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Línea Directa


Franklin Franklin Chávez
Sociólogo, Derechos Humanos
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Una madre nicaragüense que vive en Managua, Francisca, en reciente visita a nuestras oficinas en Reparto Sam Martín, nos relató en medio de llantos el drama que está viviendo. Un domingo de junio de 2001, viviendo en los Ángeles, California, su mejor amiga-prima le pidió el gran favor de ayudarle a rescatar a su hija (María José) de 12 años, que en ese tiempo vivía en las calles de Managua, consumiendo drogas.
El favor era sencillo y muy simple. A ella, como residente legal permanente bajo la ley Nacara, viviendo en California, en unión familiar, le sería fácil salir y entrar a EU. La amiga-prima no tenía visa y no podía hacerlo, así que Francisca iría al aeropuerto internacional de Tijuana, México, a esperar a la niña María José y poder reclamar a la menor en el aeropuerto mexicano.
Después de llegar a Tijuana, la niña entraría sola a EU, con una partida de nacimiento estadounidense prestada de otra niña, de la misma edad. El proyecto de introducir ilegalmente a la menor casi no tenía ninguna falla, todo había sido planificado por la amiga-prima de Francisca. Por cualquier duda o problema, entrarían separadas por la frontera, línea legal.
La amiga-prima estaría esperando a su hija menor en el parqueo (a dos cuadras de distancia) de la línea de inspección divisoria entre México y EU. Todo era por salvar a la niña nicaragüense de 12 años de las drogas y el maltrato callejero al que estaba expuesta en Managua.
La necesidad de llevar a EU a esta niña nica era superior al miedo inmediato de violar la ley de inmigración de EU, pensó Francisca. Ella misma, con una niña un poquito mayor, nacida en EU, sentía angustia por la otra con menos suerte. Eran comprensibles los ruegos de la amiga-prima. Francisca se puso el corazón a flor de labios y tímidamente, sin meditar mucho, dijo sí, yo ayudo, sin cobrar un centavo, por amor.
El avión donde llegaba María José, la jovencita nica, arribó muy puntual, a la hora indicada, en Tijuana. Muy pacientemente, sabiendo que hacía un gesto humanitario, que NO estaba recibiendo remuneración económica, que sólo Dios era testigo de su acción con sudor de mujer-madre muy nicaragüense, recogió a la niña. Corto tiempo después estaba caminando por la fila divisora del puesto de entrada de la frontera con EU. Con tranquilidad y muy segura de sí misma, Francisca, con paso tranquilo, pasó la inspección de inmigración.
María José, con una sonrisa sin malicia, ocultando su pasado forzado por falta de amor materno, inició el cruce hacia tierras gringas. El puesto fronterizo ese mes de junio de 2001, según nos cuenta Francisca, estaba lleno de gente, que de forma incesante cruzaba a pie. Muchos en visita laboral programada, otros por reunificación familiar autorizada.
Una palabra mal pronunciada, un gesto corporal fuera de las normas usuales de menores que entraban sin acompañante por la frontera, en fin, no se sabe qué fue lo que pasó, pero María José fue detenida.
La niña nicaragüense, pasando de gringa, fue detenida. Su madre se quedó esperando por ella en suelo gringo. Todo se complicó, la amiga-prima de Francisca no pudo esperar más, fue a preguntar al guardia de seguridad de la Oficina de Inmigración ¿por qué su hija estaba detenida? El oficial fue directo: María José sería dejada en libertad de forma inmediata si la tía (Francisca) se presentaba al puesto de entrada a reclamarla. Lo cual inocentemente hizo.

Resultado patético
Francisca (residente legal) y María José (ilegal) fueron detenidas por igual, interrogadas y trasladadas a la cárcel de San Diego. La niña estuvo detenida poco tiempo. Le iniciaron un proceso de deportación y fue dejada en libertad bajo custodia de su madre, también ilegal. Las dos actualmente viven en EU, ocultas de Inmigración.
Francisca estuvo detenida por un tiempo, le iniciaron un proceso de deportación con la acusación de “POLLERA”, “Coyota”, de facilitar la entrada de ilegales a EU, de obtener beneficios económicos de un acto ilegal, y quién sabe cuántas cosas más que el papel aguanta, pero que ella no pudo comprender en su momento, al firmar.
Nuestra amiga residente legal por Nacara, con ayuda del cónyuge y familiares, contrató los servicios de un abogado en San Diego, California, que la defendió a medias, puesto que según el testimonio de Francisca, el mismo abogado gringo no pudo contrarrestar, con declaración y testimonio, las acusaciones fuera de fundamento que le hiciera inmigración de EU.
Y otra falta más ocurrió. Relata que cuando el juez de Inmigración ordena la deportación, según ella, el abogado gringo que la representaba NO sometió la apelación del caso en tiempo y forma. Francisca perdió su residencia legal y fue deportada.
Gastos de abogado defensor, por hacer el pequeño favor sencillo a su amiga-prima nica a favor de la niña ilegal: un poco más de 11 mil dólares y la pérdida de su residencia, además de la deportación a Nicaragua en octubre de 2005.
También su hija gringa, de 18 años, quedó viviendo sin padre y sin madre, en California. Y como las desgracias no vienen solas, se sumó la muerte accidental por caída de un caballo, muy valioso y fino, pero cuestionable según ella, de su hermano Félix López, cuando trabajaba en propiedad del ex presidente Arnoldo Alemán, a fines de 2001. La muerte de su madre por diabetes en marzo de 2004. La muerte de su cónyuge en Los Ángeles, 40 días antes de su deportación. Todo esto nos relató Francisca, la de los ojos tristes, corazón casi marchito, con voz temblorosa en la soledad forzada.
¿Tendrá solución legal inmigratoria el caso de Francisca? ¿Podremos someter un perdón especial, buscar revisión judicial del caso? La primera posibilidad es buscar un perdón (waiver) para que Francisca pueda tener el privilegio, la opción, de una visa. Curar el impedimento legal de entrada sí es posible. Lo segundo es gestionar en tiempo y forma una petición de su hija, ciudadana gringa, a su favor, como familiar inmediato. Todo este trabajo legal es posible, pero tomará tiempo. ¡El resto, es historia!