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Jefas de familia, mal empleadas y con doble jornada

El modelo tradicional de “hombre proveedor” y “mujer de casa”, ha pasado a un modelo en el que ambos proveen y este a su vez, ha sido superado por un tercer sistema: el de la “jefa de familia”, donde sólo la mujer provee. Cada vez, hay más mujeres en las oficinas y en los puestos de comercio informal. Todo en lucha frontal contra la pobreza

Su cuna fue un carretón al que su mamá clavó dos reglas de madera y colgó una hamaca para acurrucarla, mientras ella recorría las calles de la capital con su venta ambulante.
“Me crié en un carretón. Todavía hay gente muy mayor que me recuerda metida allí”, rememora doña Emelina. “De eso han pasado muchos años ya”, dice, al mismo tiempo que pide no se revele su apellido. Esta mujer a los siete años debió salir a ganarse la vida como lo hacía su madre: vendiendo en las calles.
Su suerte no pudo ser peor; a los 13 años tuvo su primer hijo producto de una agresión sexual sufrida durante su trabajo. Ahora ella está casada, tiene 51 años y procreó diez hijos, siete de los cuales aún están con vida. A todos los que sacó adelante con los ingresos de su negocio informal.
“Nunca fui a una escuela. Una señora me enseñó a leer, escribir y las matemáticas básicas”, nos comenta, agregando lo duro que fue para ella cargar con la crianza y educación de sus hijos, con tan bajos ingresos y principalmente después que su marido falleció en 1990.
Su día comienza desde las 4:30 de la mañana en el barrio Rubén Darío. Atiende a su hija de 24 años, la única que vive con doña Emelina. Joven que padece de ataques epilépticos y que por ello, su mamá, debe estar atenta a sus cuidados médicos antes de salir.
Luego prepara su venta compuesta de caramelos, galletas, cigarrillos y frutas. Saca su carretón, su banquillo, una sombrilla, y emprende el diario camino para montar su negocio a orillas de la vía, en la Carretera Norte de la capital.
Por diez años ha ocupado ese sitio, pero con la edad y tantas agotadoras jornadas, las enfermedades no se hicieron esperar. Actualmente padece de diabetes e hipertensión, con malestares que se agudizan con el ardiente sol del verano que puede llegar a los 38 grados centígrados, o las fuertes lluvias del invierno, además del humo tóxico de los miles de vehículos que pasan frente a ella.
Recientemente padeció un orzuelo, y por el ambiente de suciedad en el aire, le produjo una infección que la llevó al hospital. Por esto dejó de vender por cuatro días. “Fueron cuatro días sin el sustento diario”, se lamenta.
Trabajadoras de doble jornada
Virginia Meneces, en representación de la Red de Mujeres contra la Violencia, señala que internamente no existe una política sistemática para focalizar y erradicar la pobreza.
“La mayor parte de la pobreza la sentimos nosotras –las mujeres- porque encabezamos nuestras familias como madres solteras, muchas sin educación y con pocas probabilidades de empleo. Las mujeres buscan trabajo y no encuentran, por lo que caen en la labor informal. Así es que nos hemos hecho responsables de la situación para poder sobrevivir”, indica Meneces.
Alega que la pobreza significa falta de educación y falta de alimentación para los hijos.
“Las mujeres trabajamos y usamos el dinero principalmente para nuestros hijos o el sustento de la familia. Luego, viene la segunda jornada al cerrar el día, pues la esperan los quehaceres domésticos después de las horas laborables en la calle”, señala.
Según el informe 2009 de la Organización Internacional del Trabajo sobre “Impacto de la crisis mundial en el mercado laboral de Centroamérica y República Dominicana”, el modelo tradicional de hombre proveedor y mujer cuidadora, dio paso al doble proveedor (hombre y mujer) y ahora a las familias “jefeadas” por mujeres, donde ella es la única proveedora.
“Uno de los hechos más destacables en las últimas décadas ha sido el aumento de los hogares jefeados por mujeres, que en algunos países como Nicaragua, representan casi el 40% del total. Esta incorporación de la mujer a las actividades productivas no ha venido acompañada, sin embargo, de un reparto entre hombres y mujeres de las tareas domésticas”, dice el documento.
Agrega que de esta forma, las mujeres han continuado haciéndose cargo del cuido de los niños o niñas, enfermos y adultos mayores, y del resto de tareas domésticas, a la vez que se han incorporando al mercado de trabajo, convirtiéndose de esta forma en trabajadoras de doble jornada.
Indica también que en el mercado laboral formal, las mujeres presentan una menor tasa de participación, tienen mayores tasas de desempleo y una segregación laboral que las ubica en empleos precarios y mal pagados.
El trabajo independiente
Adrián Martínez, Secretario General de la Confederación de Trabajadores por Cuenta Propia, adscrito al Frente Nacional de los Trabajadores, comenta que ellos son 1 millón 377 mil personas en trabajo independiente, de una población económicamente activa de 2 millones 168 mil 4 en Nicaragua.
Significa que el 65% de la población económicamente activa está en la calle, con pocas alternativas para desarrollar labores complejas en cargos fijos. En Managua, sólo en el área urbana hay 163 mil trabajadores independientes, de ellos sólo 17 mil están organizados, obteniendo capacitaciones y haciendo convenios con las municipalidades para regular su labor. Uno de los puntos más positivos de esta organización, es que sus miembros están comprometidos con enviar a sus hijos a estudiar diariamente.
“Efectivamente las condiciones de trabajo son sumamente precarias y el problema comenzó con el programa de ajuste económico implementado en la década del noventa, que envió a gran cantidad de empleados a la calle y estos comenzaron a valerse por sí mismos, ya sea en pequeños tramos callejeros en los mercados o de forma ambulante para tener un ingreso de sobrevivencia”, comentó Martínez.
Para las que tienen suerte de tener condiciones laborales estables, según los datos estadísticos del informe 2009 de OIT, las mujeres dominan las ocupaciones del sector servicio que requiere poca tecnificación.
En el área doméstica representan el 89%, en servicios comunales, sociales y personales son el 64.9%. En el comercio, restaurantes y hoteles conforman el 50.8% de las personas que laboran, seguidos de la industria manufacturera.
Según el presidente Daniel Ortega en un discurso del 2 de febrero de 2010 durante la inauguración de un complejo textil mexicano, en Nicaragua hay 71 mil 452 trabajadores en zona franca industrial, de estos 41 mil 724, aproximadamente el 58.5%, son mujeres.