Cultural

Reflexiones sobre el Arte y su tiempo


— María Dolores G. Torres —

Aunque el auge de las bienales del istmo centroamericano es reciente, vale la pena retroceder tres décadas para conocer sus orígenes y su historia. En 1971 se celebró en Costa Rica la Primera Bienal Centroamericana de Pintura y fue sin duda un evento que propició una apertura cultural, contribuyendo a que el arte saliera de su aislamiento y que en otros países de la región comenzaran a organizarse otras actividades artísticas similares. Sin embargo, en la década de 1980, a causa de la inestabilidad social y la guerra de baja intensidad se interrumpieron las bienales, restableciéndose nuevamente en la década de 1990, después de los acuerdos de paz. Una vez reiniciadas, en 1998, se celebra en Guatemala la I Bienal de Pintura del Istmo Centroamericano y en el 2000 la II Bienal, siempre de pintura, en San José, Costa Rica. Casi simultáneamente, en casi todas las bienales locales, los artistas comenzaron a rebelarse ante la tiranía del bastidor y ante las formas tradicionales de expresión, que excluían nuevos lenguajes y otros medios menos convencionales, de tal manera que el nombre se amplió a Bienal de Arte o Bienal de Artes Visuales para dar cabida a una mayor diversidad de expresiones artísticas hasta entonces excluidas o marginadas, por el reinado exclusivo de la pintura. Actualmente, conviven las manifestaciones tradicionales y las no tradicionales, junto con los materiales más inusuales e inusitados, las instalaciones, los videos, los assemblages, la fotografía, los performances y las propuestas simbólicas para cuestionar la violencia, los abusos de poder, la reivindicación de género y, definitivamnte, una ruptura con las artes tradicionales. ;


En esta III Bienal del Itsmo confluyen todas estas expresiones dentro de un marco multicultural y pluralista para crear un nuevo discurso artístico, al que el público no está acostumbrado. No es de extrańar, en algunos casos, un sentimiento de desplazamieto ante los nuevos desafíos de la tecnología, especialmente con el video art. Este sentimiento no es nuevo dentro de la Historia del Arte y algo semejante ya había ocurrido con la aparición de la fotografía y el cine, la competencia posterior de la televisión, Internet y la eventual “desaparición” del libro... Los ejemplos son innumerables, pero lo que sí hay de cierto, es que existe la convivencia entre lo más heterogéneo y contrastante. Sumado a esto, en la actualidad, casi ningún artista está etiquetado bajo una denominación única: ser pintor o pintora, escultor o escultora, no es determinante porque el artista no sólo pinta y esculpe sino que ensambla, transforma y elabora objetos, construye instalaciones, hace fotografías y videos o realiza performances, dentro de la mayor diversidad cultural.;


Esta III Bienal del Istmo, y a su vez primera Bienal Centroamericana dedicada a las Artes Visuales, muestra toda una constelación de estilos en los que se evidencia una proyección multicultural, que recoge el panorama vigente del arte actual. El jurado compuesto por Gerardo Mosquera, María Elena Ramos y Elena Oliveras optó por premiar uno de los lenguajes artísticos más contemporáneos como es el arte del video. El primer premio fue otorgado a Brooke Alfaro (Panamá) por sus obras Aria y Yuri, dos videos de 3.40 minutos cada uno, cuya temática difiere totalmente. El contenido del primero, enmarcado dentro del contexto urbano, presenta, a través de las múltiples tomas de un edificio en ruinas, la reflexión sobre las manifestaciones de la cultura actual: artes plásticas, música, diseńo arquitectónico y la traducción de todos estos elementos como formas de comunicación. Asimismo, la identificación de la gente con los espacios humanos, actúa como elemento integrador. El segundo, muestra un contenido más transgresor utilizando como vehículo expresivo el cuerpo humano fragmentado y ensamblado como un rompecabezas, para representar a una lesbiana, como parte de un grupo social minoritario, discriminado por la cultura hegemónica. Las piezas del cuerpo se mueven y cobran vida enfocando temas relacionados con la sexualidad femenina, desde una perspectiva estética, con un lenguaje plástico sobrio y de gran calidad. Acompańado de un audio, rompe con los modelos de contemplación pasiva, promoviendo una visión interdisciplinar de las artes plásticas.;


