Cultural

El Péndulo y el Juicio

(VIII Festival Internacional de Teatro CELCIT-Nicaragua

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El arte de la Defensa: Teatro y Juicio;


Nada nuevo afirmamos al seńalar el parentesco de ambos. Tal obviedad viene al caso con el único fin de aportar otro punto de vista al apreciar la puesta en escena de ŤPotestadť de Eduardo Pavlosky (Argentina), Sala Justo Rufino Garay, 23 de Agosto, Managua. Valorar su efectividad en escena más allá del texto (y su contexto), detalles técnicos y de producción. Vista, desde público, mientras el espíritu de justicia de nuestra época divaga entre sutilezas y abstracciones jurídicas.;


Transgredir las reglas que rigen las relaciones entre los miembros de una sociedad y alteran su dinámica y organización generan un proceso judicial: acusado, acusador y, claro, la defensa. Esto, mientras transgresión y transgresor no impugnan los principios que sustentan el poder. En el primer caso, fiscal y defensa actúan en connivencia; en el caso impugnador, la defensa propone una estrategia de ruptura.;


Si la contradicción es la principal condición de existencia en sociedad y el crimen una seńal de cambio, el juicio funciona como un regulador (en conformidad o aquiescencia de los mismos acusados) para reinsertar el hijo pródigo. Válido, si no se trata de una contradicción que excluye compromisos que impliquen mantener el orden existente. El arte de defender en connivencia consiste en privilegiar los componentes acusado, hecho y circunstancias. Se declara culpable y alega atenuantes: lo excepcional de su conducta, del hecho y el cómo. El arte de defender impugnando -se declare o no culpable y muchas veces defensor tornado acusador- consiste en mostrar la nulidad de los principios que sostienen las leyes que lo colocan como transgresor: no acepta las reglas del juego.;


De suerte que la actitud del acusado frente al orden público define su proceso: si lo acepta hay un diálogo entre él que se explica y el juez cuyos valores respeta. Si lo rechaza genera ruptura. Estos dos esquemas dan lugar a múltiples combinaciones. (Por ej: el hambre, la huelga y la prostitución expresan ruptura, pero se ventilan de Ťderecho comúnť). Entre éstas, presunto y juez eligen acorde a sus fines. Visto así, saltan las semejanzas formales entre teatro y juicio. Baste argüir que la esencia teatral surge cuando al primitivo acto ceremonial se suma diálogo y transcurrir del tiempo (narración). Depurada luego en las contradicciones, adversarios y conflicto, de la fábula. Que además ambos casos confrontan un público a quien deben afectar de manera efectiva y resultados previsibles.;


Pueden los antagonistas asentir y consentir, hacer trato pues y contrato, como en el farsesco y anónimo ŤEl Güegüenseť (que incluso celebran); o bien enfrentarse, tal el juicio más reciente, real y oportuno ŤYo Acusoť de Carlos Fonseca. Entrambos bien caben ejemplos tales, ŤLa Barca de La Muerteť de Gil ;
Vicente o aquel otro anónimo de la tradición oral local ŤDiálogo de la Mujer y el Diabloť. Incluso el caso de Ricardo III (Shakespeare), quien rompe la inicial connivencia con Lady Ana al confesarle que mató a su marido, a su padre y a su suegro. Derrotada, el Rey (Qué Viva!) le exige compartir su lecho en absoluta connivencia.;


La ruptura trastorna toda la estructura del proceso. Hecho y circunstancias pasan a segundo plano, tras la impugnación total al orden público. Tales los de Sócrates, Jesús, Galileo y del Rey Luis XVI. Este último, el ciudadano Capeto -depuesto rey de Francia-reclama el respeto a la ley mientras su defensa por el contrario lo niega, las considera nulas al ser depuesto el régimen. Y las nuevas no contemplan la figura del rey, quien jurídicamente ya no existe y la asamblea por mayoría de votos hace valer tal sentencia.;


Sócrates, también impugna, al dar cuenta de sus actos no para excusarse, sino para develar que son premeditados: Ť...muy lejos de defenderme; .. a vosotros estoy defendiendoť (ŤApología de Sócratesť de Platón) y tampoco trata de conmover a los jueces, ni cree oportuno esquivar la discusión de sus ideas ni las consecuencias. Se sabe condenado por el desorden que provoca en la ciudad al cuestionar el orden establecido. Ataca y ridiculiza a sus acusadores, cierra toda posibilidad de trato y así sella su muerte.;


