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Parió 9 hijos y ha enterrado a 7


La fe en Dios y el deseo de seguir viviendo es lo que mantiene en pie de lucha a doña Leonor Alicia Castillo Bryde, de 84 años, una anciana que parece salida de una novela mexicana, pues ha dado a luz nueve hijos y ha sentido el dolor de enterrar a siete.
“Si bien he sufrido en buena parte de mi vida, yo estoy muy agradecida con Dios, porque me ha dado la fortaleza para recuperarme de cada golpe que me ha dado la vida”, dijo esta mujer, que aún sufre por la suerte que le ha deparado el destino a uno de sus hijos, que vive en condiciones infrahumanas, durmiendo y mendigando ayuda a cualquier cristiano.
Ella explicó que dos de sus hijos murieron cuando apenas comenzaban a dar sus primeros pasos, y los otros cinco han fallecido en circunstancias dramáticas, ya sea víctimas de enfermedades terminales o de accidentes, donde el alcohol estuvo de por medio.
Doña Alicia asegura que sus hijos “desde pequeño nunca me dieron problemas, ellos jamás se pelearon cuando eran chavalos, ya agarraron vicio cuando estaban creciditos y con sus facultades para decidir”, sostuvo, al explicar que sus hijos ya fallecidos se dedicaron al consumo excesivo de alcohol, y el último que “enterró”, murió víctima de cirrosis hepática crónica, misma que tuvo su origen debido al constante consumo de bebidas alcohólicas.
Recuerda que la mayor de sus hijas, Eddis Solórzano Castillo, murió cuando alcanzaba los 52 años de edad, víctima de la misma cirrosis. “Esta hija mía ya cuando estaba muy mayorcita le dio por tomarse sus traguitos, y de repente comenzó a ponerse amarilla y tras varios exámenes que le practicaron, le diagnosticaron cirrosis hepática”, indicó.
“Recuerdo que ella pasó un año enferma, hasta que su cuerpo no soportó más la enfermedad y murió”. Éste fue el primer golpe de doña Alicia, quien ya presentía que otro hijo podría fallecer por el alcohol, y tres años después fue Víctor Solórzano, un verdadero tomador consuetudinario que se rinde a la muerte víctima de un derrame cerebral.
“En el caso de Víctor fue diferente. A pesar de ser tomador, murió de una arrechura, ya que se fue hacer un trabajito a una cantina, y al cobrar, el dueño de la cantina le dijo que le iba a pagar con guaro”, recuerda doña Alicia, quien destacó que su hijo “se puso arrecho porque él quería dinero en ese momento y no guaro, su enojo fue tanto que le dio una embolia cerebral que terminó matándolo”.
Esta anciana, a manera de anécdota, relató que días antes su hijo había recibido la visita de su padre, tras muchos años de no verse, por lo que éste, en uno de sus días de embriaguez, le dijo: “Un día de éstos seguro me muero”, frase que resultó un presagio.
La vida de esta señora no ha sido fácil, pues también abandonó a su marido por “infidelidades”, lanzándose a la vida sola, con sus dos hijos, y luego conoció a don Alonso Dubón, con quien procreó otros cinco hijos.
“Mi primer marido se llamó Alberto Solórzano, pero era muy bandido, le gustaba andar con varias mujeres, entonces decidí separarme, y al cabo de un par de años inicié mi vida con otro hombre, al cual le tuve cinco hijos”, recuerda esta anciana, quien en su juventud trabajó en empresas textiles armando camisas.
El destino a doña Alicia le tenía preparado otro duro golpe, pues un hijo llamado Nelson Dubón Castillo, de 39 años, y dedicado a “trabajos de electricidad”, murió tres meses después de la muerte de Víctor. “Nelsito”, a como le decía su madre, también le daba tributo al dios Baco.
