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Empresa privada se une al esfuerzo


En 2003, cuando la cruzada de Valle Valle tenía dos años de ejecución, apareció en escena la vecina Industria Química Centroamericana, Quibor S.A., cuyo apoyo decidido permitió un inusitado crecimiento de la práctica deportiva, y abrió las puertas de un vigoroso proceso de capacitación laboral, enteramente costeado por dicha empresa.
Antes, una investigación social con estudiantes de la UCA, por encargo de Quibor, definió a la violencia callejera y al desempleo como los más relevantes problemas que tenía la gente de los barrios circundantes.
El ingeniero Eric Ahlers, Gerente General de la empresa que preside el licenciado Douglas Reyes, la cual se dedica a la fabricación de formalina y de pegamento para madera industrial, así como de agroquímicos y productos veterinarios a partir de metanol y urea, principalmente, dice que su apoyo a la redención social de la juventud en riesgo de Tipitapa “no es un acto de filantropía, sino de inversión social”.
La responsabilidad social que practica la industria –-explica-- no consiste solamente en realizar un trabajo productivo ético y de respeto al medio ambiente, a la seguridad social y a los derechos de los trabajadores, sino que también consiste en desarrollar una inversión social comunitaria “bajo el concepto de que donde hay una empresa próspera, no puede haber comunidades deprimidas”.
Deporte y capacitación
El proyecto de inversión social de Quibor tiene dos componentes: el deportivo y el de capacitación. En el primero, 150 jóvenes rescatados o en vías de redención, organizados en diez equipos de fútbol, realizan cada año, y desde hace cinco, el campeonato “Ismael Reyes in memoriam”.
Los partidos de este torneo se realizan todos los domingos durante diez meses al año, utilizando el campo de la empresa, y recibiendo de la misma el 80 por ciento del pago a los jueces, los trofeos, las pelotas o balones de primera calidad, el convivio o festejo final, y el salario del promotor de deportes que organiza y dirige todo el campeonato. Quibor, además, costea los uniformes de sus dos equipos, y de los seis equipos reclutados por la Policía.
En el segundo componente, el de la capacitación, la empresa ha equipado un local donde se imparten anualmente tres cursos de costura de tres meses cada uno, así como cursos de autoestima, de prevención y combate a la violencia intrafamiliar, sobre manejo familiar de los ingresos económicos y otros, con apoyo de Ixchen-Tipitapa.
“Diseñamos los cursos de capacitación para los barrios aledaños, pero ahora casi toda la ciudad está inserta en el programa. A través de sus jefes de sector, la Policía capta a las mujeres que son familiares de jóvenes en situación de riesgo, nos las manda, y aquí las capacitamos.
Frutos de una cosecha
“Muchas de las capacitadas quedan aptas para trabajar en las maquiladoras, pero otras fundan sus pequeños negocios o forman cooperativas. Cada tres meses rifamos una máquina de coser entre las participantes”, expresa el ingeniero Ahlers, al revelar que hasta diciembre de 2006 se había invertido en deportes y en capacitación 36 mil 457 dólares con 76 centavos, cantidad que ya suma 50 mil dólares, sin incluir la construcción de la escuela, su equipamiento, el mantenimiento del campo deportivo y la vigilancia.
El resumen de esta labor arroja hasta ahora diez cursos de costura básica, seis de costura de segundo nivel, un entrenamiento en máquinas industriales, un curso de alfabetización, cinco seminarios de prevención del consumo de drogas, nueve seminarios de crecimiento y desarrollo humano, cinco seminarios de prevención del delito y sobre el Código de la Niñez, seis de liderazgo y trabajo en equipo, uno de fisioterapia basado en medicina natural, todo lo cual ha permitido diplomar a 602 participantes.