Cultural

De cuentos que viajan en taxi

I “De cuentos que viajan en taxi”, I y II, están Inspirados en el cuento de Fernando Silva “La zapatilla amarilla” (El cuento que se fue en un taxi)

— Carlos Ampié Loría —

Le dio la dirección al taxista. ¿Cuánto? Le pareció razonable. Se pusieron de acuerdo. Era el único pasajero y hasta llegar a su destino, no se subió nadie más.;
Había vuelto a empezar a llover. Una llovizna leve, pero pertinaz, empańaba los vidrios delanteros y el parabrisas rechinaba como puerta vieja en su indetenible e infructuoso afán de mejorar la visibilidad.;
La pista de la resistencia, inundada a un lado y otro.;
Una desgracia estas calles de Managua, dijo de pronto el taxista, no puede caer una meada de gato, porque ya están inundadas.;
Bueno, anoche sí llovió recio. Pero lo peor fue la tormenta. Una rayería de once mil diablos, repuso el pasajero, como para justificar las lagunas en la pista.;
Así me dijo mi mujer. Pero yo ni cuenta me di de la tal tormenta.;
Pues debe tener usted el sueńo bien pesado, por que esa tormenta de anoche fue cosa seria. ¿O es que se acostó con sus traguitos?;
No hombre, para nada. Ni para eso tuve tiempo.;
Fíjese que anduve en un retiro. ;
Amigo, ¿Usted es católico?, lo interrogó el taxista, mientras trataba de limpiar las ventanas por dentro con un trapo que más empańadas y sucias las dejaba.;
“Eh, ya la cagó este”, pensó el pasajero, “ mínimo, testigo de Jehová”;
Pues viera que no. Bueno... mi familia es más o menos evangélica. ;
“Es mejor llevarlo por la buena”, pensó el pasajero. “Hay algunos que hasta se arrechan si uno les dice que no cree en nada”. ;
Bueno, evangélico o católico, la fe es la que vale. Al fin y al cabo, Dios es el mismo, dijo el otro volviendo a verlo sonriente.;
El pasajero pensó que era una imprudencia quitar los ojos de la carretera mientras se manejaba, pero no dijo nada.;
Si, eso digo yo, contestó poco convincente.;
Pues como le decía, amigo, anduve en un retiro. Anduvimos los dos, con mi mujer, viera que cosa más linda es esa. Imagínese y yo ni quería ir.;
Fue mi mujer la que me convenció. Pero para qué, muy bueno. Le enseńan a uno cosas muy valiosas para la vida, la familia, la pareja. Cosas lindas ...;
Es que hay cosas en las uno nunca piensa por estar pendiente sólo del trabajo y de todos los clavos de todos los días...;
Es algo que a todo mundo le pasa, dijo el pasajero como para sí, mientras el otro, visiblemente entusiasmado, no cesaba de hablar.;
Y sobre todo, mire amigo, nosotros los hombres pensamos que con trabajar y llevarle los reales a la mujer para los chavalos ya está, ya se acabó la tarea de uno. Pero, no amigo, la cosa no es así. Y eso es lo que uno no se pone a pensar.;
“Este parece que acaba de descubrir América”, pensó el pasajero.;
Por ejemplo, mire amigo, allí tenemos a los chavalos. Uno llega a la casa bien cachimbiado, sin ganas de que nadie lo joda y se le acerca el chavalo...;
Y uno lo esquiva con cualquier pretexto, sin saber siquiera lo que quería, le quitó las palabras de la boca al taxista.;
Exactamente, amigo, y uno les dice que ve, hablemos más tarde de eso. Ahorita estoy rendido, no estoy ni para mi mismo. Que le digan a la mama, como si la carga fuera sólo de la mujer. Si amigo, así es uno. No le pone atención uno a los chavalos.;
Y después muchos se extrańan de que los hijos en algún momento cojan por el mal camino, menos mal que la plática había tomado ese rumbo, pensó el pasajero.;
Ese es el peligro, amigo. Eso nos dijeron en el retiro.;
