Cultural

Camilo Zapata Cantor de la entrańa nativa


— Alvaro Urtecho —

La música de Camilo Zapata, surgida de la entrańa más honda y pura de nuestra nación, pese a sus ya largas décadas de andadura, sigue conservando toda la fuerza y el encanto que caracterizan a las expresiones auténticas de una cultura. Cultura nacional, cultura de la Nicaragua vernácula, con olor a flor ancestral, arcilla y tierra mojada (ocre y verde, azul y roja, dorada o amarilla según el grado de su crepitación), sabor a fruta fresca y olor a polvo de camino, los innumerables caminos que este gran compositor, creador indiscutible del son, pero también experimentador polifacético de diversas formas musicales, descubrió y recorrió. Pues Camilo Zapata, nuestro querido ;
Camilo (dejémosle el nombre a secas), nuestro sin par Camilo fue y es precisamente eso: un caminante, un hombre que aprendió a conocer Nicaragua en el camino, en los diversos caminos (de la trocha y el sendero a las carreteras y vías de penetración) adonde le llevó su oficio de ingeniero topógrafo. Ahí, en esas espesuras que se abrían de repente a la luz de la alborada, en esa permanencia en los ranchos y campamentos, en esa indagación en la psicología popular y en la picaresca elemental, en esos viajes por toda nuestra variada y herida geografía, nuestro cantor se nutrió de la Nicaragua profunda, la Nicaragua que nuestros grandes artistas y poetas han descrito, exaltado y descifrado.;


Apartando las lógicas diferencias de género y estilo, la búsqueda de la entrańa nativa emprendida por Zapata, la entrańa que se nos reveló en la alegría vibrante de la marimba y la guitarra, es, sin duda, afín a la emprendida por Pablo Antonio Cuadra en sus Poemas nicaragüenses, tal como lo afirma con su acostumbrada precisión, Jorge Eduardo Arellano en su microbiografía de Camilo (Héroes sin fusil) (Hispamer, 1998). Ese descubrimiento genial del son nica, expresado por primera vez en “Caballito Chontaleńo”(1934), es reconocido por el propio Cuadra, poeta y pensador que ha calado tanto en el enigma de nuestra idiosincrasia y nuestro elan vital, cuando dice que creó conscientemente “el son que nos baila dentro, en el subconsciente musical de pueblo. El fue el primero que valoró y dio continuidad culta al ritmo popular más característico de los nicaragüenses”.;


Nadie puede negar ese don de Camilo: el haber cantado con gracia, profundidad e ;
inteligencia, ese ritmo popular al que se refiere Pablo Antonio, contribuyendo a revelar y develar la esencia del nicaragüense, la esencia de nuestro aire, nuestra alma, nuestra habla. En ese aspecto ningún otro compositor nuestro lo supera. Carlos Mejía Godoy, trovador siempre deslumbrante de Nuestra América, cuyos juicios y testimonios sobre Camilo aparecen abundantemente en este libro, afirma categóricamente que sin la música de Camilo, la suya simplemente no existiría. Creador del son, y a la vez compositor de innumerables canciones, valses, boleros, tangos, mazurcas, pasillos, pregones, villancicos y hasta foxtrot y jazz... que dan testimonio de su sed insaciable de ritmos, su actitud experimental y perfeccionista a la vez, porque nunca da por acabadas sus obras, siempre le anda bullendo la música en el oído y siempre anda como tarareando.;


Pero hay algo más, y tan importante como lo otro, si queremos precisar el alma y la fisonomía de este personaje tan nicaragüense, y es eso que a veces falta en tantos grandes artistas que en el mundo han sido, ensimismados o enfatuados por la megalomanía y el egotismo absorbente: su humanidad, su desbordante, llana y dulce humanidad. Humanidad y humildad, decencia, sociabilidad hidalga, sobria caballerosidad y, sobre todo, generosidad en el trato, en el testimonio inacabable de una memoria que ahora, ya pasados los 80 ańos, se resiste a fluir, pero se empecina en recordar las voces, las melodías del pasado, la nota precisa de la canción. Pastoreando, tarareando, persiguiendo el inevitable e inmortal son, bien asentado en su edad otońal, mas siempre juvenil por el benigno impulso de su corazón amoroso y gentil, así he conocido yo, desde hace algunos ańos a Camilo Zapata, maestro de historias vernaculares (de Minga Rosa ;
Pineda y otras Dulcineas de este Quijote del guitarreo ascendente y descendente), depositario de canciones innombrables. Humanidad fecunda de artista fecundo impulsado por el amor al arte y a la patria siempre dibujándose y desdibujándose. Menudo y moreno, moderado y sonriente, discreto y recatado, habitante del silencio y de las contagiosas alegrías. Creyente en la vida y sus fulgores.;


El libro que motiva estas líneas, Camilo Zapata: Vida y Canto, ha sido escrito por la pluma vibrante de Joaquín Absalón Pastora, autor de dos libros anteriores: Sueńo en sol y Al otro lado del planeta, uno de los periodistas más destacados del país, prestigiosa figura de la radio, hombre de reconocida cultura musical (clásica y popular), y prolífico articulista. Pienso que en nuestro medio nadie como Pastora, quien, dicho sea de paso, tuvo la delicadeza de presentarme al maestro, estaba preparado para acometer la empresa de trazar el perfil de su vida y obra. Su larga amistad con él, su conocimiento de la música, su admiración por los poetas y artistas nacionales y su afinidad política, lo predisponían especialmente para esta difícil tarea. Difícil, porque es una verdadera hazańa escribir un libro sobre un gran compositor en un país en donde no existe la más mínima bibliografía al respecto, excepto algunos cuantos artículos volanderos. Joaquín Absalón, en medio de su incesante actividad periodística tuvo el tiempo y el entusiasmo para hilvanar las coordenadas de este libro que no es una simple biografía en sentido estricto, sino también el esbozo de una historia de la cultura nacional, a partir de los ańos 20, para ser preciso, a partir de 1917, fecha de nacimiento del autor de “El solar de Monimbó”, son, retablo e himno nacional. Joaquín trabajó muy cerca de Camilo entrevistándolo sobre las diferentes etapas de su azarosa, alegre y trágica vida al servicio siempre de su pueblo; su vida en la ciudad y en el campo, sus continuos viajes como comerciante y como artista, sus exploraciones y observaciones, sus relaciones con otros compositores, las circunstancias mágicas e históricas, reales e inexplicables, anecdóticas y científicas como creador del Son Nica. Asimismo, un emotivo y colorido testimonio de la transición de una sociedad rural a una sociedad urbana, que incluye nada menos que un panorama de la ciudad de Managua, ese gran pueblón de los ańos 20, 30, 40 y 50. La vida social, musical y artística de la época. La provincia como un teatro con sus máscaras y disfraces.;


Un libro que va más allá de la biografía, adentrándose en el contexto social, político y de costumbres, y en los terrenos de la instrospección interpretativa. Todo en el estilo brioso e inspirado de Pastora, un periodista con visión poética del mundo. Un libro que contribuirá, sin duda, a la revelación y el esclarecimiento no sólo de la personalidad unánimemente reconocida de Camilo Zapata y su música, sino al de toda una época de fulgor y de gloria que nos sigue impactando por la frescura y autenticidad de sus signos y seńas de identidad, algo que va desapareciendo en el actual contexto de globalización a ultranza y de homogeneización del pensamiento y las artes.;


ĄAquí está Camilo en alma y cuerpo entero, erguido en las páginas de un libro desafiante y pionero, antiguo y moderno a la vez!;