Cultural

De una nueva literatura


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Resumen y Traducción de Michelle Mimmo;


Es característico de nuestros tiempos el desgasto de energías... A demasiada gente -jóvenes y ancianos- les falta el arte de dejar hablar las cosas, de aceptar el propio destino, de encontrarse de acuerdo consigo mismo. Todos nos debatimos inútilmente, así como nadie hoy sabe escogerse una ciudad, una casa donde vivir y trabajar. Quizás es el efecto de la vida y de la lucha clandestina que perdura...Colaborar con los demás, con el projimo, puede ser fatigoso, desesperado, nunca imposible. La presencia, la parte que marcan los demás, nos indica el camino.;


Hay un campo de trabajo, donde se habla por los demás, o mejor dicho, se escribe, y que conlleva fatalmente consigo una separación, un aislamiento, y por cierto, por lo menos en su etapa conclusiva, excluye cada colaboración y contacto. Es el trabajo de la fantasěa inteligente, dirigido a sondear y expresar la realidad -poesía, narrativa, ensayos y el resto. Para atender este trabajo, es preciso aislarnos, y no sólo materialmente: el esfuerzo de auscultación que ejercemos sobre nosotros mismo, tiende a romper muchos puentes con el externo y nos hace perder el gusto del intercambio, del convivir, de la cordialidad humana. Habíamos iniciado nuestro camino para entender, poseer más a fondo la realidad, y el resultado es que nos cerramos en un mundo fictício que a la realidad se resiste. Entonces naturalmente se sufre.;


En este estado de desequilibrio, de inquieta conciencia, se da el desgasto....Interrogar las cosas y escucharlas, interrogar los demás y aceptar el destino, ya parece demasiado simple y hasta se llega a crearse deberes, complicados y equivocados como todas las veleidades. El mundo de ayer toleraba una equívoca figura de intelectual que, sin reconocer deberes, vivía en sustancia, de teorías, justificaciones y problemas. Cuando éste se alistaba a “crear”, es decir, se ponía frente a la “realidad” e intentaba expresarla, normalmente sucedía que se equivocaba de realidad, y a los sumo reproducía sus teorías, justificaciones y problemas. Más bien, no se equivocaba: admitía solamente su realidad, y en este mundo ficticio del yo sin deberes, era, a su manera, honesto. Entre las muchas teorías, había escogido aquella del necesario aislamiento y de la ascética renuncia de las durezas de la vida activa y concreta. Vivía mimetizado bajo el tejido del estilo y hacía consistir toda su dignidad en ser aquel tejido, aquel estilo, aquel enmascaramiento. Es decir, era fiel a los principios, y pagaba de persona.;


Hoy está tomando pie la teoría contraria, naturalmente justa, según la cual al intelectual, y en especial modo al narrador, toca romper el aislamiento, tomar parte de la vida activa, tratar lo real. Pero, es precisamente una teoría. Es un deber que nos impusimos “por necesidad historica”. Y nadie hace el amor por teoría o por deber. El narrador, que una vez se paseaba por los laberintos de su exigente y difícil yo, en perpetua rebeldía contra los bajos deberes de este mundo repleto de contenidos, ahora se desgasta los nervios, y pierde su tiempo, preguntandose si el contenido le interesa de verdad, si su estilo y sus gustos son bastante proletarios, si el o los problemas del tiempo lo agítan lo suficiente. Y hasta aquí no hay nada que decir. No es una broma para nadie la tarea de vivir, y vivir significa ser jóven y luego hombre, y también agitarse, darse deberes, proponerse una conducta. La desgracia comienza cuando esta obsesión de la huída del yo, se torna ella misma argumento del cuento, y el mensaje que el narrador quiere comunicar al prójimo, al compańero hombre, se reduce a esta flaca auscultación de sus propias perplejidades y veleidades. ;


Tocar el corazón de las cosas, por teoría o por deber, no es posible. Nos agitamos y nos desgastamos, esto sí. Aceptarse a sí mismo es difícil.;


Sin embargo, el narrador, el poeta, el obrero de la fantasía inteligente, debe, antes de todo, aceptar el destino, estar de acuerdo consigo mismo. Quien no es capaz de interrogar las cosas y los demŕs, se resigne y lo admita. ...Quien está obsesionado por el dilema “Soy o no soy un escritor social?”, y toda la infinita variedades de las cosas, de los hechos, de las almas, de la pluma, salen como simple auscultación de sí mismo como en los tiempos más gloriosos del fragmentismo, que sea heroíco hasta el final: se imponga callar...;


Estamos todos convencidos que sňlo el mundo y la vida contienen los estímulos, las condiciones de las verdaderas páginas que se han escrito o que se escribirán. Mas, sabemos que hay tiempos como el nuestro, en el cual se da un cambio radical, una verificación de los valores, donde la materia humana y social fermenta como en un crisol a la espera de ser colada en nuevas formas. ;


Pero, no estamos convencidos que estas formas nacerŕn de la presunción orgullosa de quien haga, de la incomodidad de no haberla aún encontradas, argumento de composición. Esto es un romanticismo adolescente. Más que nunca aquí vale lo siguinete: “A quien tiene será dado” y “Solamente aquel que no se busca se obtiene”. Quien busca la felicidad, nunca será feliz; quien quiera hacer de su tiempo, arte “por necesidad histórica”, a lo sumo hará una poesía corriente, un manifiesto. Estas cosas si las tenemos dentro nacerán, de lo contrario son simple habladurías. Escuchar y aceptarse a sí mismo, quiere decir no perder tiempo en palabrerías, quiere decir desempeńar bien el propio oficio a sabienda que es un oficio, humillándose en él, produciendo valores. El zapatero hace los zapatos y el albańil hace las casas, menos hablan de la manera de hacerlas y mejor trabajan: es posible que el narrador, al contrario, deba impunemente charlar solamente de sí mismo? ;