Pero no sólo con los chavalos, también con la mujer uno se descuida. Y después se extrańa uno de que la mujer se la pegue.;
¿Pero si uno no la trata bien, con carińo? ¿Dígame usted?;
Al rato se halla otro que la trate mejor.;
Bueno, pero a veces la culpa no es sólo del hombre. Porque hay mujeres que con el tiempo se echan al yo que pierdo y andan hechas un desastre en la casa.;
Ah, ve usted sí que ya dio en el clavo. Así es, ni más ni menos. Mi mujer por ejemplo, en la casa, parece bruja la jodida, ah, pero si va para la calle, a la venta o qué sé yo adonde jodido, ya se peina, se pone la ropa que le queda más socadita, se pinta... Ideay, ¿para qué? ¿Para que la vean los otros hombres en la calle?;
Pero, dígame, ¿Alguna vez usted se lo ha hecho ver? Lo que uno hace es arrecharse y nada más. ¿O me va a decir que no?;
Bueno, ahí le doy la razón. Eso nos dijeron también en el retiro. Hay que mejorarse mutuamente, hablar con la pareja...Pero es difícil. Por eso es que uno a veces se busca su queridita. Porque, son babosadas amigo, la querida cuando se mira con uno siempre anda bien caché. Bańadita, perfumadita, bien peinadita. A la hora que uno le dice, ve te veo en tal parte, siempre arregladita, sonriente, amable, ¿verdad?;
Eso sí es cierto, dijo el pasajero cuando se acercaban al mercadito de San Judas, ;
¿Por qué será eso así, hombré?;
Pues, quién sabe! La verdad es que lo tratan bien a uno las queridas. ;
Hasta los pies me lavaba una querida que yo tuve.;
Eso es lo que a uno le gusta, pero claro, a la mujer también le gusta que la traten con carińo. Y lo principal es hablar con la esposa, eso nos dijeron.;
Aunque uno a veces no lo reconozca, es importante lo que las mujeres hacen,;
yo por lo menos no quisiera hacer lo que hacen las mujeres en las casas, ¿verdad?;
Si, amigo, llegar a la casa y mostrarse interesado por lo que ella hace, por la escuela de los chavalos, esas cosas. Y contarle también lo que uno ha hecho. Si uno se lo propone, siempre hay cosas interesantes de que hablar. Comunicarse, eso es lo importante. ;
Y también del sexo hay que hablar, parece mentira... En el retiro nos dijeron todo eso.;
Hay que preguntarle a la mujer qué es lo que le gusta, cómo quiere que uno la ponga, qué es lo que no le gusta, sus deseos, sus fantasías, siempre inventar y probar cosas nuevas, posiciones nuevas...;
Y contarle también las cosas que a uno le gustan, las cosas que uno desearía hacer con ella, ¿verdad?;
Ah, si, eso es importante, pero mire amigo, el problema es que a la mayoría de la gente como que le da vergüenza hablar como quien dice a calzón quitado, y le digo, amigó, que a mi me pasa lo mismo, no sé...;
Pues fíjese que yo tuve una mi querida, una chavala, esto se lo pongo como ejemplo de lo importante que es hablar de esas cosas con la pareja. Pues bien, la chavala tenía ya rato de andar conmigo. Yo le había hecho de todo y ella se dejaba y gozaba, pero nunca tomaba la iniciativa. Lo único que siempre hacía era acariciármela, sobármela...;
Hasta que un día, mientras me la acariciaba se lo dije calladito al oído y mire amigo, parece que eso era lo que estaba esperando. Desde ese día cada vez que nos mirábamos, era lo primero que hacía. ;
Yo seguramente hubiera pensado mal de ella si me hubiera hecho el sexo oral sin que yo se lo pidiera, fue lo que me dijo cuando le pregunté por qué no lo había hecho antes. ĄImagínese que locura!;
Usted parece que es medio aventado... pues mire, yo aprendí mucho en ese retiro, muchas cosas buenas, para qué...;