Una instalación fotográfica con audio, de Ramón Zafrani (Panamá), fue merecedora del II Premio. A través de cinco fotografías sobre acrílico, el artista muestra una serie de pasajeros –hombres y mujeres- viajando en autobús, ensimismados en sus propios pensamientos. Los auriculares, como elemento auxiliar, nos conectan con el monólogo interior de cada personaje, para presentarnos una crónica del mundo cotidiano con todas sus implicadiones psíquicas y humorísticas. Al mismo tiempo, el espectador se convierte en sujeto participativo de la representación como parte de una nueva experiencia estética. ;


El III Premio le correspondió a Patricia Belli (Nicaragua), por sus dos videos Sísifo y Resiliencia de 3.30 minutos. Haciendo acopio de la mitología griega, presenta una originalísima dramatización del mito de Sísifo, representado metafóricamente a través de una mano, que trabajosamente trata de ascender por la cuerda floja de la vida. Mano y cuerda sustituyen al personaje y a la montańa, pero permanece inalterado el eterno andar y desandar del ser humano cargando la pesada piedra de su castigo –al igual que Sísifo- o de su destino. Partiendo de la cultura popular, Resiliencia o Resistencia está centrado en una pińata con un rostro humano de papier maché, golpeada por personajes con máscaras carnavalescas. Al quebrar la pińata, surgen un montón de bolas de vidrio que se dispersan por toda la ciudad. En este caso, el juego deviene en otra metáfora visual con un mensaje esperanzador: la resistencia a dejarse abatir y la reconstrucción de una identidad.;


Los tres artistas ganadores de los tres primeros premios tienen en común una larga trayectoria en pintura, fotografía e instalaciones, que se evidencia en la plasticidad de sus obras. Esto les ha permitido desarrollar los conceptos de interdisciplinariedad, multiplicidad y plurimedialidad, convirtiendo el arte en un espacio abierto y la creatividad en una actividad lúdica. Este mismo planteamiento se observa en las tres menciones de honor, otorgadas a Cecilia Paredes (Costa Rica), Priscilla Monge (Costa Rica) y Humberto Velez (Panamá). ;


La obra de Cecila Paredes, Recursos humanos para la obtención de lo divino, (manto tejido con 1.700 huesos, 175x149 cm.) nos remite a la reconstrucción de un vocabulario relacionado con en quehacer cotidiano - cocinar, tejer, coser- a través del uso de materiales insólitos, como los 1.700 huesos de la buena suerte, utilizados para confeccionar un manto, convertido en una metáfora de la vida y del tiempo. La artista ha percibido que también se pueden tejer significados hilvanando ideas y pensamientos para crear una obra de arte con carácter renovador. Priscilla Monge, sin embargo, recurre a un producto de la cultura popular, como es la barata, para hacer arte a través de los pregones. Su ingenioso proyecto La barata (2002) consta de un texto y 4 dibujos a través de los cuales traza el guión del evento: un carro recorrerá las calles de Managua durante 3 horas y el pregonero leerá el libro de Kandinsky “Lo espiritual en el Arte” (1912), a partir del I capítulo que comienza con la incuestionable aseveración: “Toda obra de arte es hija de su tiempo”. Lamentablemente, este recorrido sólo pudo llevarse a cabo una vez, pues durante la entrega de premios, se sumó al mal tiempo la carencia de una Plaza Pública, o de la República, arbitrariamente destruida para dar cabida a una espantosa fuente cantarina. La otra mención le correspondió a Humberto Velez por su video Guachimán (3.40 minutos) en el que presenta la dualidad entre lo rutinario y el mundo del arte, mediante una lograda reduplicación de planos, formas y figuras. En todas estas obras y especialmente es los videos, la representación no solo se ha convertido en imagen visual, sino que las imágenes se han convertido en poderosos medios de comunicación e información.;


