Cultural

Dostoievski en la literatura testimonial nicaragüense


— Alvaro Urtecho —

He leído el segundo libro de narrativa de Erick Aguirre con gran pasión e interés. Pese a que, como lector, no me laten preferencias por la literatura de testimonio o crónica social y política, y más cuando se trata de la crónica de una experiencia histórica inmediata, debo decir que leí de un solo tirón, y con sumo placer, esta obra cuyo título, tomado del Himno Nacional (Con sangre de hermanos), nos ilumina y guía con resplandor litúrgico y olor a atavismos antiguos.;


Debo decir también que fui uno de los tres primeros lectores de Un sol sobre Managua, experiencia de escritura procedente del libro que comentamos ahora, primera experiencia que no me acabó de gustar. Me acuerdo que en una larga conversación en el Topkapi le expliqué a Erick que encontraba demasiado aplastada la ficción y los elementos poéticos por la crónica y el reportaje periodístico, que éstos pesaban mucho y le impedían a la imaginación y a los personajes alzar vuelo propio. Con sangre de hermano, que procede evidentemente de una experiencia y una inspiración parecida, logra, a mi juicio, imbricar orgánicamente la ficción con la crónica, la imaginación con la realidad social. ;
Contando, por supuesto, con el poderío de un estilo concentrado y acerado, que sabe dónde va y dónde apunta, fiel a las revelaciones de la experiencia personal y colectiva y a la memoria del fuego íntimo.;


Es decir, que bien se inscribe dentro de lo que llaman ahora género o literatura testimonial (La montańa no es más que una inmensa estepa verde, o El país bajo mi piel, por ejemplo), es también (o sólo) una auténtica novela. Una novela con un referente social concreto: el desarrollo de la lucha antisomocista, desde 1968, la insurrección popular, la Revolución Sandinista con todo su teatro de escándalos, magnificaciones, ambigüedades, mistificaciones y bailes de máscaras, su estrepitosa caída y la transición del autoritarismo revolucionario a la democracia liberal domesticada de dońa ;
Violeta y el inicio del gobierno de Alemán. Más de un cuarto de siglo de historia (y tragicomedia) nacional vista a través de dos protagonistas de la acción revolucionaria: Gregorio Suárez, fundador y alto oficial de la Seguridad del Estado, representante del Ťhombre duroť, cerrado y dogmático en sus convicciones de transformación social, y Gerardo Soto, combatiente y oficial menor; pero acosado por la duda, la incertidumbre, la indecisión y las veleidosas inquietudes literarias que lo hacen poner en tela de duda e impugnar el supuesto orden sacrosanto de la Revolución, el todopoderoso orden lógico hegeliano de la vencedora y aplastante razón revolucionaria. La vida y la experiencia de Gerardo, y su íntima percepción de su héroe y maestro Goyo, son vistas a través de un narrador (el autor) que encuentra los borradores del diario de Gerardo.;


Es sobre esta trama que discurre, con eficaz ritmo y sentido selectivo de la acción y el suspenso, la novela de Aguirre que logra, como dije, fundir la ficción (la vida de los personajes) en el torbellino de la acción social, con la presencia de figuras concretas de la historia conocida: Humberto y Daniel Ortega, Tomás Borge, Alfonso Robelo, Lenín Cerna, Monseńor Obando, Bismarck Carballo, Juan Pablo II y otros.;


Me alegra que Erick, magnífico poeta y ágil periodista también, con su conjugación de figuras ficticias y personajes reales en acciones y coyunturas reales, haya recogido las lecciones de maestros de este tipo de novela como el Malraux de La esperanza y La condición humana, el Graham Green de El ministerio del miedo o Nuestro hombre en La Habana, Alain Peyreffite, Sergio Ramírez (Margarita está linda la mar y Sombras nada más) o el autor de La novela de Perón.;


Una de las cosas que me llamó más la atención es la constante actitud reflexiva de Gerardo (trasunto del narrador, probable alter ego del autor), su duda permanente, su obsesión por impugnar no sólo la realidad de la Revolución sino toda la realidad, perfilándose como un anti-héroe, en tanto Goyo, su dirigente y figura admirada (por lo menos en el período insurreccional cuando se era romántico, inocente y puro), es el héroe, el Ťpositivoť, el intérprete e incondicional cumplidor de las tareas revolucionarias, de las Ťleyes objetivas de la historiať.;


Gerardo Soto: nada menos que un personaje dostoievskiano en la literatura testimonial nicaragüense y centroamericana. Dostoievskiano en tanto escarba constantemente dentro de sí, dentro de sus obsesiones y fantasmas para exorcizarlos o alejar de sí sus demonios, en tanto va conformando, con su actitud y sus monólogos, una memoria subterránea (crítica, disolvente, disidente, con el escepticismo que da la angustia y la frustración) opuesta a la memoria oficial de los policías, guardianes, funcionarios, empresarios, escribas y escribanos de la Revolución, promotores del triunfalismo y la buena conciencia. No por casualidad el epígrafe de esta obra, dedicada a la memoria de su hermano Danilo Aguirre Aragón, muerto en combate en los días anteriores al 19 de Julio, es de Boris Pasternak: ŤLa revolución la hacen los hombres activos, fanáticos sectarios, genios de autolimitaciónť.;


Precisamente el primer párrafo de la novela nos introduce de lleno en una realidad de conciencia trágica: ŤSi el tiempo de los hombres llevase el mismo ritmo que el de la historia, sin duda a esta hora el destino de la revolución habría llegado al otro extremo de su elipsis, y la azarosa vida de Gerardo Soto o la de Gregorio Suárez, no fueran para mí, como lo son ahora, simplemente los motivos de una historia mal contada, la trama sin sentido de una novela abierta, fragmentaria; un juego de espejos que es como la entrada a un mundo de palabras y recuerdos, donde la felicidad de haberlo dado todo por un sueńo no compensa la enorme frustración por el esfuerzo desperdiciado, ni redime la sangre, el sudor y las lágrimas con que fuimos humedeciendo nuestro caminoť.;


Por mantenerse en el radicalismo del revolucionario puro, Gregorio termina en la cárcel, en medio del llanto y la miseria (el despido, seis meses de provisiones), contemplado en silencio por Gerardo, quien ha descubierto que sólo la palabra, la palabra libre, crítica y soberana, es lo único que nos defiende del poder: ŤPor eso ahora hay que contarlo todo. De lo contrario seguiremos entregados al silencio del respeto, la veneración o el temor. Por eso debo remontarme a los fragmentos más remotos de lo que fueron sus vidas, al punto ciego en donde se doblan y despliegan, donde se cortan y confluyen, donde el fluir de la conciencia y la revelación de la crueldad apenas anuncian el desastre, el júbilo, las penas...ť;