Si alguna vez se le presenta la oportunidad, de asistir a algo así, mire, ;
no diga que no.;
A lo mejor me animo, mintió el pasajero.;
Si amigo, se lo digo yo. Y sobre todo hay que poner por delante a Dios. ;
Dios debe ser el primero en el hogar, aseveró el taxista, al parecer muy convencido.;
Y sobre todo tratar de poner en práctica esas enseńanzas, empezar a ser carińoso con los chavalos, con la mujer. Y a lo mejor hasta dejar a la querida...;
No es malo tratar de poner en orden la vida, asintió el pasajero mientras miraba por la ventana que por allí debía ser la casa que buscaba.;
Más o menos por aquí es la cuadra y media, dijo el taxista.;
Si, por aquí déjeme, vamos a ver. ;
Gracias y adiós!;
¿Estaría la tal mujer en la casa? Era casi seguro que a esa hora ni cuenta se había dado todavía que se había llevado las llaves equivocadas. Que mujer más babosa!;
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El taxi se detuvo en la esquina del mercado, el taxista se bajó y desmontó con calma la torre, se montó de nuevo y puso donde se viera bien el rótulo “FUERA DE SERVICIO”.;
Puso el motor de nuevo en marcha, se quedó un momento como pensando en el rumbo a tomar y arrancó por fin lentamente.;
Entró a la calle lodosa y llena de charcos, de ríos diminutos de agua de jabón, como siempre pitando, esquivando y maldiciendo a los chavales y los chanchos. ;
A tiempo venís, te estaba esperando como el agüemayo, dijo la mujer secándose las manos blanquiscas de jabón en el ancho y largo faldón sucio que le cubría hasta debajo de las rodillas.;
¿Y a mi para qué?, repuso él frunciendo el ceńo y poco amable.;
Ay vinieron a claviar de onde la vieja esa del otro lado. Dice que tu hijo le rajó la cabeza a su chavalo, yo no sé...;
¿Ahora es mi hijo? Tuyo será. Vos lo tenés así, de vago. No lo cachimbiás, no lo ponés a hacer ni verga.;
Acaso vivo de vaga. Ve, y la vieja dice que le paguen la cura.;
Y a mi qué me importa. ¿Vos crees que yo me ando turquiando para pagar las fechorías de ese chavalo? ¿Ah? ¿Y qué se hizo ese jodidito?;
¿Y Yo qué voy a saber? En el nintendo debe estar.;
Ah, ¿en el nintendo? ¿Y vos para qué jodido estás en la casa? A vos te debería cachimbiar por cabrona.;
Hacé la prueba papito, a ver cómo vamos a salir. ĄBabosoĄ, musitó volviendo al lavadero y al cerro de ropa que le quedaba por lavar.;
Una buena turquiada le voy a dar a ese hijueputilla ahora que aparezca y si te metés, a vos también te turqueo.;
Bueno, ¿y no hay nada qué hartarse?, gritó desde el ;
boquete que en la cocina hacía de puerta.;
Andá pedile artazón a tu querida!, le gritó sin volver a verlo. ĄEstúpidoĄ;
El taxista hizo amago de salir al patio, se detuvo. No dijo nada.;
Visiblemente contrariado abordó de nuevo el taxi y volvió a salir pitando y maldiciendo y bańando de lodo a los chavales que jugaban en la calle.;
Saltaba el taxi de hoyo en hoyo.;
“Cuándo hijueputa irá a progresar este maldito barrio”, pensó. ;


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Cuatrocientos pesos te va a costar la broma, dijo el policía mientras empezaba a garabatear algo en la boleta. ;
Eso tenés que pagar para que te devuelvan la licencia. ;
¿Y a cuenta de qué?, lo interrogó el taxista, sin poder ocultar su enojo.;
¿Y todavía preguntás? No te detuviste, hermano. ;
Oíste las sirenas, viste que hasta la gente que iba a pie se detenía, ;
te hicimos seńas y nada. ¿Y todavía preguntás? ;
Todo mundo tiene que detenerse a la hora que pasa “El hombre”.