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Roberto pide justicia en Hospital


(Colaboración)

Despertaba a las cuatro de la mañana y una hora después ya estaba en su trabajo, en la pista de la Hacienda Arrocera Altamira de Boaco. Por 12 años cargó y descargó insecticidas y fungicidas en los tanques de las avionetas fumigadoras, regresando a su casa a las cuatro de la tarde. Sin embargo, cuando enfermó por la manipulación de estos químicos, fue despedido y le entregaron dos mil córdobas de liquidación. Ahora deambula en el hospital de Rehabilitación “Aldo Chavarría”, buscando ayuda.
Es el caso de Roberto Sequeira Urbina, de 35 años, quien llora entre las sábanas del Hospital, adonde llegó en agosto pasado por referencia del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
Roberto nació en La Peña, una comarca de 30 casas de Boaco, a unos 135 kilómetros de la capital. Relató que era el único trabajo disponible y lo realizaba ganando un salario mensual de un mil 200 córdobas, pero hace cinco años lo despidieron.
Fue hace cinco años que el italiano Escio Parapinis, Gerente de la Arrocera Altamira S.A., lo despidió entregándole poco más de dos mil córdobas por sus prestaciones. Una semana antes, había llegado al plantel el último resultado de un examen de sangre que le habían practicado al personal, entre ellos a Roberto.
Estos resultados los obtuvieron en el Laboratorio de la Escuela de Enfermería de Juigalpa, Chontales, como parte de una secreta política empresarial ejercida cada seis meses, sin que los trabajadores tuvieran conocimiento. Roberto aparecía en el examen con abundantes elementos químicos fosforados, igual que su compañero de labores, José Inés Obando.
Este último falleció a sus 40 años en julio pasado, y Roberto llora entre las sábanas del hospital cuando lo recuerda, pues estaba tan enflaquecido como ahora se encuentra él, después de una larga temporada de sufrir fuertes dolores de músculos y huesos.
En su diagnóstico, el subdirector del Hospital, doctor Ángel Bonilla Serrano, precisó que Roberto sufre daños irreversibles por intoxicación parcial de su sistema nervioso. “El deterioro en sus extremidades podría ser cada vez más visible y doloroso, pese a los esfuerzos restauradores”, señaló.
Hasta ahora, la empresa no ha pagado una debida indemnización y se niega a comentar el caso de ambos, mientras este paciente aguarda en el hospital extrañando a su esposa y dos hijos que dejó en su vivienda, a la espera de su recuperación.