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Niños obligados a dormir en la calle

* Lustran calzado para sobrevivir y su madre los maltrata cuando está drogada. * Desgarradora confesión de pequeña, quien desde los 13 años ha sido empujada a ejercer la prostitución

Heberto Jarquín

Bluefields/ RAAS
Envueltos en pedazos de cartón manchado de carbón, Jairo, Elvis y Nathán, tres hermanos de trece, once y diez años, respectivamente, duermen donde les llega la noche, en cualquier acera de la ciudad de Bluefields, Región Autónoma Atlántico Sur, ya que temen llegar a su casa porque su mamá consume droga y los maltrata.
Jairo, el mayor de todos y el único que habla español (los otros sólo se expresan en inglés creole), dice compungido: “Mi mamá fuma piedras de crack y después nos pega con un garrote, por eso preferimos vivir en la calle aguantando hambre”.
Muchas veces ni comen
Este pequeño relata que hace dos años y medio que se dedica a lustrar calzado, pero lo que gana es muy poco, y a veces se queda sin comer por llevarle un bocado a su abuela.
“A veces me ayuda mi papá con comida y ropa, pero él vive aparte, además tengo que acompañar a mis hermanos porque ellos tienen otros padres que no les dan nada”, comentó Jairo. El niño al hablar se restregaba los ojos después de haber amanecido masacrado por los insectos, la lluvia, el frío y el hambre frente a un céntrico establecimiento comercial de Bluefields.
Perseverante
A pesar de las calamidades que los agobian, Jairo dice que él y sus hermanos aspiran a ganar un poco más de dinero lustrando zapatos en el parque de Bluefields para poder ir a la escuela.
“Cuando recogemos un poco de dinero tenemos que escondernos de mi mamá porque ella nos quita los centavos que ganamos trabajando para comprar drogas”, afirma Jairo, sin poder contener las lágrimas.
Como los hermanos Jairo, Elvis y Nathán, decenas de niños y niñas de Bluefields deambulan por las calles de esta ciudad, vendiendo golosinas, lustrando calzado o pidiendo dinero.
Desdicha
“Adela” (nombre que utilizaremos para resguardar su identidad) tiene apenas quince años que no refleja su estrujado cuerpo, y por confesión de ella misma, nos enteramos de que ejerce la prostitución desde los trece años.
Ella confiesa que fue su propia madre quien la obligó a prostituirse. “Es tan cruel, que me golpea cuando llego a la casa sin dinero. Una vez me corté les venas porque ya no aguantaba esta situación”, confiesa la menuda muchacha, mientras enseña las huellas de su fallido suicidio.