Cultural

Poemas de Alvaro Rivas


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EL HOMBRE SÍMBOLO;


A José Coronel Urtecho in memoriam;


Azul era su sangre gracias;


al lago inquieto que llevaba;


dentro y al río caudaloso;


que lo desaguaba en su mirada.;


Azul era su sangre y aunque;


trató de ocultarlo en ocasiones;


de lejos se le notaba en la cabeza;


la cresta de plumas escarpadas:;


el casco que le dejé e] Mombacho al estallar;


su cumbre entre las nubes y al sembrar;


en las aguas el fuego de sus entrańas.;


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Pero no solo el tono pavonado;


de sus venas y el chispazo del zafiro;


en sus ojos adornaban su estandarte.;


También resaltaban en su insignia;


otros colores que él fue sacando;


de la marańa de su paleta.;


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El verde lo obtuvo trepando;


de nińo los bosques;


de mangos o apedreando;


las ramas más altas del cielo;


por la calzada y la costa;


hasta las isletas. El gris;


lo recogió en los paseos;


pisando descalzo la arena;


seca del Cocibolca al pie;


del colegio jesuita alzado;


en el risco. En Granada;


de Indias. La ciudad;


lacustre que orbitó en su vida.;


Donde sintió primero;


el impulso de saltar;


el charco o cruzar;


montańas y alcanzar;


los visos y pigmentos;


que encienden intermitentes;


las culebrinas del rayo;


en las urbes del norte.;


(Matices que consiguió al fin;


para sus amigos -¿lo recuerdas;


Pepe? Te estoy hablando del día;


de su regreso en la estación.;


Bajó del tren ofrendando;


entre sus manos como prueba;


de su hazańa un manojo;


de luisitas capturadas;


con su red de mariposas;


y plumas parduscas escogidas;


que logró arrancar a la altura;


del cańón -justo en el momento;


que el águila de la lfrica sajona sorprendida;


se lanzaba del nido hacia el vacío.;


Jamás olvidó la visión: el ave;


encumbrada frente a él;


a salvo en hombros del soplo;


sin parpadear sus alas extendidas;


el músculo de su plumón tensado;


contra los vientos equilibrándolos;


como una sílfide estacionada;


en su elemento. O escurriéndose;


ligera en la corriente. O cayendo;


libre en el abismo. Sumergida;


en picada pero con aire suficiente.;


Como ballena al polo).;


Completó su acuarela sentándose;


a esperar que llegara;


la tarde cargada de pintas;


oscuras y blancas palomas;


de castilla tanteando pasitos;


sobre la reciente humedad;


de los tejados.;


Con todas esas tintas tatuó;


luego su cuerpo con el perfil;


de leona en acecho que tenía;


su mujer y chocoyos y poponés.;


Y seres cobrizos que balanceaban;


con su pie lejano una hamaca;


en la hacienda colonial;


y que comían en un plato;


digerible además de desechable;


enteramente hecho a mano y cien;


por ciento de maíz. Pintó después;


murales en los contornos de la plaza;


magnífica y también mezcló con ceniza;


los tintes para seńalar en la torre;


las frentes de los escogidos a su merced.;


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Pocas veces lo encontré;


en mi ruta. Pero siempre;


que topé con él me dio;


el alto y me mantuvo;


como a todos detenido;


férreamente al borde;


de sus líneas y del estruendo;


de sus ruedas. Estupefacto;


me quedaba viéndolo aparecer;


de improviso en Masaya;


desenroscando la falda;


de un cerro y cortando en dos;


de un pitazo prolongado;


y soberano la carretera.;


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Alvaro Rivas