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¿Pandillas se disfrazan de transportistas?


Sigue la “ruleta rusa” de alta velocidad en las proximidades del kilómetro 29, como saludo a la vapuleada que sufrió un periodista a manos de buseros
Conductores y cobradores, en su mayoría, no están consciente de su papel. Aparecieron de pronto delante de un timón, ganándose la vida para hacérselas perder a otros
Nada de esto ocurría en los años 60, ni 70, tampoco en la época de la Revolución. ¿Qué pasó entonces? ¿En manos de quién está la vida de los usuarios?

Redacción Central

24 horas después de organizarse una red de usuarios contra el pésimo sistema del transporte colectivo en Carazo, un conductor se lanzó en picada en una de esas hondonadas curvas, en el kilómetro 29 de la Carretera Sur.
Adelantó una hilera de vehículos sin ninguna misericordia: en el carril contrario, invadido, podía surgir, en la penumbra, un cabezal, una rastra o hasta una moto. ¿Quería dejar unas cuantas cruces en la carretera? Bien pudiera acusarse por exposición de personas al peligro. Pero no es la primera vez.
La ruleta rusa de alta velocidad es un deporte que los dueños de estas unidades parecen patrocinar, porque no hay sanciones para nadie. La impunidad es la regla de oro en esta relación transportistas-usuarios. Y los malos de la película son los usuarios. Las víctimas, los que gozan de la concesión.
Por supuesto, más de algunos protestaron, pero a la orilla del chofer nadie dijo nada. El silencio es patético. Jóvenes conductores que aceleran con toda la imprudencia del mundo parecen estar enfocados en una competencia mortal e ilegal. Luego, los homicidas del volante andan tranquilos. ¿No hay ley para ellos?
La semana anterior, los transportistas vapulearon, precisamente en el kilómetro 30, a Jonathan Rivera, periodista del diario Hoy, y a Rubén Castro, camarógrafo del Canal 2. ¿Quiénes se creen estos sujetos? ¿Acaso las pandillas ahora se disfrazan de transportistas?
Un reporte internacional consignó así el suceso: “Los hombres de prensa fueron golpeados, el primero a patadas tras ser bajado de su vehículo, y el segundo con golpes en la cara, en el kilómetro 31 de la carretera que conduce de Managua a Carazo, por decenas de transportistas. Según la prensa local, a Rivera también le dañaron el vehículo en que viajaba”.
Hasta ahora, las agresiones físicas fueron hechas por pandilleros o delincuentes. Atacar a un periodista que sólo porta una grabadora constituye un acto criminal, además de atentar contra sus derechos garantizados por la Constitución. ¿El transporte público de Carazo, salvo honrosas excepciones, en manos de qué gente ha quedado? ¿Quiénes de repente amanecieron como transportistas?
Nada de esto ocurría en los años 60, ni 70, tampoco en la época de la Revolución. ¿Qué pasó entonces?
Son pocos los conductores que trabajan con responsabilidad la ruta. Los otros exponen a los pasajeros a la muerte o cuando menos a quedar mutilados. A pesar de los dispositivos policiales, sabemos que ninguna institución de seguridad del planeta podría cubrir todos los kilómetros de una carretera. Eso ya es parte del respeto a las reglas del juego y, sobre todo, al pasajero.
Los conductores y los cobradores, en su mayoría, no están consciente de su papel. Aparecieron de pronto delante de un timón, ganándose la vida, haciéndoselas perder a otros. No ven vidas humanas, sino el dinero que recibirán. No ven personas, sino simples cargas. Tampoco han reconocido las leyes de Tránsito ni cualquier otra regulación, comenzando por lo más básico: el servicio expreso se tornó en una gran falacia.

Ataúdes rodantes
La sobrecarga de estos pequeños ataúdes rodantes hacen un enorme peso que van contra las mismas indicaciones del manual del fabricante. A mayor velocidad en su desplazamiento y con un volumen excesivo, porque les incomoda que los pasajeros vayan cómodos, poca garantías hay de que los frenos respondan a la hora precisa.
Si hay inspectores del MTI en Las Esquinas, por ejemplo, ¿por qué hasta ahora hay una disposición de ejercer un mínimo de control? ¿Por qué la política de la vista gorda se aplicó durante años en este tramo?
El mal ejemplo de los Quinto y compañía, en Managua, con el control férreo del transporte público parece que se extendió por todo el país. Si el negocio no les da, podrían buscarse otro, porque no todo es culpa del alza de la gasolina y de los pasajeros que con razón elevan sus voces de protesta.
Otros, más responsables, deberían explotar la ruta. Y que si hay autoridades policiales con parientes como concesionarios, es urgente que el MTI acabe con este conflicto de intereses.
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