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Independientemente de los premios y menciones, vale la pena destacar la participación de Nicaragua. Claudia Gordillo, siempre dentro del género documental, presentó 5 fotografías de notable calidad cuyo tema central so los petroglifos y la estatuaria prehispánica. Bajo el título Fragmentos de estatuaria prehispánica en el olvido, muestra la relación entre el arte del pasado y el arte de fijar y reproducir imágenes por medio de reacciones químicas o de la impresión digital. A través de la instalación, Luis Morales Alonso recurre a “dos cajas con discos”, para establecer un diálogo con la historia y con el entorno. El sustrato prehispánico está registrado en Caja primigenia con discos esenciales; los acontecimientos más notables del Siglo XX, especialmente sus dos últimas décadas están incluidos en Caja contra la amnesia con discos memorialistas “Antes del Fin”: Tianamen, los conflictos del Medio Oriente, la clonación la globalización, SIDA-AIDS, forman la lista de los sucesos que culminan con el dramático fin de las Torres Gemelas: New York, 9-11-01.;


En Rastreo-Tracking (2002), a través de la pintura, la instalación y el video, Patricia Villalobos aborda la problemática de la transculturación y el post-humanismo haciendo referencia al cuerpo humano desintegrado. Las imágenes presentadas describen una visión del mundo donde las intervenciones quirúrgicas o la relación promiscua con las nuevas tecnologías –transgénicos, clonación- ponen en crisis nuestra identidad como seres humanos. Finalmente, dentro de un contexto más local la obra de Raúl Quintanilla y Rodrigo González aborda los abusos de poder y sus consecuencias. A través de la instalación titulada Para lelos históricos (2002), Quintanilla alude a la entronización de la corrupción y lleva a cabo una crítica activa a través de la transgresión de significados y la subversión de los medios de expresión no tradicionales. En Guácala (2002), Rodrigo González utiliza el yute o arpillera para construir una suerte de mural portatil en el que están inscritos los nombres de los personajes involucrados en la “guaca”, pintados en “rojo sin mancha” junto con las cifras, simbólicamnte pintadas de blanco, para aludir a los millones “blanqueados”. ;


Pese a las sorpresas causadas por el choque de “lo nuevo” la III Bienal del Istmo ha marcado un antes y un después al dar cabida a diferentes técnicas y formas de expresión. Como consecuencia, la obra de arte ha dejado de ser un objeto de contemplación pasiva, favoreciendo una visión multidisciplinaria que involucra la experimentación, la discusión y la creatividad. Después de todo –y parafraseando a Kandinsky- “la obra de arte es hija de su tiempo y muchas veces, madre de nuestros sentimientos”. ;


María Dolores G. Torres.;
Historiadora de Arte. Investigadora en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica. (IHNCA-UCA);


Lista de ilustraciones. ;
Brooke Alfaro (Panamá). Aria, 2002. Video, 3.40 minutos. I Premio.;


Ramón Zafrani (Panamá). Instalación con audio, 2002, 38x61 cm. cada foto.II Premio;


Patricia Belli (Nicaragua). Sísifo, 2002. Video, 3.30 minutos. III Premio.;


Cecilia Paredes (Costa Rica). Recursos humanos para la obtención de lo divino, 2002. Manto tejido con 1.700 huesos, 175x149 cm. Mención de Honor.;


Patricia Villalobos (Nicaragua). Rastreo-Tracking, 2002. Instalación y video, 180 x 460 cm.;


Rodrigo González (Nicaragua). Guácala, 2002. Oleo sobre yute, 160x225 cm.;
Luis Morales Alonso (Nicaragua). Dos cajas con discos, 2002. Instalación, 250x250x250 cm.