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Un médico con vocación de servicio

* Radicado en Estados Unidos, representa la esperanza de bienestar para muchos coterráneos que viven con limitaciones de acceso a la salud * Fue reconocido como Hijo Dilecto de Granada, acto que le es merecido por sus múltiples servicios y proyectos en el campo de la salud

Ingrid Duarte

GRANADA

Es fácil distinguirlo con su uniforme verde-celeste, caminando en los pasillos del Hospital Amistad Japón-Nicaragua, de Granada, donde una brigada de médicos estadounidenses brinda ayuda gratuita a los granadinos de escasos recursos económicos, y que llegan principalmente de las zonas rurales.
No pasa inadvertido, pues quienes lo conocen se acercan confiados y con la esperanza de recibir alguna solución a sus padecimientos.
El destacado galeno endocrinólogo, Rodolfo Vargas Almanza, es precisamente quien gestiona las visitas de los especialistas en oftalmología, ginecología, odontología, ortopedia y maxilofacial a partir de febrero de 2000, cuando trajo al país a la primera brigada compuesta por 15 médicos y 20 voluntarios.
En la misma sala donde atienden a pacientes con problemas de la vista, el doctor Vargas cuenta que la necesidad de ayudar surgió en 1990, cuando le pidieron que consiguiera una lavadora y una secadora para el antiguo Hospital San Juan de Dios. El resultado fue que logró adquirir seis lavadoras: cuatro para el hospital y dos para el asilo de ancianos.

Aparecen casos difíciles de tratar en Nicaragua
Con el tiempo, fueron apareciendo personas que necesitaban servicios médicos que no estaban disponibles en Nicaragua. Uno de los que mejor recuerda es un niño a quien un camión cisterna le pasó encima.
“Le cortó toda la parte ósea del lado izquierdo, no tenía nada de huesos, sólo la columna, no tenía pelvis. A ese niñito y a la mamá los tuvimos como cuatro meses en mi casa, en Estados Unidos, se le hizo la prótesis, porque no hubo necesidad de hacerle cirugía, y después de cuatro meses los mandamos de regreso. Ahora es un muchacho que trabaja y es productivo para la sociedad”, cuenta.
En 1998, para el huracán Mitch, el gobierno norteamericano ya había reconocido legalmente la fundación creada por el doctor, pero no bajo el nombre de For Nicaraguan Health (Por la Salud de los Nicaragüenses). No obstante, los médicos que colaboraron con el niño se ofrecieron para viajar a las zonas más devastas del occidente de nuestro país, donde quedaron impresionados por el estado de las víctimas.
Esa situación motivó la preparación de brigadas voluntarias para viajar anualmente y prestar servicios no sólo en el Hospital Amistad Japón-Nicaragua, sino también en la Clínica Alabama de Granada, Centro Nacional de Oftalmología, Centro Nacional de Cardiología y Hospital Alejandro Dávila Bolaños, en Managua.

Clínica Alabama
La Clínica se inauguró en 2004 y pertenece a la fundación For Nicaraguan Health, cuyo origen está en la ciudad de Birmingham, Alabama, lugar de residencia del doctor Vargas, y de donde tomó el nombre. Actualmente es atendida por dos médicos nicaragüenses que brindan consulta a un promedio de 80 personas diariamente, y entregan medicamentos sin costo alguno.
Por su reconocimiento y prestigio internacional, ha recibido asistencia de especialistas de universidades de Europa y de Estados Unidos. Según los registros, este centro brinda 20,000 consultas, y representa para Nicaragua casi un millón de dólares.
En once años de brigadas, los médicos han practicado más de 600 cirugías de cataratas, 250 operaciones de estrabismo, 210 trasplantes de córneas, y 250 vitrectomías, para devolver la vista a diabéticos con desprendimiento de retina; los cardiólogos han implantado más de 200 marcapasos cardíacos; los ortopedistas han implantado 15 prótesis de rodilla, y en las misiones han dado más de 2,000 anteojos, y en cada viaje examinan y entregan medicinas a unos 1,500 pacientes, entre niños y adultos.
“Casi todos los años vienen ginecólogas que hacen cirugías, brindan mucha educación femenina y previenen cáncer de mamas y de útero. Tratamos de tener a alguien de odontología, y desde hace varios años trajimos equipos para endoscopia, gastroscopia y endoscopia rectal. Aquí --en el hospital-- están atendiendo esa área desde que nosotros instalamos el laboratorio de gastroenterología, y los tubos que se van descomponiendo los llevamos a reparar y luego los mandamos de regreso”, indicó el galeno.
La buena gestión ha permitido conseguir, entre otras cosas, microscopios electrónicos especializados --valorados en 50 mil dólares--, que también están disponibles para los doctores locales. “Además, cada año atendemos entre 600 y 700 pacientes de pediatría. En el caso de la Clínica Alabama, damos seguimiento a 500 pacientes que sufren de diabetes; llegan una vez al mes, les examinamos el azúcar, al mismo tiempo les damos educación y medicinas”.

Hijo Dilecto de Granada
Esa labor filantrópica fue reconocida en un acto solemne celebrado este viernes en el Salón de los Arcos del Antiguo Convento de San Francisco, de la ciudad de Granada, donde el Concejo declaró Hijo Dilecto al doctor Rodolfo Vargas Almanza por sus múltiples servicios y proyectos en el campo de la salud. Así lo manifestó el alcalde, Eulogio Mejía Marenco.
El homenajeado inició su discurso resaltando que dicha distinción la recibe con mucha satisfacción personal, pero también con mucha humildad: “Con la plena conciencia de que nuestra labor altruista sería imposible sin la ayuda de muchísimas personas que, voluntariamente, han donado su tiempo, esfuerzo y dinero, sacrificando sus vacaciones. Aprovecho para agradecer a los voluntarios su trabajo y generosidad con nuestros hermanos nicaragüenses, para dedicarles y compartir con ellos este honor que hoy se me brinda, porque les pertenece igual o aún más que a mí”, dijo.
La mejor muestra de su magnífica obra estuvo ahí para agradecerle: Jessenia Gutiérrez, una niña con un tumor cerebral que fue intervenida quirúrgicamente en Estados Unidos, y quien tuvo que recibir quimioterapia por quince meses, tiempo durante el cual, ella y su madre convivieron con el doctor y su familia.
El reconocimiento lo dedicó a su compañera de cuarenta años, su esposa María Esperanza Morales, a sus hijos Sabrina, Marcel y Andrés. También a sus nietas Nía, de cinco años y medio, y Georgia Ann, de dos meses de nacida.