Contacto END

Donde al cáncer se le puede derrotar

T Ojo, todo tipo de esta dolencia, en la etapa en que se encuentre, puede ser tratado T Oncólogos lamentan que algunos abandonan asistencia médica y recaen T Prevención y educación desde la infancia son básicos para la salud

Karla Castillo

Pasar por la puerta doble, abierta como brazos humanos dispuestos a la solidaridad, en verdad no infunde temor. Dentro, hay corredores inundados por luz natural, un patio interior, con un altar empedrado y una imagen de la Purísima Concepción de María, cuyo acompañante gracioso, una alcancía de barro con forma de cerdito, hace suponer que fue colocado por uno de los niños que asisten al lugar en calidad de pacientes.
A no ser porque una que otra persona cubre su cabeza con pañoleta o sombrero, en señal de que ha perdido el cabello, casi ningún detalle da indicio de que se ha entrado a un lugar donde confluyen las personas que padecen de cáncer en nuestro país en busca de curación.
El Centro Nacional de Radiología, situado en lo que hoy se conoce como el barrio Tierra Prometida, fue inaugurado oficialmente en 1995, por la entonces presidenta doña Violeta Barrios viuda de Chamorro.
Su construcción, sin embargo, data de los años 80, cuando países donantes como Francia, Noruega, Suiza y otros, colaboraron para este proyecto que vendría a unificar los esfuerzos para combatir la devastadora enfermedad que a todos nos hace estremecer las entrañas cuando escuchamos su nombre.
Diferente a los hospitales
A diferencia de los hospitales capitalinos, donde se atienden múltiples especialidades y emergencias, y realmente se carece de un ambiente propicio para el tratamiento de cualquier mal, el Centro Nacional de Radiología fue ideado para hacer sentir cómodas a las personas que allí acuden.
Sus vigilantes no exigen identificación en la entrada, ni pretenden ser médicos al preguntar con qué dolencia llegó, porque es un hecho que todo paciente que entra, es porque fue transferido de otro centro asistencial con un diagnóstico serio.
En las afueras no hay personas llorosas, a la espera de una noticia de su paciente, ni hay vendedores de todo, que hacen negocio con los familiares de los pacientes. Nada de lo que es el pan de cada día sobre todo en la entrada a emergencia del “Lenín Fonseca”, “Roberto Calderón” o Alemán Nicaragüense. Tampoco hay personas pidiendo para cubrir el tratamiento o parte de él, porque la farmacia está más que dotada de todo tipo de medicinas, específicas para esta especialidad.
Víctima del tabaquismo
Una de estas tardes encontramos sentado en una silla de madera, múltiple, torneada y barnizada, a un típico paciente del CNR. Don José Francisco Calero Briceño, de 67 años, es un trabajador de la comuna de Rivas que se jubiló hace algún tiempo, pero nunca abandonó el vicio del tabaquismo que adquirió con apenas quince años de edad.
El año pasado le detectaron cáncer de laringe, pero como explica su hija, Rosa Argentina Calero, quien lo acompañaba en la consulta, aun así no desistió del cigarrillo.
Recién una semana antes de encontrarlo en consulta le realizaron una traqueotomía para evitar que el tumor en su garganta le cerrara el conducto de la respiración, lo que lo hubiera matado inmediatamente por asfixia. Ahora, don José Francisco está a las puertas de un tratamiento de carácter paliativo, que probablemente incluya radioterapia cinco veces a la semana y quimioterapia una vez por semana. “El problema de la mayoría de los pacientes que nos viene aquí es que tienen un diagnóstico temprano, pero se pierden varios años, creyendo que por sí solos se podrán curar.
O quizás es porque los médicos no les aclaran que un problema pequeño X puede con el tiempo desarrollar el cáncer”, refiere al respecto el doctor Reynaldo Castillo, Subdirector del CNR, quien desde 1992 fue encomendado por el Ministerio de Salud para especializarse en tratamiento del cáncer, cuando él era un joven ginecólogo.
A lo largo de 15 años, Castillo, quien se especializó en radio oncología, en Brasil, ha identificado plenamente los grupos de pacientes que llegan con la enfermedad por una u otra causa.
Alta incidencia de cáncer en cuello de la matriz
Un dato alarmante que Castillo revela primero es que casi cuatro pacientes de cada diez que asisten al CNR en busca de tratamiento son mujeres con cáncer cérvico uterino, en etapas localmente avanzadas, lo que indica que la enfermedad ha evolucionado en al menos cinco años entre el descuido y el olvido, o probablemente por la ignorancia, la pobreza y la falta de servicios de salud, sobre todo en zonas rurales.
Sin embargo, no es necesario ser originaria de Raití, Río San Juan o el Triángulo Minero para carecer de una adecuada atención que frustre el avance del cáncer.
Prueba de ello es Sorayda Ninoska Gómez, un ama de casa de 48 años, residente en un barrio occidental de Managua, quien desde hace dos años y medio batalla con el cáncer de seno y aun después de numerosas radio y quimioterapias, así como de una mastectomía radical –-remoción quirúrgica de las glándulas mamarias-- no ha podido declararse vencedora del mal. ¿Qué le falló a Sorayda Ninoska? Probablemente, según el doctor Castillo, la falta de vigilancia o autoexamen en su propio cuerpo, la poca cultura por asistir regularmente al médico y consultar sobre los cambios observados. Valga recalcar que el 15 por ciento de las patologías atendidas en el centro son por cáncer de seno.
En igual proporción y afectando a hombres y mujeres está el cáncer de cabeza-cuello, en sus más variadas manifestaciones, y el porcentaje restante es cáncer en el tracto gastrointestinal y en otras partes del cuerpo.
Nos llama la atención que es relativamente poca la presencia de hombres en el Centro Nacional de Radiología, pero según su subdirector, esto no significa que los varones no sufran tanto de cáncer como las mujeres, sino que probablemente son menos cuidadosos con su salud y muchas veces, sobre todo en el campo, mueren sin siquiera saber por qué causa. Por cierto, uno de cada tres pacientes del centro es hombre.
A los hombres en Nicaragua, enfatiza Castillo, no los afecta más el cáncer de próstata o de pulmón, sino las patologías de cuello-cabeza, y el gástrico.
El doctor Castillo hace hincapié en los casos de los niños que llegan al centro. Un caso dramático es el de una pequeña de 14 años que hace un tiempo llegó con un cáncer en una pierna, y luego presentó invasión en otros órganos, por lo que ahora recibe tratamientos paliativos que disminuyan la gravedad de sus síntomas.
Los pacientes pequeños sufren mucho del llamado Mal de
Hogking, que afecta los ganglios y muchas partes del cuerpo, agrega el especialista.
Para cerrar nuestra entrevista, el doctor Castillo hizo un llamado a la población en general, para que tome el tema del cáncer como algo vigente, de todos los días, y de importancia fundamental, no como algo lejano, pues “todos los que estamos vivos podemos en cualquier momento sufrirlo”, advierte.
Los ejes de la lucha para combatir el cáncer son, según el subdirector del CNR, retomando datos de organismos internacionales, prevención, educación desde la infancia, tratamiento y cuidados paliativos, con lo que quiere decir que todo tumor es tratable en la etapa en que se encuentre.