“Este muchacho mío se entregó al guaro de manera seguida, tras morir su esposa, quien dejó en manos de mi hijo a dos pequeñitos, que ahí andaban tras su padre”, dijo. La muerte de Nelson también fue dramática, un 16 de agosto de 1998. Caía un torrencial aguacero en Managua y producto del mismo, una vivienda del barrio San José Oriental se quedó sin energía eléctrica, por lo que sus vecinos, conociendo que era electricista, no dudaron en solicitarle sus servicios.
“Recuerdo que ese día Nelson estaba acostado con una tremenda goma, eran como las tres de la tarde, ya había terminado de llover y una hora después me llegaron avisar que mi hijo se había caído de la escalera, donde se había subido para restablecer la energía a sus vecinos”, recuerda con cierta angustia doña Alicia.
Ella se trasladó entonces al Hospital Manolo Morales, donde los médicos le dieron una cruel noticia que la estremeció. “Los médicos me dijeron que difícilmente sobreviviría a la caída, pues presentaba un trauma craneal severo que lo dejó en estado de coma”, relata.
“La corriente eléctrica se disparó, y sumado a que andaba de goma, le dio un mareo y cayó al suelo”, sostiene Salvador Dubón, el único de los hijos que aún le sobrevive a doña Alicia, pues la otra hija es Nora, y desde hace 20 años reside en Estados Unidos.
La señora asegura que ha dado su vida para que sus otros hijos se salieran del mundo de las drogas y el alcohol, sin embargo, no le daban tregua, pues otro de sus hijos llamado Carlos Dubón Castillo, a sus 49 años sufrió un violento accidente de transito una mañana de noviembre del año 2001. “Fue un accidente de moto en las cercanías de la ferretería Reinaldo Hernández”, dijo. Para entonces esta anciana vivía en el barrio Campo Bruce junto a su hijo Carlos, de profesión contador, pero que al igual que Víctor y Nelson, fue alcanzado por las tenebrosas manos del dios Baco.
Carlos, la noche anterior había estado consumiendo licor y conducía de manera cotidiana una moto. Según su hermano Salvador, esa mañana aún tenía efectos del licor y tomó su motocicleta y se dispuso conducirla, pero el destino le tenía preparada la muerte, ya que no respetó la señal de alto en el preciso momento en que un conductor de una “pipa” de agua cruzaba la intersección de una calle del barrio Costa Rica.
Carlos también fue llevado al Manolo Morales, pero sufrió trauma craneal severo y fracturas en todos sus miembros, por lo que fue transferido al Hospital “Lenín Fonseca”. Permaneció interno por dos meses y después fue dado de alta, para seguir rehabilitándose en su vivienda.
“El diagnostico que se le dieron a Carlos fue grave, no volvería a caminar, lo que fue fatal para su estado anímico, las defensas del cuerpo las tenía muy bajas, lo que le provocó una neumonía que al final fue lo que terminó con su vida”, sostiene doña Alicia.
Álvaro Dubón Castillo, otro hijo de la señora, era el próximo en la lista, pues se entregó por completo al licor hasta el punto que murió de cirrosis hepática. Tenía 39 años al fallecer.
“Soy una mujer resignada, pero en todos estos años he aprendido, y a pesar de esto no tengo nada que reclamarle a Dios, al contrario, le agradezco mucho, y el que quiera morir por su gusto, que lo entierren parado”, dijo doña Alicia, tratando de hacerle entender a su hijo Salvador Dubón que busque el camino de Dios para sobreponerse a sus 49 años.
“No me dejan vivir con mi madre porque dicen que soy drogo, pero eso lo dejé hace mucho tiempo y ahora vivo en desgracia”, respondió Salvador a la petición de su madre, quien vive en Bello Horizonte, en una casa que le compró la hija que reside en Estados Unidos bajo la condición de alejarse del mismo.
La señora disfruta de la compañía de sus nietos Nelson y Johny Dubón, hijos del fallecido Nelson. Doña Alicia le pide a Dios vida para disfrutar estos momentos, y espera que muchas familias tomen el mensaje ahora que publica su drama.