Ciencia

Nueve días como turista espacial

La estadounidense de origen iraní, Anousha Ansari pasa a la historia como la primera mujer turista en viajar al espacio.

La millonaria estadounidense de origen iraní Anousha Ansari regresó hoy a la Tierra convertida en "embajadora espacial" tras nueve días de aventura en la Estación Espacial Internacional (EEI). En compañía del cosmonauta estadounidense Jeffrey Williams y el ruso Pavel Vinogradov, la primera turista espacial regresó a bordo de la cápsula Soyuz TMA-8 que tocó tierra en la estepa en Kazajistán, Asia Central.
Fue la fase más breve y difícil de su periplo, ya que durante cerca de cuatro horas y 21 minutos soportó sobrecargas y elevadas temperaturas puesto que la cápsula, al entrar en la atmósfera terrestre, se convirtió en una bola de fuego por la fricción. Según el Centro de Control de Vuelos Espaciales (CCVE) de Rusia, la Soyuz TMA-8 realizó un descenso "blando", gracias a que funcionaron con normalidad los sistemas de freno, paracaídas y propulsores que a último momento amortiguan la caída del aparato.
"Durante el descenso de la órbita, los cosmonautas deben soportar sobrecargas de hasta cuatro unidades y el nivel más alto ocurre a una altura de 33 kilómetros cuando todavía quedan 17 minutos para que concluya el descenso", subrayó el portavoz del CCVE.
Tras abandonar la cápsula con ayuda de los socorristas, Ansari, Vinogradov y Williams, cubiertos con mantas, fueron sometidos a un primer y breve reconocimiento médico en un hospital móvil. Cansada y sonriente, Ansari fue recibida en la estepa por su esposo Hamid quien le entregó un ramo de flores, mientras que sus compañeros de viaje tomaban té caliente y mordisqueaban unas manzanas. "Me trajeron a casa sana y salva. Ha sido una gran experiencia", dijo Ansari mientras descansaba en una silla cerca de la cápsula.
La vida en el espacio
Vinogradov y Williams permanecieron 183 días en la EEI, mientras que Ansari estuvo apenas nueve días que marcaron una aventura espacial sin precedentes. Desde la EEI Ansari tendió un puente cibernético con internautas de todo el mundo para explicar los pormenores y sorpresas que supone el turismo espacial. "Pues bien, amigos míos, debo confesar que mantener una buena higiene en el espacio no es cosa fácil", escribió en su página de Internet en la que se confiesa "exploradora y embajadora espacial".
Explicó que cada habitante de la EEI recibe servilletas húmedas y secas y que los artículos de higiene incluyen "hojas y espuma de afeitar pero ningún tipo de maquillaje". Cepillar los dientes tampoco es simple: "No se puede enjuagar la boca y luego escupir, todo se traga. Los astronautas lo llaman el efecto menta fresca", escribió en su bitácora la turista.
En el quinto día de permanencia en la EEI Ansari ofreció una vídeo conferencia en la que confesó que valió la pena desembolsar al menos 20 millones de dólares por su excursión espacial. "No lamento nada, paso momentos maravillosos aquí. Es más de lo que esperaba y aprovecho cada segundo. Mi momento preferido, como preveía, fue cuando vi la Tierra por primera vez, tan bella y apacible sobre un fondo negro, no lo olvidaré jamás".
Rodeada de cosmonautas de Rusia, Estados Unidos y Alemania, Ansari afirmó estar "acostumbrada" a la vida a bordo al igual que sus compañeros, cosmonautas de profesión. "Lógicamente, mi estado en órbita es diferente al de la Tierra, pero reacciono adecuadamente y me he acostumbrado a esta situación", dijo Ansari. Destacó las buenas relaciones que se establecen a bordo pese a que no existen lugares a donde ir y todos deben permanecer en constante contacto físico. "Los astronautas son realmente inteligentes, afectuosos, pacíficos...podría llamarlos superhombres", afirmó.
Recordó que uno de los cosmonautas le dijo que eran "como hermanos y hermanas. Lo que estamos viviendo es único: bebemos el sudor de los otros". Ansari permaneció en la EEI nueve días, lo que supuso un récord, porque los tres turistas anteriores estuvieron sólo ocho días en el ingenio espacial. Especialista en comunicaciones, Ansari desarrolló en la EEI experimentos para la Agencia Espacial Europa y el consorcio espacial ruso Energía, e hizo labores de rutina a bordo e incluso ayudó a preparar la nave Soyuz TMA-8 para el regreso.
Tras el descenso en la estepa kazaja, Ansari y sus compañeros fueron transportados en helicóptero a la localidad de Kuztanai. Allí abordaron un avión rumbo al aeródromo militar ruso de Chkalovski y después en autobuses hasta la Ciudad de las Estrellas, cerca de Moscú, donde se someterán a un tratamiento médico de adaptación tras concluir su proeza espacial.