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De un estado de guerra, a calma social

* Un ejemplo que debiera “globalizarse” * Cruzada policial sigue rindiendo frutos * Quibor y la inversión social de una empresa

Ernesto Aburto

Si bien los problemas de seguridad ciudadana tienen sus más profundas raíces en la situación socioeconómica, el alivio de los mismos, en cambio, puede lograrse con esfuerzos conjugados de las autoridades, la empresa privada y la sociedad afectada. Algunas veces, además, las medidas de alivio repercuten positivamente en el desarrollo local y la superación de la pobreza. Así lo demuestra el ejemplo de Tipitapa, donde el plan policial de prevención social del delito, ejecutado por el subcomisionado Juan Valle Valle con respaldo de la alcaldía, la sociedad civil y la Industria Química Centroamericana (Quibor S.A.), ha concertado esfuerzos para convertir la actividad delictiva en acciones deportivas, de capacitación laboral y de trabajo. La calma social es el premio que espera a la mitad del camino al desarrollo... y la paz

Tipitapa
A pesar de su famosa insalubridad de charcas y mosquitos, este histórico municipio del departamento capitalino no solamente es habitable, sino también creciente y viable en términos demográficos, urbanísticos y económicos.
Pero hace unos seis años era casi “invivible”.
El accionar de 39 pandillas juveniles o “grupos de jóvenes en situación de riesgo”, que totalizaban 1,199 muchachos y muchachas que vivían del alboroto, delito, violencia y vicio, mantenía en vilo a los vecindarios honrados de todo el casco urbano.
En ese tiempo asumió la jefatura de seguridad pública del Distrito Ocho el entonces capitán y hoy subcomisionado Juan Valle Valle, quien llegaba trasladado de Ciudad Sandino con la asignación solemne de sus mandos superiores de ejecutar, como en otras unidades del país, un plan social de prevención del delito con vigorosa participación ciudadana. Valle recuerda que solamente en el barrio “Orontes Centeno” había nueve pandillas; cinco en el “Juan Castro”, seis en el “Francisco Rojas”, siete en el “Yuri Ordóñez”, y así sucesivamente.
En muchos barrios, la gente casi no dormía, y en el “Orontes Centeno” era tal el intercambio belicoso de pandillas con armas de fuego auténticas y “hechizas” que los vecinos pasaban la noche acostados en el piso de sus salas y aposentos.
Adicionalmente, enjambres de borrachos consuetudinarios consumían licor en las esquinas, o amanecían doblados sobre ambas aceras de la calle central de Tipitapa, y cuando no despojaban violentamente de sus pertenencias a los transeúntes, sencillamente los asediaban pidiéndoles dinero.
Según recuerda ahora Valle, “no hallaba por dónde empezar”, y no pocas veces en esos días tuvo la tentación de preferir una labor tradicional de enfrentamiento casuístico de las faltas y delitos, hasta que le llegara el momento de ser trasladado a otro lugar más tranquilo.
Casa por casa
Pero no se dio por vencido, y una semana después de asumir el cargo, ya andaba dialogando casa por casa con las familias de los jóvenes revoltosos. En todo este trabajo siempre contó con la orientación y el respaldo del comisionado Fernando Borge Aguilar, quien fue jefe del Distrito Ocho durante cinco años, así como de su relevo, el actual jefe de la unidad, comisionado Manuel García Morales.
Ángela Toruño, “La Granadina”, ex correo de la Contra en los años ochenta y actual pulpera del barrio “Juan Castro”, fue una de las primeras personas captadas por Valle para sus famosos Comités de Prevención Social del Delito, que hoy son una realidad en numerosos barrios de Tipitapa.
Según el testimonio de Ángela, Valle Valle enlistó a todas las pandillas existentes, y elaboró una caracterización de cada uno de sus miembros, lo cual facilitó las reuniones con los grupos, y la entrega voluntaria por parte de ellos de todas las armas hechizas que tenían.
El capitán comenzó a limpiar los expedientes policiales de todos aquellos que confesaban públicamente sus deseos de abandonar la violencia callejera y dedicarse a trabajar, en tanto que la alcaldía, en la persona del edil Norman Córdoba, se encargaba de tranquilizar a los empresarios de las maquilas y otros, para que les dieran un voto de confianza y un puesto de trabajo a los muchachos que presentaban grandes áreas corporales cubiertas de tatuajes.
Muchos de aquellos jóvenes -–relata la Toruño-- le llamaban “papá” al capitán Valle, quien siempre estaba dispuesto a dedicarles todo su tiempo. Les cocinábamos grandes peroles de comida, les organizábamos concursos de baile y de “gallo guindado”, y cada domingo los poníamos a jugar hand-ball y fútbol, agrega.
Arsenal de armas “hechizas”
“Era emocionante ver los cambios”, confiesa Ángela, al recordar el día en que los primeros 80 muchachos salieron para trabajar en las fábricas cercanas.
Valle Valle, por su parte, detalla que la entrega voluntaria y pacífica de armas hechizas logró recaudar en pocas semanas 363 artefactos para disparar tiros calibre 22; once para tiros de RPK, 140 escopetas hechizas calibre 12, así como 215 morteros y 70 “riflitos” para disparar cartuchos de AK tiro a tiro.
Afirma el conocido oficial de Policía que a partir de entonces bajó considerablemente la cantidad de jóvenes lesionados por ellos mismos, y la gente de los barrios empezó a dormir sin sobresaltos.
Los muchachos estaban trabajando –-comenta-- y durante los fines de semana, en vez de andar despilfarrando sus nuevos salarios, practicaban deportes.
Actualmente la violencia callejera es mínima en Tipitapa, y solamente quedan bandas delictivas que asaltan, matan y roban en lugares como la parada de buses de “La Gallera” y otros. Hay unos grupos que afectan principalmente a los barrios “Orontes Centeno”, “Juan Castro”, “Yuri Ordóñez”, “Francisco Rojas”, Ciudadela San Martín y el reparto San Rafael. Pero lo más importante, a juicio del subcomisionado Valle Valle, es que de las mil y pico de pandillas con un promedio de ocho integrantes, ahora no llegan ni a cien, convertidas en grupos delictivos.
Mientras tanto, existen regados por toda la ciudad unos 120 Comités de Prevención Social del Delito que involucran a 7 mil 75 personas, las cuales trabajan de cerca con las autoridades para prevenir abigeatos, tráfico de drogas, robos con fuerza y asaltos. Cada comité, por su parte, se encarga de reclutar y pagar a los vigilantes de calle para que actúen de día y de noche.
Por sus resultados impresionantes, la jefatura nacional de la Policía y la cooperación sueca designaron a Tipitapa como “comunidad modelo de Policía comunitaria y proactiva”, junto con el Distrito Seis de Managua, la RAAN y la ciudad de Estelí. Los casos de estos municipios, precisamente, fueron expuestos y analizados en junio y julio de 2006 en Suecia, donde los dirigentes de los citados distritos policiales asistieron a un curso básico-táctico impartido por la Policía de Estocolmo. Entre los asistentes a Suecia figuraron el comisionado Mayor Marlon Montano, y los subcomisionados Juan Valle Valle, Roberto Laínez, Vladimir Cerna y Claudio Cortés.