Radiografía del CNR
* El Centro Nacional de Radiología, asentado en un terreno de más o menos una manzana, cuenta con un personal compuesto por 69 personas. Su director es el doctor Horacio Mendoza Soriano.
* Posee un albergue para un máximo de 20 pacientes que habitan en zonas lejanas, en su totalidad mujeres, para las que se dispensa un trato especial, según pudimos constatar. No obstante, otra veintena de pacientes son enviadas al albergue del cercano Hospital “Bertha Calderón”, y cada día son llevadas a su respectiva terapia en una ambulancia del Ministerio de Salud.
* Según su subdirector, el doctor Reynaldo Castillo, cálculos internacionales y que se aplican en Nicaragua, apuntan que tratar a una paciente con cáncer de cuello uterino cuesta alrededor de 3,300 dólares. El de mama, su tratamiento alcanza un costo de 1,500 dólares, en tanto el de un tumor de cuello-cabeza puede rondar los dos mil dólares. Todo esto es gratuito para el paciente.
* Los desechos radiactivos que resultan de las terapias practicadas en el CNR son depositados en los predios del desaparecido Hospital El Retiro, donde están a cargo de la Comisión Nacional de Energía Atómica, la que vela, protege y sanciona su uso.
* Desde hace más de un año, bajo el mandato del ex presidente Enrique Bolaños, el CNR recibe una partida del Instituto de Seguridad Social para tratar a los asegurados que padecen de algún tipo de cáncer.
* Un dato simpático del CNR y que lo vuelve más humano, es la presencia desde hace muchos años de tres gatos que pululan entre el albergue, la sala de quimioterapia y los predios que rodean la infraestructura. Es común ver a un hermoso felino amarillo entre las sillas y bancas que ocupan los familiares que esperan a sus pacientes por más de tres horas, en quimioterapia.