos y relatos, el lenguaje se ha purificado y decantado en la búsqueda de la esencialidad. Su título no corresponde a ninguna estrategia disocadora: los bordes profundos son esa realidad que se va transformando en suprarrealidad a medida que el poema (los poemas que al fin y al cabo configuran ese Poema Total al que aspiraba Mallarmé) avanza a tientas en el abismo de la escritura impulsada por las visiones del sueńo, conformando, a través de la superposición de instantes e imágenes, un espacio y un tiempo irrealizados en donde el amor no tiene rostro y el universo es una transferencia permanente de máscaras. Una poética en donde la unión o realización del amor es imposible y las imágenes siempre se perciben como fuga perpetua de la identidad. Una poética de la incomunicación en cuyos lindes y desfiladeros los amantes deambulan, aparecen y desaparecen como fantasmas o sonámbulos leves y los insectos se metamorfosean en bestias y hombres. La poesía como espacio fantasmático restituido. ŤNo te buscamos. Tan solo sabemos que existes en un lugar al que nunca llegaremosť. ŤTe pierdo de vista en la multitud y súbito descubro que estás en todos los rostrosť. ŤNinguna huella tuya en este cuarto vacío lleno de fantasmas que aún no se te parecenť. ŤAfuera la lluvia persiste, deletrea la oscuridad de tu nombre construyéndote con precisión para un encuentro que siempre se posterga pero que nos acerca a la meta nunca esperadať...;


Si en LOS BORDES PROFUNDOS predomina la noche como espacio referencial, acorde con su carácter fantasmático anteriormente aludido, en tanto se trata de revelar y transcribir la experiencia de búsqueda de una identidad que se borra incesantemente para aparecer y desaparecer después, en tanto implica un Yo que se niega en el Otro y un Otro que se niega en el Yo, en un continuo conflicto de otredades espectrales puntualizadas en una cerrada dialéctica negativa, en PLENO DIA predomina, como el título lo sugiere, el día en todo su esplendor, pero no el esplendor solar, no el esplendor en llamas del mediodía, sino el esplendor sosegado y espeso de la tarde, es decir, el esplendor de la nostalgia. En este sentido, considero que Uriarte, en este su último libro publicado por el Centro Nicaragüense de Escritores, vuelve no solamente al tema de la infancia y las imágenes maternas en su sentido ontológico, sino que recupera e intensifica lo mejor de sus primeras incursiones poéticas los poemas sobre las colinas sogovianas, presentes en su libro ESTE QUE HABLA (1968), poemas de profunda nostalgia y de tono inconfundiblemente pavesiano, aunque con un adolorido Vallejo al fondo. El esplendor de las tardes de la provincia en donde se puede percibir en toda su hondura la fuga del tiempo, el tiempo que se va irremediablemente pero que deja sus huellas en la pluma del poeta que celebra no solo el recuerdo de la legendaria infancia y sus rostros ausentes, sino el nacimiento de su hijo incensariado por la naturaleza, incensariado y celebrado por el poema que arranca por fin en su cordial plenitud. ;