Suspicaz, Galileo (ŤGalileo Galileiť, Bertold Brecht), Ťtratať (retracta) con el loable propósito de asegurar continuidad a sus pesquisas del orden cósmico, terrenal y divino; que Ťa su pesar se mueveť. En fin, la victoria de Jesús -su gloria y resurrección-la alcanza con el premeditado curso de su pasión y muerte en la cruz. Impugna el orden terrenal puesto Ťsu reino no es de este mundoť y no se defiende, aún frente al abandono de sus Ťcómplicesť y el escarnio de sus verdugos, convictos y antiguos seguidores. Valga de paso recordar que el teatro religioso surge del pasaje del ángel: ŤMujeres, a quién buscáis entre los muertos?ť.;


Cuando en connivencia el defendido se declara culpable, el interés de la defensa se centra en las circunstancias y la personalidad del acusado; las condiciones excepcionales del crimen y su carácter fatal intentan disminuir el peligro social. Es único y no corre el riesgo de ser regla: un pobre roba un pan, el marido Ťburladoť mata a su rival. El acusado muestra sus llagas, sus debilidades, sus taras y desventuras: no asume su destino. Lo padece.;


Teatro o juicio, el alegato de la máquina fatal (deux ex machina) es el más eficaz conciliador. Un botón: Edipo; inexorables acciones inocentes lo llevan a sus crímenes, sin que lo desvíe el ser abandonado, ni huir de la corte de Corinto. Por casualidad y ambición mata a su padre y desposa a su madre. Es y no es culpable, sin embargo se condena a sí mismo, arrepentido por un crimen excepcional. Prevalece la justicia, él se saca los ojos y Yocasta se ahorca.;


El Péndulo y el Juicio;


ŤPotestadť coloca al público en el predicado de juzgar por asesinato, secuestro, usurpación de identidad y otros crímenes (con fondo de represión y tortura). En un primer nivel. En otro, nos lleva a Ťreconsiderať a la luz de la subjetividad del acusado -y refiere a la figura jurídica aludida en el título- a las razones y sinrazones del Ťpadreť que pierde Ťsu hija adoptadať e impotente atestigua el derrumbe de su familia.;


La obra discurre sobre múltiples formatos escénicos acordes a la estrategia -arte- de la defensa diseńada para provocar diversas emociones y sentimientos en el respetable. Oscila así, de una suerte de anécdotas de vodevil al drama, hasta alcanzar en el otro extremo el relato trágico salpicado por asesinato y rapto. Genera un amplio arco de reacciones entre la empatía y el rechazo: de la simpatía sintónica y divertida fluye a la dramática compasión solidaria, que brusca tuerce a lo opuesto (sin atenuarlo la pérdida del juicio). Tal estrategia exige recursos y versatilidad actoral. El acusado apuesta primero a congeniar, apela a base de ser un buen padre con familia; luego desnuda sus intenciones (Ťdecir toda la verdad y nada másť) y los medios que -de todos modos- le llevan a sufrir igual condena que lo sufrido por sus víctimas: la desquiciante angustia de los padres robados de su hija.;


El inicio -extremo empático del péndulo- es una conversa entre vecinos. Un tipo simpático, aunque clasista y extranjerizado, salpica con divertidas anécdotas y comentarios una historia de momentos en familia anteriores a la Ťidať de su hija. Lento e imperceptibles, tono y ritmo adquieren acento del drama que ahora vive la pareja. Un Ťadiós, papáť opacado por sonido de motor provoca el giro y pase a la perorata trágica ante su esposa.;


El actor -excepto dos sillas y efectos menores de luces y sonido-aparece sobre una escena vacía: él es su único recurso. Debe recrear un personaje espontáneo en un streap-tease de lo que piensa y siente, su familia y lo ocurrido. ;


Mientras, de-escribir escenas, parodia o personifica, imita meticulosos gestos y movimientos. Insistir, abundar y redundar, en detalles de proximidad y desplazamientos, como si tratara de reconstruir la escena de un crimen; o de quien recuerda sus últimas impresiones de un deceso. Interpretar y ofrecer una lectura minuciosa de cada uno de ellos. Crear un ambiente de natural y creíble proximidad, para mostrar su verdadera y desnuda angustia de un padre que pierde hija y familia. Alucinado y reiterativo iniciar el íntimo alegato que devela las razones de sus crímenes. Y atormentado recrear las imágenes encadenadas ahora a su condenada Ťojo por ojoť. Y lo logra.;


Altagracia, Agosto 25 de 2002;